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| Reloj antiguo |
El 2 de enero de 1885 se adopta en la Argentina el sistema de 1 a 24 horas, alineado con el meridiano de Greenwich
El 2 de enero de 1885 se adoptó en la Argentina el sistema de cómputo horario de 1 a 24, alineado con el meridiano de Greenwich, para unificar criterios temporales y reducir confusiones en la vida administrativa, técnica y cotidiana. La medida estableció una referencia única para todo el territorio y ordenó prácticas dispares heredadas del siglo XIX.Hasta ese momento coexistían formas distintas de expresar la hora, con usos locales, fórmulas heredadas de la tradición civil y referencias imprecisas al día y la noche. Se empleaban denominaciones duplicadas para la mañana y la tarde, lo que generaba ambigüedades en contratos, horarios oficiales, comunicaciones telegráficas y operaciones comerciales que exigían precisión.La decisión se inscribió en un contexto de modernización institucional y técnica, cuando el tiempo comenzaba a ser un factor estratégico. La expansión del ferrocarril, del telégrafo y de los servicios postales demandaba sincronización estricta, ya que la coordinación de partidas, llegadas y transmisiones dependía de una nomenclatura horaria inequívoca.
El sistema de 24 horas, ya extendido en ámbitos científicos y militares europeos, eliminaba la duplicación de horas y facilitaba la lectura exacta del día completo. Al vincularse con Greenwich, se adoptaba una referencia internacional que permitía compatibilizar registros con otras naciones y con las redes de transporte y comunicación transoceánicas.
La norma implicó ajustes en relojes públicos, estaciones ferroviarias, oficinas estatales y publicaciones oficiales. Se difundieron tablas y avisos explicativos para habituar a la población al nuevo conteo, que pasaba a nombrar la tarde y la noche con cifras continuas, desde las 13 hasta las 24.
En el ámbito jurídico y administrativo, la unificación redujo litigios y errores de interpretación. Fechas y vencimientos comenzaron a consignarse con precisión horaria completa, lo que resultó especialmente relevante en operaciones bancarias, remates, actos notariales y plazos procesales que antes podían prestarse a equívocos.
La adopción también impactó en la vida urbana. Los diarios ajustaron sus ediciones, los espectáculos fijaron funciones con horarios claros y los servicios públicos ordenaron turnos. La señalización horaria en estaciones y edificios oficiales reforzó la presencia de un tiempo común visible y compartido.
En las fuerzas armadas y en la navegación, el sistema resultó particularmente funcional. La planificación de maniobras, guardias y zarpes se benefició de una notación continua que evitaba confusiones nocturnas. La referencia a Greenwich facilitó además el intercambio de información con puertos y flotas extranjeras.
El cambio no fue inmediato ni homogéneo en todos los ámbitos. Durante un período coexistieron expresiones antiguas con la nueva numeración, especialmente en el campo. Con el paso de los años, la práctica se consolidó y la enseñanza escolar incorporó la lectura del reloj de 24 horas como estándar.
La disposición de 1885 quedó asentada en reglamentos y usos oficiales, vinculándose con otras medidas de normalización adoptadas en la misma época, como la definición de la hora legal y la coordinación con observatorios astronómicos. Desde entonces, el día civil argentino quedó organizado en una secuencia única de veinticuatro horas continuas.
Ramírez de Velasco®


Años después, han comenzado a cambiar la hora dos veces al año y, cuando han dejado esas idas y venidas de la hora, hemos quedado en el huso horario - 3, en vez del huso - 4. Por eso en casi todo el país, las mañanas son breves y las más extensas. En Buenos Aires están bien así, pues están muy cerca del huso - 3; por lo tanto, está bien para todo el país.
ResponderEliminarEn mi comentario anterior hubo una omisión: Quería decir que las mañanas son breves y las tardes son extensas.
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