| Consagración |
Al perder las formas sagradas, lo que sobrevive se redefine hasta parecer vivo, sin cumplir funciones esenciales
Si a un caballo con orejas de caballo, hocico de caballo, cola de caballo, patas de caballo, lomo de caballo y crines de caballo le sacas las orejas, el hocico, la cola, las patas, el lomo y las crines, seguirá siendo caballo. Pero parecerá otra cosa. Lo más probable es que no parezca burro, tampoco será una ballena ni un cerdo. Tal vez no parezca nada reconocible.Eso sí, en esencia, podrás seguir diciendo que es un caballo, aunque no tenga orejas, hocico, cola, patas, lomo ni crines. ¿Es lo mismo? Probablemente sí. O, al menos, eso dirá quien se aferre a la definición original.Lo más seguro es que si le quitas atributos de su constitución física, no solamente a un caballo sino a cualquier animal, pase a ser otra cosa. Si analizas bien, será un caballo, aunque no haga nada de lo que suelen hacer sus hermanos, los demás caballos.
Sin galopar, sin relinchar, sin echar sus crines al viento, sin nadie que lo monte, sordo, inmóvil, es posible que se convierta en un remedo de lo que solía ser. Un espantajo. En su más íntimo ser, en su fibra más recóndita, ese animal sigue siendo un caballo, aunque no haga lo que hacía antes.
A la Iglesia Católica le sacan sus misas, le quitan sentido al bautismo, no le llaman más extremaunción, el casamiento es un trámite para unos pocos, los curas no se visten con los ornamentos adecuados, abandona una música que lleva siglos sonando en los templos, las mujeres y los hombres van vestidos como quieren.
¿Es la misma Iglesia? Probablemente sí. ¿Por qué? Porque en el fondo dice no creer en lo mismo que las demás religiones. Ah, bueno, perdón, me olvidé de eso: ahora sostiene que basta con creer en un dios cualquiera para salvarse.
Entonces, en esencia, es un caballo que no quiere ser caballo sino cualquier otra cosa. Si al catolicismo le sacan la misa y la reemplazan por una amorfa “celebración de la palabra”, es que han llegado al corazón mismo, al sutil y último mecanismo de relojería que hace que lo demás funcione y tenga sentido.
Pero cuando le quitan a la Misa su corazón —cuando la hostia deja de ser Dios vivo y se convierte en mera representación, recordación, teatro— ya no están tocando las crines.
Le están extirpando el alma.
Porque la Misa no es un adorno del catolicismo.
Es su pulmón.
No es que un caballo sin orejas, hocico, cola, lomo, patas y crines no sirve para ser montado, para llevar montura o tirar un carro. ¿No? Oiga, si no tiene eso, directamente es otra cosa.
Un caballo sin patas, sin hocico, sin crines, no sirve para ser montado ni para tirar un carro ni siquiera para parecer vivo. Está muerto. Y una Iglesia sin la Misa como sacrificio real y presencia verdadera… boquea. Feliz, quizá, de ser cualquier otra cosa.
Pero en las últimas.
Juan Manuel Aragón
A 3 de enero del 2026, en Cañada Escobar. Mirando la luna.
Ramírez de Velasco®

Comentarios
Publicar un comentario