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| América al sur del río Bravo |
No es válida la generalización norteamericana que ve a todos los que no son rubios y blancos en una categoría que no corresponde
Acaban de entregarse los premios “Grammy Latinos”, que refleja de manera cabal, cómo conoce el mundo a quienes nacen desde el Río Bravo hasta la Tierra del Fuego, como si todos los nacidos y criados ahí fueran iguales, como si el nombre fuera correcto. Y no, amigo. En algunos casos los pueblos no son ni parecidos y el nombre, obviamente, está mal puesto. Para empezar porque es un tratamiento ofensivo, era la manera en que los norteamericanos trataban a los mexicanos, a los puertorriqueños, a los que no eran como ellos, blancos, rubios, lindos. Es tan ofensivo decirle latino a un argentino, a un brasileño, a un boliviano, como llamar “nigger” a un descendiente de esclavos africanos en Estados Unidos.Para empezar el término tal como se lo usa actualmente no nació en América, sino en el siglo XIX en Francia, durante el Segundo Imperio de Napoleón III, para justificar una supuesta “solidaridad latina” que avalara intervenciones francesas en el continente (como la invasión de México). Es una construcción geopolítica Europa, no un reconocimiento propio de los pueblos americanos.“Latino” es palabra que viene del latín y se aplicaba a los que hablaban lenguas derivadas de él: franceses, italianos, españoles, portugueses, rumanos. Llamar “latinos” solamente a los habitantes de América excluye a esos pueblos europeos, distorsionando el sentido lingüístico original.
El término invisibiliza a la gente que vivía aquí antes de la llegada de los españoles. Al sur del Bravo, una parte relevante de la población no tiene origen latino en absoluto, y en muchos países hay millones de personas que hablan lenguas indígenas (quichua, aimara, guaraní, náhuatl, maya, mapuzungun). Cuando se les dice latinos, se los borra culturalmente porque se presupone una herencia exclusivamente europea.
El término tampoco abarca a los descendientes de africanos, sobre todo en el Brasil, el Caribe y otras partes en que su herencia es decisiva cultural y demográficamente. Decirles “latinos” a todos subordina esa identidad a la raíz latina y europea, creando un concepto parcial y reduccionista.
Por otra parte, ni México, ni Centroamérica, ni Sudamérica son una unidad homogénea cultural o histórica. Cada subregión tiene procesos completamente distintos. Como que en México hay una herencia mesoamericana fuerte y vivió una historia virreinal propia. Centroamérica fue el corredor de rutas comerciales y conflictos diferentes. El Caribe tiene una fuerte impronta africana, con plantaciones, colonización inglesa y francesa. Y en Sudamérica hay realidades muy divergentes entre el cono sur, los Andes y la selva del Amazonas. Si todos son “latinos” se borra la complejidad geográfica real.
Pero el término es sobre todo incorrecto para Belice, Guyana y Surinam (más conocidas como las Guayanas, báh), y Haití. Haití y la Guyana francesa son francófonos, Belice y Guyana son anglófonas y en Surinam se habla Holandés. Su historia colonial y su lengua no son “latinas” en el sentido hispano o lusitano que suele implicar el término en Estados Unidos y Europa.
Pero, además, lo “latino”, como se lo conoce actualmente, es una categoría racial creada en Estados Unidos. En el siglo XX, en Estados Unidos, las palabras “latino” e “hispano” fueron una etiqueta socio-racial para clasificar poblaciones inmigrantes de origen hispano o portugués. No describe culturas sino una minoría étnica según parámetros norteamericanos. Son identidades de pueblos que no se identifican de esa manera.
Los Estados del sur del continente se formaron a partir de procesos indígenas precolombinos milenarios, virreinatos distintos, independencias divergentes, migraciones internas y externas muy variadas (árabes, eslavas, alemanas, japonesas, chinas). Y el término “latino” no llega a captar esa riqueza histórica.
Ah, dicen los fanáticos de todo lo que viene de los Estados Unidos, el término reúne en una sola palabra a los que hablan español y portugués, que son prácticamente todos. ¿Sabe qué?, hay todavía hoy decenas de lenguas indígenas vivas, el español y el portugués tienen variedades profundamente distintas, además aquí hay influencias africanas, italianas, árabes y asiáticas según cada país. Si todo es latino, todo es uniforme y eso, amigo, no existe.
Si a usted le preguntan qué es dirá que es sudamericano, mexicano, argentino, chileno, peruano, colombiano, lo que sea, pero nunca dirá que antes que todo es “latino”, simplemente porque no lo es.
Llamar “latinos” a todos los que no son norteamericanos o canadienses, no es válido históricamente, porque el concepto nació en Europa; no es válido culturalmente, porque borra identidades indígenas, africanas y nacionales; no es válido lingüísticamente, porque tergiversa el sentido original del término; y no es válido geográficamente, porque oculta enormes diferencias regionales.
Y no es válido porque es una reverenda, absoluta y total mentira.
Juan Manuel Aragón
A 30 de noviembre del 2025, en Puerta Chiquita. Yendo a Guampacha.
Ramírez de Velasco®



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