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| Eduardo Menem |
El 16 de febrero de 1993 Eduardo Menem declara que “no es una prioridad” la reelección presidencial de su hermano Carlos (pero era)
El 16 de febrero de 1993 Eduardo Menem declaró, “no es una prioridad” al referirse a la reelección presidencial de Carlos Saúl Menem. Eduardo Menem, era senador nacional y presidente provisional del Senado. Y sus declaraciones se dieron en medio de un escenario político dominado por la vigencia de la Constitución de 1853, la consolidación del programa económico y un sistema institucional que aún no había iniciado formalmente el camino hacia su reforma.El hermano del Presidente era entonces una de las máximas autoridades del Congreso de la Nación, con atribuciones relevantes en la organización parlamentaria y en la línea de sucesión presidencial. Desde ese papel intervenía de manera frecuente en debates públicos, particularmente en aquellos referidos a cuestiones institucionales, relaciones interpartidarias y funcionamiento del Estado.Regía en ese momento la prohibición constitucional de la reelección inmediata del presidente. Cualquier modificación de ese principio requería una reforma constitucional aprobada por una convención constituyente, procedimiento que implicaba mayorías legislativas especiales y acuerdos políticos amplios entre el oficialismo y la oposición.
El Poder Ejecutivo transitaba su cuarto año de gestión, con la convertibilidad como eje central de la política económica. La paridad fija entre el peso y el dólar, la reducción de la inflación y el avance del proceso de privatizaciones definían el perfil del gobierno y concentraban buena parte de la agenda pública y legislativa.
Durante 1992 y comienzos de 1993 se habían privatizado empresas estratégicas como YPF, Gas del Estado, SEGBA y los ferrocarriles, lo que implicó reformas profundas en el Estado y una reconfiguración del mapa económico y laboral. El Congreso debatía leyes complementarias vinculadas a marcos regulatorios y contratos de concesión.
En el plano partidario, el justicialismo mantenía un amplio control territorial, con gobernadores alineados mayoritariamente con el Ejecutivo nacional. Sin embargo, coexistían distintas corrientes internas respecto del futuro político del liderazgo presidencial y de la conveniencia de impulsar cambios constitucionales.
La Unión Cívica Radical, principal fuerza opositora, atravesaba una etapa de reconstrucción tras la derrota electoral de 1989. Sectores de su dirigencia comenzaban a plantear públicamente la necesidad de una reforma constitucional integral que incluyera la elección directa del jefe de Gobierno porteño, la creación del Consejo de la Magistratura y la modernización del sistema institucional.
En ese contexto, el Senado discutía iniciativas vinculadas a la coparticipación federal, el funcionamiento del Ministerio Público y la relación entre el Congreso y el Poder Ejecutivo. La reforma constitucional aparecía como una cuestión latente, pero aún sin un cronograma ni un proyecto definido.
Las elecciones legislativas previstas para octubre de 1993 comenzaban a perfilarse como un punto de inflexión. El oficialismo buscaba consolidar su mayoría parlamentaria, mientras la oposición evaluaba estrategias para recuperar espacios y condicionar eventuales cambios institucionales.
Meses después de aquella declaración, el tema de la reforma constitucional ganó centralidad a partir de conversaciones reservadas entre dirigentes del justicialismo y de la Unión Cívica Radical. Esas gestiones desembocaron en acuerdos políticos que permitieron sancionar la ley de necesidad de la reforma y convocar a la Convención Constituyente que sesionaría en 1994.
Cuestión personal
Esos acuerdos entre cúpulas fueron pomposamente llamados “pactos preexistentes”, pero fueron, claramente, un intento exitoso de consolidar a una dirigencia en el poder durante unos años más, evitando la necesaria renovación política en los cuadros políticos de todos los niveles.
La reelección fue una de las obsesiones más caras del presidente Menem, que se consideraba un prócer argentino, alabado por igual por todos los gobernadores peronistas y toda la dirigencia que, solamente unos años después reculó para decir que nunca había estado de acuerdo con todas sus reformas.
Al enterarse de que Memen y Raúl Alfonsín se habían puesto de acuerdo para reformar la Constitución Nacional y al saber que lo que proponía el líder radical para la reforma constitrucional era solo un maquillaje con perfume europeo, mi mamá dijo: "Cada vez que en las cúpulas se ponen de acuerdo es para jodernos a nosotros". Mi mamá no se equivocó.
Ramírez de Velasco®


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