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| Pesebre |
Un libro de Benedicto XVI puso en duda una costumbre que tiene siglos de arraigo en el catolicismo
El mundo moderno abjura de la tradición, resume en ella todo lo malo de la historia, cree que no sirve para nada y, entre otras cosas, la desprecia poniendo a sus hijos nombres extranjeros o de cosas que no significan nada. Todo por escupir la cara de la tradición, a la que confunden con lo viejo, con el conservadurismo. El Papa Benedicto XVI no dijo nada nuevo al poner en su libro, La infancia de Jesús, que no había un burro y una vaca en el Pesebre: ¡chocolate por la noticia! Tampoco el Evangelio dice que José fuera carpintero; ¡mirá la novedad, carajo!
Pero, antes de seguir, una aclaración: esta nota se escribió antes del fin del tiempo navideño, sólo para no perder el ánimo festivo y polémico que siempre trae este diario íntimo a cielo abierto.El Papa aquel señaló que la tradición cristiana agregó estos elementos posteriormente, inspirada en pasajes del Antiguo Testamento (como Isaías 1,3), pero que no forman parte del relato evangélico original. A pesar de ello, reconoció que "ninguna representación del nacimiento renunciará al buey y al asno", aceptando su valor simbólico en la iconografía navideña. Lo malo es que José Ratzinger sabía o debía saber que los enemigos de la Iglesia se esconden en todas partes y han hecho del periodismo un cubil infecto, desde el cual partió la “noticia” que desconcertó a miles de católicos de todo el mundo, perplejos ante el hecho de que es la propia tropa la que acaba con sus enseñanzas, diciendo que es una mentira lo que se señala a los niños en el catecismo.Le cuento: en tiempos en que no existían los fenicios comerciantes haciendo su agosto en diciembre y los libros eran escasos, la Navidad era un buen momento para comenzar la explicación debida a los chicos acerca del misterio de la religión católica, de las ventajas anejas a pertenecer a ella y de los sacrificios personales debidos a esta creencia. Como sea, los pesebres cumplían la misma función que los vitrales de las iglesias, mostrando, en pocos y sencillos trazos, escenas de la vida de Jesús y de los santos a una sociedad culta pero analfabeta; y como es mejor enseñar jugando, se procuraba que los chicos formaran su propio pesebre.
En el de algunos niños, desde muy chicos, se ha visto que todos los años figura un dinosaurio, y no hace falta que el Papa venga a decir que no había dinosaurios en la época de Jesús. Cuando los chicos crecen, en algunas casas se los conserva: una buena manera de seguir honrando la inocencia que quizás abandonaron. ¿Cuál es la fuente de la mula y el buey en las letras de los villancicos que llegan hasta hoy desde la gloriosa Edad Media católica? La tradición, amigo. Repita, varias veces: tra-di-ción. Palabra que llega del latín tradere, traer lo que está en el pasado y hacerlo presente, sin Papás Noeles ni Santa Clós ni los putos renos ni los reputísimos regalos en paquetes colorados con cintas blancas, tipo cocacola, ¿vio?
La tradición no es una postal ni un museo, tampoco un capricho decorativo para nostálgicos; es una cadena viva, imperfecta, transmitida por hombres comunes que no pedían permiso para creer ni necesitaban notas al pie para enseñar. No se defiende corrigiendo pesebres ni desmintiendo villancicos, se sostiene viviéndola, repitiéndola, pasándola de mano en mano como se pasa el fuego en la noche. El problema no es que falten burros o sobren mulas: el problema es que ya casi nadie sabe para qué se arma un pesebre; y cuando se pierde eso, cuando se corta la transmisión, no hace falta un enemigo externo ni un martillo iconoclasta, la fe se apaga sola, en silencio, como una vela que nadie vuelve a encender.
Juan Manuel Aragón
A 4 de enero del 2026, en Huritu Huasi. Tirando pa no aflojar.
Ramírez de Velasco®
En el de algunos niños, desde muy chicos, se ha visto que todos los años figura un dinosaurio, y no hace falta que el Papa venga a decir que no había dinosaurios en la época de Jesús. Cuando los chicos crecen, en algunas casas se los conserva: una buena manera de seguir honrando la inocencia que quizás abandonaron. ¿Cuál es la fuente de la mula y el buey en las letras de los villancicos que llegan hasta hoy desde la gloriosa Edad Media católica? La tradición, amigo. Repita, varias veces: tra-di-ción. Palabra que llega del latín tradere, traer lo que está en el pasado y hacerlo presente, sin Papás Noeles ni Santa Clós ni los putos renos ni los reputísimos regalos en paquetes colorados con cintas blancas, tipo cocacola, ¿vio?
La tradición no es una postal ni un museo, tampoco un capricho decorativo para nostálgicos; es una cadena viva, imperfecta, transmitida por hombres comunes que no pedían permiso para creer ni necesitaban notas al pie para enseñar. No se defiende corrigiendo pesebres ni desmintiendo villancicos, se sostiene viviéndola, repitiéndola, pasándola de mano en mano como se pasa el fuego en la noche. El problema no es que falten burros o sobren mulas: el problema es que ya casi nadie sabe para qué se arma un pesebre; y cuando se pierde eso, cuando se corta la transmisión, no hace falta un enemigo externo ni un martillo iconoclasta, la fe se apaga sola, en silencio, como una vela que nadie vuelve a encender.
Juan Manuel Aragón
A 4 de enero del 2026, en Huritu Huasi. Tirando pa no aflojar.
Ramírez de Velasco®


Bueno Juan Manuel...si vos creés que es así como se apaga la fe, no te lo voy a discutir. De política y religión esquivo las discusiones. Abrazo fuerte!!!
ResponderEliminarY porqué cerraron Cariñito ha....????
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