Ir al contenido principal

ODIOS La barbarie popular

Sarmiento

Un texto para reflexionar sobre las ideas simples, sin matices, sin grises, que actualmente dominan el pensamiento popular

El 24 de septiembre de 1861, Domingo Faustino Sarmiento le escribió a Bartolomé Mitre: “Tengo odio a la barbarie popular… la chusma y el pueblo gaucho nos es hostil… ¿Son acaso las masas la única fuente de poder y legitimidad? El poncho, el chiripá y el rancho son de origen salvaje y crean una división en la sociedad culta y el pueblo… Usted tendrá la gloria de reestablecer en toda la República el predominio de la clase culta, anulando el levantamiento de las masas. Asesinándolas”. Simpático el hombre. Con esos dichos, y con otros muchos de su vida, quizá inauguró una forma de debate que propone la muerte de todo aquello que se odia, en lugar de las palabras serenas, la confrontación de ideas o la conversación razonada.
Está bien, dirán los historiadores: hay que situarse en el tiempo, no se debe juzgar todo desde hoy, hay que pensar con la mente de los próceres de entonces y entenderlos desde su propio contexto. Por dar un ejemplo, ahí están las guerras actuales, con modernas convenciones que establecen que los prisioneros deben recibir un trato justo. Bueno, en aquel tiempo se los pasaba a cuchillo; bastante tenían con alimentar a los propios como para preocuparse por los enemigos.
Lo raro de aquel tiempo, dice uno queriendo entender a Sarmiento, es por qué tanto desprecio por la propia sangre. Al fin y al cabo, su padre, según los libros que estudiaban los chicos en la primaria, era un arriero sanjuanino, lo que en los hechos significa contrabandista en el mejor de los casos y cuatrero si uno piensa mal. Siempre mirado desde aquel tiempo, ¿no? Quiere decir que Sarmiento era hijo de gauchos, tenía parientes gauchos y posiblemente mestizos con indios. Quizás sí percibía esa contradicción; lo verdaderamente inquietante es que su concepto de civilización lo convertía en un apologista de la destrucción de su propia gente.
Se entiende que sus lecturas, sus viajes y la masonería le inculcaran el odio no solo por lo que representaba el catolicismo, sino también por lo que consideraba intrínsecamente argentino, como les ocurrió a muchos de su época. Su discurso anticipaba, más o menos, las peleas políticas de hoy: si Juan Manuel de Rosas se había apoyado en el gauchaje para gobernar, entonces los gauchos eran enemigos. Anticipaba el planteo bobo y binario actual: k o anti k, globeros o anti globeros, mileístas o anti mileístas. Y, sin embargo, en aquellos tiempos había cientos de matices; incluso con la escasez de libros, eran mucho más leídos y escribidos que muchos que hoy hablan como si fueran grandes pensadores.
Si hubiera sabido que la historia le reservaría un destino de prócer, de nombre de calle, de avenida, de club, tal vez habría refrenado un poco la lengua, aunque fuera para no dar de comer a los estúpidos de hoy que, de vez en cuando, lo usan para justificar sus tonterías. Sarmiento mismo es un divisor de aguas de la historia nacional, un escollo más en la falta de entendimiento que existe entre los argentinos. La comprensión de su vida y la superación de sus ideas podrían servir, al menos, para un acercamiento entre esos dos pensamientos que rondan la cabeza de casi todos. Dice uno, mirándolo desde hoy. Pero quién sabe, che.
Juan Manuel Aragón
A 20 de enero del 2026, en Brea Pozo. Afilando la cuchilla.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. El problema de que haya hoy "estúpidos que usan los dichos de Sarmiento para justificar sus tonterías", como bien lo menciona el artículo, es precisamente la falacia de considerar que sus expresiones eran contradictorias por "buscar la destrucción de los de su propia sangre".
    Sarmiento era un hombre ilustrado, educado, y con ideas si se quiere futuristas. Su distinción entre las personas no estaba definida por cuestiones "de sangre", sino por la línea que él trazaba entre "civilización y barbarie".
    Facundo Quiroga se la tenía jurada y quería matarlo, y por ende los de su clase, junto a todos los que seguían su caudillaje, eran la barbarie que él despreciaba porque conspiraba con su visión futurista y de progreso que él quería para La Argentina, luego de haber leido a los visionarios y filósofos del iluminismo europeo.
    Es la misma distinción y lógica discriminación que hacemos hoy entre las personas de bién, educadas, cultas y emprendedoras, y los delincuentes, ladrones, corruptos y estúpidos en general, aunque los tengamos de vecinos, parientes y/o gobernantes, todos de la misma.sangre.
    El artículo también es correcto al aclarar el problema de la "falacia de presentismo", que es juzgar hechos y actitudes de otros tiempos en base a normas y leyes con las que regimos hoy nuestra vida), muchas de las cuales aún no se habían sancionado en esa época. Eran realidades diferentes y la supervivencia de las personas dependía de cuanto más rudos y fuertes que sus oponentes fueran.
    Pero como la estupidez, al igual que la mediocridad, son condiciones que por definición no se superan, seguirán habiendo quienes se escandalizan por los dichos de Sarmiento sin ver lo que sus ideas y acciones le dieron a nuestro país.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares (últimos siete días)

PERSPECTIVA Noventa minutos y varias generaciones

Julio Roca (hijo), segundo desde la izquierda Mientras espero el partido, prefiero recordar decisiones cuyos efectos siguen presentes después de casi un siglo Si este Campeonato Mundial de Fútbol tuviera que dejar una enseñanza, la primera no debería ser que hay países que históricamente saquearon a la Argentina, porque es un hecho ampliamente conocido, sino que hubo argentinos que se pusieron a favor de la expoliación que sufrió este país, la justificaron, de tal suerte que hoy siguen creyendo que tendríamos mejor destino como colonias de los países centrales que como nación independiente y soberana. Hoy la Argentina debe jugar contra Inglaterra un país que no solamente nos robó las Islas Malvinas, sino que antes de eso nos invadió en 1806 y 1807, ante el festejo alborozado de los contrabandistas porteños y de la Banda Oriental. A principios del siglo pasado, la influencia británica era tan fuerte que terminó haciéndonos celebrar un acuerdo que beneficiaba mucho más a ellos que a noso...

Aviso

Si disfrutas de los contenidos de Ramírez de Velasco y quieres ayudar a que este espacio siga creciendo, te invito a hacer una colaboración voluntaria. Cualquier aporte, por pequeño que sea, será de gran ayuda y contribuirá a sostener el blog y afrontar sus gastos. Arriba están las instrucciones para colaborar.  Desde ya, muchas gracias por tu apoyo. Ramírez de Velasco ®

NOCHES La revolución de la calle Tucumán

"Tucumán al 200", de Raúl Cisterna Éramos tan jóvenes que ya habíamos repartido los ministerios y todavía nos alcanzaba para cantar vidalas hasta el amanecer Cuando llegaba la noche siempre le venía a la memoria la misma vidala que cantaba despacito para no despertar sus propias alucinaciones. No recuerdo la letra, sólo sé que nombraba a una mujer, pero casi todas las vidalas llaman un amor que desertó. A esa hora estaba hecha la revolución con que soñábamos, habíamos designado ministros, teníamos firmados los decretos que anticipaban la aurora que se vendría y planeábamos algunos pequeños gustos que nos daríamos cuando estuviéramos instalados en la cima del poder, como salir a tomar café al mismo bar de siempre o mandar a comprar sánguches de milanesa en el mercado Armonía —porque gobernaríamos desde Santiago— y convidar a todo el mundo durante una deliberación de gabinete. Al llegar la fortuita e incierta hora en que la reunión estaba tan linda que uno ya no sabía si acosta...

RELATO Llevalo, es mansito

"El barrio", de Raúl Cisterna Por qué cambiaron para siempre las noches del barrio desde aquel resplandor que no dejaba dormir a nadie Tenemos una buena relación. Si lo llevas a tu casa, te vas a terminar acostumbrando. Después de la luz en el cielo, llega la explosión; salimos a ver qué pasa. Los vecinos también se sobresaltan: están en la vereda, tomando fresco, apantallándose con lo que hallan a mano, revistas, abanicos, el diario, aplaudiendo los mosquitos, opinando de la última conquista de la Mirta, la morocha más hermosa de la cuadra. Uno de estos días voy a escribir una novela para ganar un premio. Pero que no va, y se me aparece la cosa verde después del ruido ese, como una bomba de estruendo lejana. En el discurso de agradecimiento diré que los escritores de provincia somos ignorados por la crítica porteña. Si me topo con un editor, va a sufrir antes de que le firme un adelanto. Ideas no faltan. Es cuestión de ponerme frente a la computadora y darle a las teclas. El...

¡Dime qué dices, mar!

Ilustración Miguel de Unamuno ¡Dime qué dices, mar, qué dices, dime! Pero no me lo digas; tus cantares son, con el coro de tus varios mares, una voz sola que cantando gime. Ese mero gemido nos redime de la letra fatal, y sus pesares, bajo el oleaje de nuestros azares, el secreto secreto nos oprime. La sinrazón de nuestra suerte abona, calla la culpa y danos el castigo; la vida al que nació no le perdona; de esta enorme injusticia sé testigo, que así mi canto con tu canto entona, y no me digas lo que no te digo. Ramírez de Velasco®