Ir al contenido principal

SISTEMA El derrumbe silencioso

Ilustración

La prensa perdió peso mientras internet convirtió el debate público en un terreno movedizo y fragmentado

El sistema político de casi todos los países es más o menos el mismo. Se asienta sobre varias columnas, algunas más tenidas en cuenta y otras casi olvidadas o a punto de desaparecer. La primera columna es la democracia, entendida como el modo de elegir a las autoridades y la extensión de sus mandatos. En muchos casos, los regímenes autocráticos la elevan a un pedestal ceremonial, pues entienden que todo se legitima con su ejercicio irrestricto. Otra columna es la forma de gobierno que, en la Argentina, reconoce tres estamentos: legislativo, ejecutivo y judicial, cada uno con sus funciones, sus límites y sus reglas. La tercera es la sociedad civil: el conjunto de familias, la escuela, las asociaciones y las relaciones entre unas y otras. Y la cuarta es la prensa, entendida como fiscalización externa e independiente de los hechos que producen las otras tres columnas.
Cada uno de los sostenes del sistema tiene una importancia fundamental para la continuidad del orden político, entendido como el procedimiento indispensable para que la sociedad siga en funcionamiento. Una subversión sostenida de cualquiera de esas cuatro columnas necesita la corrupción de las restantes para tener algún grado de éxito. En países como Nicaragua, el abuso de la democracia convertida en instrumento de quienes gobiernan para perpetuarse, ha llevado a la ruina al resto del sistema. Para lograrlo, se requiere de fuerza policial abundante, de la supresión de instituciones como la Iglesia católica y algunas organizaciones evangélicas, y del silenciamiento de la prensa. Cumplidos esos objetivos, que la población no se anime a levantarse contra el gobierno es apenas un trámite.
Casi siempre que un dictador se hace con el poder, lo primero que busca es mantenerse en él, utilizando las mismas armas y el mismo tipo de amedrentamiento. El problema, en los últimos años, es que una de las columnas del edificio se ha debilitado de manera progresiva, incluso en lugares donde funcionaba como un mecanismo elemental de supervivencia institucional. La prensa ha perdido la fortaleza que tenía antaño; se ha desgastado o ha muerto y, en la mayoría de los casos, se debate por sobrevivir.
Frente a ella, una internet volátil, esquiva y líquida es la que hoy informa —a su manera— sobre lo que sucede en el mundo. Los grandes diarios que antes marcaban límites hoy apenas defienden otros intereses de sus propietarios, muchas veces ajenos al periodismo. Un universo de noticias discurre por fuera de las páginas de lo que otrora fue la prensa: diarios, radio y televisión quedaron rezagados en una pelea que no pueden controlar.
En la Argentina, los grandes medios compiten ahora de igual a igual, y a brazo partido, con pequeños influyentes que, con cuotas mínimas de poder, los han reducido a la nadería, a ser jugadores de un partido que pierden muchas más veces de lo que quisieran. Y muchos diarios de provincia, para proteger otros intereses económicos, también han desertado de su deber. Hoy se desesperan sin saber cómo recuperar siquiera la autonomía necesaria para ejercer su trabajo como antes. Y no saben, no pueden o no tienen cómo hacerlo.
Para el resto de la sociedad, la pérdida de uno de sus pilares es siempre un temblor profundo. No solo abre la puerta a que el poder se alargue más allá de sus bordes naturales, sino que deja a la vida pública suspendida en un aire turbio, sostenida por rumores que se repiten sin dueño, por versiones que no tienen origen ni destino, por palabras que se deshacen apenas pronunciadas o, en el extremo, por una adulación forzada que vacía todo significado.
Ojalá que los argentinos —y los santiagueños— no conozcan ese horizonte.
Juan Manuel Aragón
A 10 de enero del 2026, en la Roca y Mitre. Comprando pan rallado.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

Entradas populares (últimos siete días)

OPINIÓN Woody Allen y los antisionistas

Woody Allen Una columna del genial cineasta norteamericano, que toma el futuro con humor (negro), aunque hable del presente Por Woody Allen Replicado en comunidades plus "Saben, siempre pensé que la mayor ventaja de Nueva York era que uno podía ser neurótico y nadie lo notaba. En otras ciudades te mandan al médico si hablas contigo mismo. En Manhattan te ofrecen una columna en una revista por ello. Ayer salí a comprar salmón. Por cierto, es la única tradición judía estable que ha sobrevivido a Babilonia, Roma y a mis relaciones con mujeres. Caminaba por Brooklyn pensando en la muerte. No porque sea filósofo. Sino porque ya tengo más de noventa, aunque originalmente había planeado llegar como mucho hasta los setenta. Y de repente —una multitud frente a una sinagoga. Al principio pensé que allí actuaba un famoso psicoanalista. En Nueva York la gente hace cola durante horas para escuchar por qué su madre tiene la culpa de todo. Aunque los judíos eso ya lo saben sin necesidad de confe...

LATITAS Alguien viene

Mi casa, acuarela de Raúl Cisterna La polvareda en el camino alteraba la rutina de una familia, en medio del monte, acostumbrada a recibir gente Cosas buenas traían las visitas, decían. Mi padre se alegraba cuando en el fondo del camino se levantaba la polvareda. “Alguien viene”, anunciaba y mi madre corría a arreglar la casa. Los cazadores llegaban con carne de animales mestizos, gorras chillonas, botas de caña alta y conservadoras de las que sacaban cerveza en latitas que los chicos juntábamos porque eran bonitas. Los llevábamos a entrenarse con las perdices que luego buscarían los perros para traer en la boca. Mi padre no les envidiaba la mala puntería. A veces apagaban tres balazos en una sola perdiz, que se mandaba a mudar volando y se perdía en la orilla del monte, gringos inútiles. En ocasiones quedaban hasta la noche para cazar vizcachas. Metían ruido por los alrededores, gritaban como en la cancha, andaban haciendo bombo en los guardabarros de las camionetas y volvían a la mad...

PEDAGOGÍA La leyenda todista

"Una ciudad otra", acuarela de Raúl Cisterna Una fábula contemporánea recorre el asfalto santiagueño y se adapta a culpas, temores y nuevas costumbres Así como hay un día de los empleados públicos que no tienen un día, yo soy la leyenda santiagueña comodín, usada para todo aquello que no la tiene. Me explico, entre los burócratas hay una fecha del empleado de Rentas, otra del empleado de Vialidad, otra del empleado municipal, pero hay una también para el resto, para los que no tienen festejo propio. Pero ningún otro dice: "Nosotros sí trabajamos, porque ya tuvimos nuestro festejo". Ya veo. Todos se prenden. Lo mismo hay una leyenda para las hermanas malas, para los que tienen relaciones con la comadre, el compadre o el cura, quienes pescan más de lo que precisan, para los que hacen daño al bosque, no alumbran los finados, no dan el asiento a las damas, apuestan por gallos ajenos. Bueno, soy la fábula para salir del paso. ¿Su hijo anda mal en la escuela?, soy un mons...

RADIONOVELA Entre dos corazones

"Teatro en el pago", acuarela de Raúl Cisterna Se narra lo que sucedió cuando se hizo una representación en el pago y cómo reaccionó la gente a la maldad de don Augusto El argumento es simple. Laura es una humilde maestra, hija ilegítima de don Augusto, un rico estanciero. Y no va y se enamora de Ricardo, su heredero. Don Augusto es su propio padre: es alguien cruel que mató a su madre cuando era jovencita, robó tierras, abusó de peones y mandó matar a quien se interpusiera. Y trama eliminar a Laura para no perder su fortuna, porque supone que ella sabe quién asesinó a su madre. Sus crímenes salen a la luz en un juicio dramático y Augusto es condenado a la horca. En el último capítulo de la radionovela sube al patíbulo maldiciendo a todos mientras Laura y Ricardo encuentran la redención. Nunca una audición había prendido tan fuerte en el pago como la de "Entre dos corazones", con los afamados Andrés de Santacruz como don Augusto, Pedrito Ibáñez como Ricardo, Rosita ...

APUESTA El hombre que creyó entender Israel

Gráfico de Comunidades Plus Años de estudio, prisión y observación llevaron a Sinwar a una conclusión equivocada sobre su enemigo La soberbia suele ser el talón de Aquiles de los grandes estrategas, y la historia es un cementerio de planes perfectos que chocaron de frente contra la realidad. El destino de Yahya Sinwar y los acontecimientos que transformaron el tablero de Oriente Medio a partir de la fatídica jornada del 7 de octubre son el retrato de una colosal apuesta basada en el error de cálculo. Detrás de aquella ofensiva minuciosa no hubo solo astucia militar, sino también una profunda ceguera estratégica nacida, paradójicamente, de un exceso de confianza. Existe un detalle revelador para entender la psicología del líder de Hamás: Sinwar era un profundo conocedor de su enemigo. Durante las más de dos décadas que pasó en prisiones israelíes, aprendió a hablar el hebreo con fluidez, tradujo biografías de directores del Shin Bet y consumió diariamente la prensa local. Estudió las di...