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| María Adela Agudo, vista por Juan Carlos Castagnino |
El 13 de febrero de 1912 nace María Adela Agudo, poetisa, escritora y docente, con una profunda pasión por las letras y comprometida con sus ideales
El 13 de febrero de 1912 nació María Adela Agudo en Santiago del Estero. Figura destacada en la literatura del norte argentino, fue poetisa, escritora y docente. Su vida estuvo marcada por una profunda pasión por las letras, un compromiso con sus ideales y una trayectoria que dejó huellas imborrables en la cultura regional. Resistió las adversidades propias de su tiempo y tuvo mucha capacidad para conectar con otros intelectuales de su tiempo. Murió el 27 de enero de 1952 en Tucumán.Desde joven mostró una inclinación hacia el conocimiento y la enseñanza. Se formó como maestra normal nacional en la escuela normal "Manuel Belgrano" en 1929 y, más tarde, completó su profesorado de Letras en Buenos Aires. Su carrera como docente comenzó en La Banda, donde impartió clases durante varios años.
Su vida dio un giro significativo en 1949, cuando se negó a jurar por la Constitución reformada bajo el gobierno peronista. Esta postura, reflejo de su oposición al régimen, lo que le costó su puesto como profesora, obligándola al exilio en Tucumán.Antes de asentarse definitivamente en esa provincia, logró obtener algunas horas de cátedra en Frías, pero fue en Tucumán donde encontró un nuevo hogar y un espacio para continuar su labor literaria y educativa. Allí fue acogida por el poeta Omar Estrella y su esposa, y dictó clases en el Instituto Juan Bautista Alberdi, dirigido por el escritor Ardiles Gray.
En el ámbito literario, María Adela Agudo se destacó como una voz renovadora dentro de la poesía santiagueña. Su obra, influida por la vanguardia, rompió con las formas tradicionales y exploró nuevas expresiones líricas, como se aprecia en poemas como “Canto al Hombre del Bosque” (1940), “A un joven” y “Canto a Sigfrido”. Publicó sus versos en diversas revistas y periódicos de prestigio, entre ellos La Gaceta, Clarín, Nativa y Cosmorama, y en boletines de grupos literarios como “Vertical” y “La Carpa”. Este último, un colectivo tucumano que reunió a escritores representativos del Noroeste argentino, fue un espacio clave en su trayectoria.
Aunque no era de las participantes más activas, desempeñó un papel cohesionador que fortaleció los lazos entre sus integrantes. Su cercanía con el poeta Nicandro Pereyra, también miembro de La Carpa, marcó un vínculo especial: él le dedicó el poema “Canto a María Adela Agudo”, y sus intercambios epistolares se recopilaron en el volumen Cartas a Nicandro.
Además de su contribución a los círculos literarios, fue una creadora incansable. Fundó y dirigió la revista Zizayán —término quichua que significa "renacer" o "florecer"— de la que se publicaron cinco números con Carola Briones como secretaria. Este proyecto reflejó su interés por promover la cultura y dar voz a nuevas ideas.
Dejó un valioso archivo personal: trece cuadernos manuscritos con borradores de poemas, ideas para sus clases, glosarios de términos quichuas y copias de obras de autores que admiraba. Este material, custodiado por la Asociación Literaria "María Adela Agudo" desde 1961, revela la profundidad de su proceso creativo y su conexión con la identidad cultural de su tierra.
Su vida, sin embargo, se vio truncada de manera prematura. El 27 de enero de 1952, a los 39 años, murió en Tucumán a causa de botulismo. Su muerte dejó un vacío en la comunidad literaria, pero su obra perduró gracias a quienes la admiraron.
En 1953, sus amigos publicaron Agón, una edición especial con 32 de sus poemas, acompañados de ilustraciones de artistas plásticos destacados. Asimismo, poemas inéditos suyos fueron recopilados por Ricardo Dino Taralli en Cuadernos de Cultura de Santiago del Estero. Raúl Aráoz Anzoátegui, otro contemporáneo, la evocó con afecto, describiéndola como una mujer de mirada profunda y madurez poética, cuya obra cumbre, La guitarra absorta, no llegó a publicarse en vida, aunque algunos de sus poemas se rescataron en Agón.
El reconocimiento a María Adela Agudo se extendió más allá de su muerte. En La Banda, un Jardín de Infantes lleva su nombre, lo mismo que una asociación literaria fundada en su honor.
Sus restos descansan en un mausoleo en el Cementerio La Misericordia, erigido por iniciativa de exalumnos de la escuela normal “Dr. José Gorostiaga” y declarado Monumento Histórico Municipal en 1981. Estos homenajes testimonian la trascendencia de una autora cuya obra, según críticos y poetas, alcanzó relevancia nacional e incluso americana.
Fue mucho más que una poetisa: fue una educadora comprometida, una resistente silenciosa y una voz que dio vida a la sensibilidad del Noroeste argentino. Su legado, entretejido de versos y luchas, sigue resonando como un canto a la libertad y a la belleza de lo humano.
Cuestión aparte
María Adela Aguado nació en Santiago del Estero, no en La Banda, como afirma la mayoría de sus biógrafos. Ella misma lo dice en su poema “Ronda de la Avenida”, que lleva como homenaje (A la calle en que nací). Allí dice “Avenida Belgrano, viajera, pasajera, // que te vas de la ronda, que del alma te vas // del brazo de los álamos, colegiala parlera, // sin embargo, viajera, con nosotros estás. // En la saudosa nave de tu acequia sombría, // la siesta provinciana con su letargo pasa // y sólo quiebra el ritmo aquietado del día // algún viejo piano, algún coche de plaza”. Si bien las dos ciudades, Santiago y La Banda tienen una avenida Belgrano, la de Santiago es la de los “álamos” y la “acequia sombría”. Después, si alguien quiere seguir repitiendo la historia de pueblo chico que le adjudica haber nacido en La Banda, dígalo nomás. Pero sabe la verdad.
Juan Manuel Aragón
Ramírez de Velasco®



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