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FOLCLORE ¿Los santiagueños nos olvidamos?

Santiagueños en el escenario

El autor analiza uno de los festivales populares más convocantes de la Argentina y opina de sus virtudes este año

Por Juan Gómez Santucho
Ha pasado el Festival de Cosquín y pido permiso para tener una mirada crítica y reflexiva de los santiagueños. Los sueños a veces nos hacen despertar. En ese entendimiento y lo que ha pasado en el Cosquín 60 nos obliga a mirarnos en un espejo que no siempre reluce.
Dicen que, de todos los sentimientos humanos, la gratitud es el más efímero de todos. El saber agradecer es un valor en el que pocas veces se piensa reconocer y eso nos pasa con nuestros creadores y cantores. En otros pagos son reconocidos y halagados y aquí en nuestra tierra no son nadie y nadie los ve. Y aquí viene la pregunta: ¿los santiagueños nos olvidamos o somos jodidos?
Siempre Cosquín es sorprendente. Este año fue con el merecido homenaje a don Andrés Chazarreta, el patriarca del folclore. Es santiagueño. Los cordobeses se encargaron de todo en su homenaje. Nada estuvo librado a la improvisación y al azar. En la apertura “Legado Popular” presentado por el ballet del festival, estuvo don Andrés Chazarreta en la personificación del actor y bailarín Hugo Pedernera. Él mismo lo dijo después, que para representar a tamaña figura del folclore nacional y santiagueño vino a Santiago. Con tiempo y se tomó su tiempo, recogiendo material. Inclusive habló largo tiempo con uno de sus hijos. Era tan real todo que me pareció verlo a don Andrés dirigiendo medio de los bailarines, su pala pala, la firmeza, etc.
También este año se cumplieron 30 años de la aparición y consagración de Los Santiagueños con la voz de Jacinto Piedra, el violín de Peteco Carabajal y el bailarín de los montes Juan Saavedra y su dama de la danza María Rey. Fue algo distinto. Nuevos vientos y santiagueño diría yo.
Se me ocurre pensar que fue el quiebre para el folclore de Salta que con la incorporación de la poesía al ritmo musical habían logrado la consideración nacional. Ahora diría Yupanqui, “es otra cosa”. Fue un encanto del embrujo de nuestra música que a partir de esa noche conquistó a la juventud del país.
Con estos dos episodios quiero pensar en una especie de metamensaje para los hombres y mujeres que trabajan en los organismos oficiales de la cultura. Deberían trabajar y dar forma a una agenda no solo de un buen festival en manos responsables sino también actos y efemérides de los creadores de la poesía, del ritmo musical y de los cantores que abundan en Santiago.
Nuestra música y nuestros cantores son los grandes animadores de cuanto festival se realiza en el mapa musical del país. Especialmente por ese ritmo esencial que nos identifica a los santiagueños, la chacarera. Habrá que revisar y cambiar de actitud todos.

Un irresponsable despropósito
La comisión del festival con un buen criterio había determinado que antes del comienzo de cada una de las nueve lunas del festival, dedicarles un espacio a los creadores de la poesía. Bueno amigos, qué sucedió con ellos. Lejos de dar lectura a sus creaciones poéticas que hacen falta al folclore, solo leyeron panfletos comparables a los 70. Es lo que ocurrió por ejemplo con la cantante Luciana Jury que tuvo que abandonar el escenario en un completo abucheo del público con su decir cantoral. Nada tenía que ver con nuestro folclore.

Destacable
No todo es pálido lo que ocurrió con Cosquín este año. Está por ejemplo la renovación temática y de los cantores que fueron premiados en la última noche. Está por ejemplo el suceso de Milo J que se apoyó en los santiagueños para tener una noche soñada. Estuvo recibiendo el beneplácito del público, Radamel, suncheño como yo, que se ha convertido en una gran promesa.
Y un hecho auspicioso es la actitud de los cantores consagrados, de invitar a otros cantantes de las cosas nuestras. Consagrados o no. Eso habla de una gran humildad y de hermandad de los triunfadores con quienes buscan su consagración.
Ramírez de Velasco®

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