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| Ilustración |
Jorge Rosenberg
Se quedó colgada
de uno de los barrales
de una cama de dos plazas.
Del lado derecho más precisamente,
en medio del más crudo invierno
de este siglo.
Colgada
con un abismo que la amenazaba
desde un piso helado y muy frecuente.
Ya sin par
porque la otra media, que le correspondía
había quedado extraviada en un trayecto.
Un cenicero repleto le servía de monumento.
Un sentimiento jubiloso le oficiaba de corazón
y por un patético agujero de su lana
huía, desconsolado,
para siempre, el amor.
Ramírez de Velasco®

Excelente
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