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AGENDA PROVINCIAL Esteban

Imagen que recuerda a San Esteban

El 26 de diciembre se recuerda a San Esteban, en una de las festas religiosas y populares más antiguas de la provincia

El 26 de diciembre se recuerda a San Esteban en todo el mundo católico y, por supuesto, en Santiago del Estero. Es una de las festas religiosas y populares más antiguas de la provincia. Su combinación de devoción católica, ritos comunitarios, supersticiones tradicionales y expresiones folclóricas como las carreras de los indios la ha convertido en un acontecimiento único dentro del calendario santiagueño.
El culto a San Esteban, primer mártir cristiano, estuvo presente en la provincia desde tiempos coloniales y se afianzó especialmente en el campo, con gente que organizó capillas, custodias familiares e imágenes heredadas. En Maco, Sumamao y parte del departamento Silípica, la devoción adquirió características propias, siempre ligadas a la vida campesina y a los desplazamientos estacionales de las familias.
La celebración de San Esteban en Santiago del Estero tiene orígenes históricos que se remontan al siglo XVIII. La devoción fue introducida por familias españolas establecidas desde la colonia, y los documentos señalan que la veneración al santo ya estaba entronizada entre algunos vecinos como Mercedes Chapa de Zurita, en el campo santiaguaño. A partir de entonces la fiesta se fue consolidando como rito local y popular en Maco y Sumamao, convirtiéndose en una práctica continua desde esa época hasta hoy.
Uno de los rasgos distintivos de la fiesta es el uso de banderas rojas y amarillas, los mismos de la bandera española, que acompañan procesiones, jinetes y promesantes. Estas banderas, confeccionadas por familias custodias, simbolizan protección y vigor espiritual. En muchas casas se guardan telas antiguas que solo se despliegan en la fiesta de San Esteban.
La fiesta se remonta al siglo XVIII, cuando los devotos organizaron cultos, traslados procesionales de la imagen y reuniones comunitarias en honor al santo a mediados de esa centuria.
Desde entonces ha evolucionado año tras año, manteniendo una continuidad que la ubica como una de las expresiones religiosas populares más antiguas de la provincia, con características propias que combinan tradición católica y elementos culturales locales.
El traslado de la imagen hacia Silípica es una tradición que subsiste desde tiempos en que el santo recorría distintos lugares bajo el cuidado de familias que lo hospedaban en sus hogares. Ese traslado, hecho antaño a caballo o en carretas, forma parte de la memoria comunitaria y todavía hoy se mantiene mediante procesiones que cruzan campos y caminos vecinales.
Las carreras de los indios, expresión folclórica muy arraigada, se realizan tras la misa y la procesión. Los participantes, ataviados con prendas deportivas, corren en grupos entre el polvo de los caminos, evocando relatos antiguos sobre custodios del santo y celebraciones indígenas adaptadas a las fiestas patronales. Estas carreras conservan su carácter ritual y son consideradas un homenaje al santo y a los antepasados.
La llegada de jinetes a caballo es otro signo identitario de la fiesta. Muchos devotos emprenden viajes desde sitios lejanos para homenajearlo. A su arribo, levantan el sombrero o el pañuelo y dan vivas al santo frente a la capilla, gesto que se mantiene de generación en generación como acto de reconocimiento y gratitud.
En este marco también subsisten numerosas supersticiones. La más extendida indica que no se debe fotografiar al santo, porque hacerlo trae mala suerte o enfermedad. Por eso, en varias localidades está mal visto encender flashes dentro del templo o capturar primeros planos de la imagen, y es habitual ver a los mayores recordando esta regla a los visitantes.
La misa central convoca a familias que han transmitido la devoción desde el siglo XIX. Después, la procesión recorre los alrededores bajo un sol fuerte de diciembre, con estandartes, promesantes descalzos, jinetes, banderas y músicos locales que acompañan con cajas y violines. Cada paraje conserva su propio modo de llevar la imagen, pero todos comparten la idea de acompañar al santo como se acompañaba a un protector familiar.
Las reuniones posteriores mezclan celebración y obligación ritual: compartir comidas tradicionales, saludar a las familias custodias, observar las carreras, cumplir promesas o agradecer favores. Muchas de estas reuniones sirven también para organizar el cuidado del templo, el calendario del año siguiente y los compromisos asumidos con la imagen de San Esteban.
La fiesta del 26 de diciembre subsiste como un núcleo de identidad rural santiagueña. Reúne memoria familiar, devoción católica, antiguos ritos de campo, supersticiones vivas y expresiones folclóricas que mantienen unidas a las comunidades de Maco, Sumamao y Silípica, donde el homenaje a San Esteban continúa siendo una de las ceremonias más queridas y respetadas del verano provincial.
Está catalogado, en la devoción popular, como "santo malo", pues si no se cumple la promesa que se le hizo, es capaz de dejar al promesante sin nada: "Hasta los calzoncillos te va a sacar", suelen decir.
Ramírez de Velasco®

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