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| Los ingleses fueron derrotados |
El 8 de febrero de 1881 se libra la Batalla de Schuinshoogte, cuando las fuerzas bóeres obtuvieron una victoria sobre los británicos
El 8 de febrero de 1881, en Sudáfrica, se libró la Batalla de Schuinshoogte, conocida también como Ingogo. Fue un enfrentamiento decisivo de la Primera Guerra Anglo-Bóer en el que las fuerzas bóeres obtuvieron una victoria contundente y las tropas británicas fueron derrotadas, consolidando el dominio bóer en el campo de batalla.El combate fue en la región del río Ingogo, en el sudeste del Transvaal, en un terreno quebrado y expuesto, atravesado por cauces y lomas bajas. Las condiciones climáticas adversas, con lluvias intensas, influyeron de manera directa en el desarrollo de la acción militar.Las fuerzas británicas, al mando del teniente coronel Philip Anstruther, avanzaban con una columna que escoltaba refuerzos y suministros. El movimiento se realizó sin una cobertura adecuada, lo que dejó a la tropa vulnerable frente a un enemigo que conocía con precisión el terreno y sus posibilidades defensivas.
Los bóeres, combatientes en su mayoría granjeros movilizados, actuaron bajo un esquema descentralizado y flexible. Aprovecharon posiciones elevadas y el uso eficaz del fuego de fusilería de largo alcance, desplegándose en forma dispersa para evitar blancos compactos y maximizar el impacto de sus disparos.
El enfrentamiento se prolongó durante varias horas. Las tropas británicas quedaron expuestas en campo abierto, sin abrigo suficiente, sometidas a un fuego sostenido y preciso. Los intentos de reorganización y avance fueron neutralizados por la superioridad táctica bóer y por la imposibilidad de maniobra.
La derrota británica se expresó en la pérdida de control del terreno y en un número elevado de bajas, que obligó a la retirada de la columna. El mando imperial no logró romper las líneas bóeres ni imponer su disciplina de combate frente a un adversario mejor adaptado a la guerra irregular.
Para los bóeres, la batalla constituyó una afirmación militar rotunda. Lograron frenar una fuerza imperial profesional, demostrando que la iniciativa, la puntería y el conocimiento del espacio podían imponerse sobre un ejército regular numéricamente comparable y mejor equipado en términos formales.
La victoria en Ingogo se sumó a otros reveses sufridos por el Reino Unido durante la campaña, debilitando su posición estratégica en el Transvaal. El impacto inmediato fue la paralización de movimientos británicos y el refuerzo de la moral de las fuerzas bóeres en toda la región.
El combate también evidenció los límites de la doctrina militar británica en escenarios coloniales con poblaciones armadas y altamente móviles. La incapacidad de proteger convoyes y asegurar rutas expuso una fragilidad operativa que sería determinante en el curso del conflicto.
Las cifras registradas tras la batalla consignan decenas de bajas británicas, entre muertos y heridos, frente a pérdidas considerablemente menores del lado bóer. Este desequilibrio numérico confirmó la eficacia del despliegue bóer y marcó a Ingogo como una de las derrotas más severas sufridas por Gran Bretaña en la guerra de 1880-1881.
Ramírez de Velasco®


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