Ilustración Infancia indulgente y decisiones repetidas moldean una vida en la que todo halla justificación hasta volverse irreversible Inauguró la justificación de todos los males, todos los pecados, todas las tropelías, con descargos de tipo psicológico. ¿El nene no le tomaba la sopa, doña? Tenía algún trauma, diagnosticaban. ¿Se negaba a ir a la escuela? Que durmiera, pobrecito: la noche anterior había vuelto muy tarde de jugar en la calle. ¿Peleaba con los compañeritos? Que se la bancaran, para qué se metían con él. ¿Se sentía solo? Un celular era santo remedio. El chico iba creciendo. Más adelante, cuando tuvo 20 años, entró a saco a la cartera de la madre y de algún hermano para robar unos pesitos e ir al baile. Porque tenía derecho a la diversión, qué tanto. Sacó a crédito una motocicleta y no pagó, total el garante se haría cargo, pero necesitaba un medio de movilidad, o quería que anduviera en ómnibus, como la mersa. Engañó a la novia con otras mujeres, pero pocos entendían que...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero