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CORTESÍA Decí “de nada”

No cuesta mucho

Aceptar agradecimientos sostiene la convivencia diaria y evita la falsa modestia disfrazada de humildad

Cuando alguien te diga “gracias, amigo”, aceptalo. No cuesta nada y ordena el mundo. Respondé con la misma fórmula que te enseñaron de chico: “De nada”. Es fácil, es simple, es llano. Si alguien te hizo un favor, vos lo reconoces con un “gracias” o un “muchas gracias”. Y si te lo dicen a vos, no queda bien contestar con esas frases que parecen humildes, pero suenan mal: “No, no es nada”, “no me agradezcas”, “era mi deber”. No lo son.
Aceptar el agradecimiento es un acto de cortesía básica. Y rechazarlo con esas fórmulas rebuscadas es, en el fondo, una grosería. A nadie le hicieron una reverencia profunda. Nadie se arrodilló para devolver un favor. Solo te dijeron “gracias”, y vos haces muy bien si respondes con un corto y contundente: “De nada”. Cuando dices “no hice nada”, desmereces al otro, que tiene derecho a expresar gratitud del modo natural que aprendió de niño.
Además, no te olvides de lo esencial: acabas de hacer un favor. Grande, mediano o mínimo, no importa. Y si el otro no te lo reconoce, quizá piensas que es un desagradecido. Entonces, ¿por qué rechazas ese reconocimiento? La primera regla de cortesía que se aprende de chicos —y que todavía sostiene la convivencia— es justamente esa mínima forma de gratitud que hace más habitable la vida.
Los gestos pequeños sostienen la naturaleza en su justo lugar: alguien levanta lo que se te cayó, te cede el asiento, te paga un café, te consigue un turno para el dentista, te visita si estás enfermo, te menciona bien cuando estás ausente, te recomienda para un trabajo, te saluda, te aclara lo que no entiendes, te avisa de un peligro, te regala una buena noticia. La única recompensa universal para esos actos que alegran la vida —calladamente, sin alharaca— es la palabra sincera de siete letras: gracias.
De verdad: no seas guarango. Aceptá las gracias que te dan y respondé sin vueltas: “De nada”. No frunzas el ceño para rematar con un “no es nada”. Porque sí es algo. Y es valioso. Te lo están reconociendo con la palabra exacta que el español reservó para ese momento.
Todas esas fórmulas de humildad impostada —“no me agradezcas”, “no fue nada”, “para eso estamos”— solo obligan al otro a repetir “gracias” mientras vos insistís en rechazarlas, como si fuera un juego absurdo de modestia competitiva. No te subas a ese pedestal. No finjas que el mundo está mirando tu renuncia al agradecimiento, como si fueras el monarca de un reino invisible.
En serio: decí “de nada” y seguí tu camino. Sencillito y sin apuro.
Juan Manuel Aragón
A 16 de diciembre del 2025. En el Saladillo del Rosario. Yoyando sábalos.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. No entendí bien. Acaso "de nada" no es lo mismo?
    Se está insinuando que "de nada se debe agradecer", o sea que quién hizo la acción no la considera una atención o favor.
    Lo que sí comparto es que si uno está dispuesto a contestar que "no hay ninguna cosa que agradecer", entonces es una hipocresía si se molesta cuando no le agradecen.
    No sé......digo.

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