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| Martiniano Chilavert |
El 4 de febrero de 1852 es ejecutado Martiniano Chilavert, militar, ingeniero artillero y coronel, después de la batalla de Caseros
El 4 de febrero de 1852 fue ejecutado Martiniano Chilavert, militar, ingeniero artillero y coronel del Ejército de la Confederación Argentina, después de la batalla de Caseros. Su muerte, ordenada por el vencedor Justo José de Urquiza, constituyó uno de los episodios más controvertidos y severos del cierre del ciclo rosista, y fue percibida por contemporáneos y posteriores como un castigo ejemplar que excedió el marco militar.Nacido en Buenos Aires en 1808, se formó como ingeniero y artillero, destacándose por su conocimiento técnico en un ejército en que la pericia científica no era habitual. En los primeros años de su carrera militar combatió en filas unitarias, oponiéndose a Juan Manuel de Rosas y participando en acciones contra el gobierno federal.Su trayectoria dio un giro decisivo cuando, tras el bloqueo anglo-francés del Río de la Plata, revisó sus posiciones políticas. Chilavert interpretó la intervención extranjera como una amenaza directa a la soberanía del país y decidió incorporarse a la defensa de Buenos Aires, alineándose con el gobierno de Rosas por razones que él mismo definió como patrióticas antes que facciosas.
Durante los años siguientes se convirtió en uno de los principales especialistas en artillería del ejército rosista. Su conocimiento técnico fue clave en la organización de baterías, fortificaciones y en la instrucción de tropas, en un contexto de conflicto permanente tanto interno como externo.
En la batalla de Caseros, librada el 3 de febrero de 1852, Chilavert tuvo a su cargo la artillería del ejército de Rosas. Desde su posición sostuvo el fuego hasta el final, incluso cuando la derrota era irreversible, negándose a abandonar las piezas o replegarse sin órdenes formales.
Tras la caída del régimen rosista, fue capturado por las fuerzas de Urquiza. A diferencia de otros oficiales derrotados, no fue tratado como prisionero de guerra. Se le imputó traición, fundamentalmente por haber combatido del lado federal luego de su pasado unitario, cargo que él rechazó de plano.
Según testimonios de la época, fue ejecutado de espaldas, contra una pared, en el cuartel de Santos Lugares. El método elegido y la ausencia de un juicio regular acentuaron el carácter punitivo y ejemplificador del acto, que fue interpretado como una advertencia política más que como una sanción estrictamente militar.
Esta ejecución generó reacciones inmediatas, incluso entre sectores afines a Urquiza. Para muchos, su muerte no fue la de un traidor sino la de un oficial que había privilegiado la defensa del territorio frente a potencias extranjeras, pagando con su vida una decisión política tomada en un contexto extremo.
La figura de Chilavert quedó asociada a la lealtad a una idea de soberanía antes que a una facción, y su fusilamiento fue visto como una ruptura con las prácticas habituales de capitulación y perdón tras las guerras civiles. La violencia del gesto selló simbólicamente el final de una etapa, pero dejó abierta una herida en la memoria histórica argentina sobre los límites del castigo político y militar.
Ramírez de Velasco®


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