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2002 ALMANAQUE MUNDIAL Descendientes

Humberto II

El 5 de febrero del 2002 el Senado italiano aprueba un decreto ley para permitir el regreso a Italia de los descendientes de Humberto II

El 5 de febrero del 2002, el Senado de Italia aprobó un decreto ley que puso fin a la norma que impedía el ingreso al país de los descendientes varones de la Casa de Saboya, la familia del último rey italiano, Humberto II. Era una de las prohibiciones políticas más duraderas de la posguerra europea: la. La decisión abrió formalmente la posibilidad de regreso a Italia tras cincuenta y seis años de exilio forzado.
La medida tuvo su origen en la Constitución republicana de 1948, que estableció la exclusión de los Saboya para cerrar institucionalmente la monarquía. Se prohibía explícitamente la entrada y el ejercicio de derechos civiles a los herederos masculinos de la dinastía, como consecuencia directa del papel de la corona durante el régimen fascista.
Humberto II había reinado apenas treinta y cuatro días en 1946. Tras el referéndum institucional que consagró la república, abandonó el país y se estableció en Portugal, donde vivió hasta su muerte en 1983. La sanción constitucional se extendió automáticamente a sus descendientes, aun cuando nunca hubieran ejercido funciones políticas.
Durante décadas, la prohibición fue motivo de debate jurídico y simbólico. Para algunos sectores, representaba una garantía contra cualquier intento de restauración monárquica; para otros, una anomalía incompatible con los principios democráticos y los derechos humanos vigentes en la Europa contemporánea.
A fines del siglo XX, el tema reapareció con fuerza en el Parlamento italiano. El avance de la integración europea y la jurisprudencia internacional en materia de derechos civiles impulsaron una revisión de las cláusulas transitorias de la Constitución que aún conservaban un carácter punitivo.
El decreto aprobado en febrero de 2002 fue el resultado de un acuerdo político amplio. Estableció que los descendientes de Humberto II podrían regresar a Italia, siempre que renunciaran de manera expresa a cualquier pretensión dinástica y reconocieran plenamente la forma republicana del Estado.
La norma permitió el retorno de figuras como Vittorio Emanuele de Saboya y su hijo Emanuele Filiberto, quienes hasta entonces solo habían podido visitar el país de manera informal o desde territorios limítrofes. El levantamiento del veto tuvo una fuerte repercusión en la prensa, aunque no alteró el orden institucional.
El debate parlamentario estuvo atravesado por consideraciones históricas y morales. Se discutió el papel de la monarquía en el ascenso del fascismo, la responsabilidad del rey Víctor Manuel III y la necesidad de separar esas responsabilidades del destino personal de las generaciones posteriores.
La aprobación del decreto no implicó una rehabilitación política de la Casa de Saboya. El orden republicano quedó reafirmado y no se modificó ninguna disposición vinculada a la jefatura del Estado ni a los símbolos nacionales, que continuaron excluyendo cualquier referencia monárquica.
A partir de esa decisión, Italia dejó de ser uno de los pocos países europeos que mantenía una prohibición constitucional de ingreso por razones dinásticas, alineándose con los estándares jurídicos del Consejo de Europa y cerrando un capítulo singular de su historia constitucional sin recurrir a gestos de reconciliación simbólica ni actos oficiales de reparación.
Ramírez de Velasco®

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