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DROGAS Lo que no se dice de la merca

Sustancias ilegales

Cuando se le advierte a un niño que las sustancias ilegales son malas, en algún punto les están mintiendo


Lo que no se dice nunca de las drogas ilegales, es que proporcionan placer a los consumidores. Mucho placer. Cuando a un chico de 12, 13 o 14 años le advierten que son malas, en realidad les están diciendo la verdad, son malas, provocan adicción, llevan a enfermedades físicas y mentales y finalmente matan.
Luego, ese chico las prueba y, en un punto, siente que le han mentido o le han escamoteado parte de la verdad, porque, al menos en lo inmediato, son buenas, dan bienestar, producen risas, los llevan a evadirse de la realidad que, muchas veces es cruda. Entre la profesora que le señaló que era mala y el amigo que le convidó un faso, con el que anduvo por las nubes un rato, se queda con el amigo.
Por eso, una buena campaña debería empezar diciendo la verdad. Que están tan buenas como el dulce de leche y que pueden provocar la misma adicción que el chocolate. Luego, en eso reside la maldad. Porque si sus efectos inmediatos fueran feos, si hicieran dar mareos innecesarios, vómitos, dolores en cualquier parte del cuerpo, nadie osaría probarlas.
Hay policías quizás bien intencionados que fueron a dar clases alusivas a chicos de las escuelas en la década del 80 del siglo pasado. A unos amigos, esos policías les enseñaron a diferenciar las sustancias, supieron los nombres de cada una en la jerga y hasta llegaron a ver por primera vez una pipa, o como se llame eso que también usan para fumar. Uno de los asistentes a esa clase, contaba años más tarde: “Más que alusiva fue instructiva”.
Es un mundo tan jodidamente distinto de la realidad que vivimos algunos, que no sabemos ni cómo ni cuándo ni por qué, nuestros hijos podrían ser llevados de la nariz a ingresar en ese peligroso lugar. Los adelantos de la técnica, los telefonitos de mano, han creado una distancia que, en muchos casos provocó una desconexión total entre padres e hijos. ¿Cómo los van a aconsejar si ni siquiera hablan el mismo idioma? Peor, ¿qué le van a decir a un chico que entiende mejor el mundo, al menos desde los adelantos en las comunicaciones?
Vivimos un mundo jodido, amigos. Deberíamos ponernos de acuerdo en lo que debemos advertir a la juventud para no pifiarle ni un cachito así. La pelea contra la merca debería empezar en todos los jardines de infantes del país y continuar, al menos hasta quinto año del secundario. Con un plan coherente, bien hecho, inteligente.
Digo, pero quienes leen estas notejas saben que nunca he tenido ínfulas de editorialista, así que no tomen esto como consejo o admonición. Son ideas sueltas, nada más.
©Juan Manuel Aragón

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