Ir al contenido principal

1976 ALMAAQUE MUNDIAL Man Ray

Man Ray

El 18 de noviembre de 1976 murió Man Ray, artista visual y fotógrafo asociado al dadaísmo y al surrealismo

El 18 de noviembre de 1976 murió Emmanuel Radnitzky, más conocido como Man Ray. Había nacido en Filadelfia, el 27 de agosto de 1890 y fue un artista visual y fotógrafo, asociado tanto al dadaísmo como al surrealismo, aunque su vínculo con estos movimientos fue más informal que oficial. A lo largo de su carrera, experimentó con diversos medios artísticos, pero se consideró a sí mismo como pintor. No obstante, su mayor reconocimiento llegó a través de su trabajo fotográfico, destacando especialmente en la fotografía de vanguardia, así como en la fotografía de retiro.
A lo largo de su vida se mostró reacio a compartir detalles sobre su familia o su vida personal. Incluso llegó a negar que tuviera otro nombre que no fuera Man Ray. Nacido en una familia de inmigrantes judíos rusos, fue el mayor de cuatro hermanos y creció en un hogar modesto. A principios de 1912, su familia cambió su apellido de Radnitzky a Ray para evitar el antisemitismo, común en Estados Unidos.
Desde temprana edad mostró inclinación artística, aunque sus orígenes familiares influyeron en su desarrollo artístico. Su padre era sastre y su madre se dedicaba a hacer colchas de retazos, una técnica que, según algunos críticos, puede encontrarse en sus primeras obras de collage. Esta conexión con la técnica del patchwork de su madre sería parte de su herencia artística, aunque siempre intentó distanciarse de sus orígenes.
A pesar de los desafíos que enfrentó en América, su creatividad nunca se apagó. Continuó creando obras en una variedad de medios, aunque su enfoque principal siguió siendo la fotografía. Su habilidad para desafiar las normas y su constante búsqueda de nuevas formas de expresión mantuvieron su arte relevante incluso en un entorno cambiante. Entre sus trabajos más notables de este período están sus experimentos con la técnica de solarización, donde exponía los negativos fotográficos a la luz para crear imágenes con un efecto surrealista y misterioso.
En 1951 regresó a París, donde continuó su prolífica carrera artística. París siempre había sido su hogar artístico y espiritual, y la ciudad lo acogió con los brazos abiertos. En los años posteriores, realizó varias exposiciones importantes y recibió numerosos reconocimientos por su trabajo.
Uno de los momentos culminantes de su carrera llegó en 1973, cuando el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York le dedicó una gran retrospectiva que celebraba su obra fotográfica. Este reconocimiento fue una afirmación de su legado y de su impacto en la historia del arte moderno. A lo largo de los años, su obra fue admirada por su audacia, su sentido del humor y su capacidad para jugar con las expectativas del espectador.
Murió en París a los 86 años. Sus restos fueron enterrados en el Cementerio de Montparnasse, un lugar de descanso para muchas figuras destacadas del arte y la literatura. En su tumba, se grabó una simple pero poderosa inscripción: "Despreocupado, pero no indiferente", reflejando su enfoque despreocupado, pero profundamente comprometido con la creación, el arte y la vida.
A lo largo de su vida desdibujó las líneas entre los distintos medios artísticos, moviéndose sin esfuerzo entre la pintura, la fotografía, el cine, la escultura y el diseño. Fue pionero en la exploración de lo irracional y lo incongruente, dejando un legado que no solo influyó en los movimientos dadaísta y surrealista, sino que también abrió nuevas posibilidades para las futuras generaciones de artistas. Su obra sigue siendo celebrada y su influencia continúa viva en el mundo del arte.
Juan Manuel Aragón
Ramírez de Velasco®

Comentarios

Entradas populares (últimos siete días)

OPINIÓN Woody Allen y los antisionistas

Woody Allen Una columna del genial cineasta norteamericano, que toma el futuro con humor (negro), aunque hable del presente Por Woody Allen Replicado en comunidades plus "Saben, siempre pensé que la mayor ventaja de Nueva York era que uno podía ser neurótico y nadie lo notaba. En otras ciudades te mandan al médico si hablas contigo mismo. En Manhattan te ofrecen una columna en una revista por ello. Ayer salí a comprar salmón. Por cierto, es la única tradición judía estable que ha sobrevivido a Babilonia, Roma y a mis relaciones con mujeres. Caminaba por Brooklyn pensando en la muerte. No porque sea filósofo. Sino porque ya tengo más de noventa, aunque originalmente había planeado llegar como mucho hasta los setenta. Y de repente —una multitud frente a una sinagoga. Al principio pensé que allí actuaba un famoso psicoanalista. En Nueva York la gente hace cola durante horas para escuchar por qué su madre tiene la culpa de todo. Aunque los judíos eso ya lo saben sin necesidad de confe...

LATITAS Alguien viene

Mi casa, acuarela de Raúl Cisterna La polvareda en el camino alteraba la rutina de una familia, en medio del monte, acostumbrada a recibir gente Cosas buenas traían las visitas, decían. Mi padre se alegraba cuando en el fondo del camino se levantaba la polvareda. “Alguien viene”, anunciaba y mi madre corría a arreglar la casa. Los cazadores llegaban con carne de animales mestizos, gorras chillonas, botas de caña alta y conservadoras de las que sacaban cerveza en latitas que los chicos juntábamos porque eran bonitas. Los llevábamos a entrenarse con las perdices que luego buscarían los perros para traer en la boca. Mi padre no les envidiaba la mala puntería. A veces apagaban tres balazos en una sola perdiz, que se mandaba a mudar volando y se perdía en la orilla del monte, gringos inútiles. En ocasiones quedaban hasta la noche para cazar vizcachas. Metían ruido por los alrededores, gritaban como en la cancha, andaban haciendo bombo en los guardabarros de las camionetas y volvían a la mad...

PEDAGOGÍA La leyenda todista

"Una ciudad otra", acuarela de Raúl Cisterna Una fábula contemporánea recorre el asfalto santiagueño y se adapta a culpas, temores y nuevas costumbres Así como hay un día de los empleados públicos que no tienen un día, yo soy la leyenda santiagueña comodín, usada para todo aquello que no la tiene. Me explico, entre los burócratas hay una fecha del empleado de Rentas, otra del empleado de Vialidad, otra del empleado municipal, pero hay una también para el resto, para los que no tienen festejo propio. Pero ningún otro dice: "Nosotros sí trabajamos, porque ya tuvimos nuestro festejo". Ya veo. Todos se prenden. Lo mismo hay una leyenda para las hermanas malas, para los que tienen relaciones con la comadre, el compadre o el cura, quienes pescan más de lo que precisan, para los que hacen daño al bosque, no alumbran los finados, no dan el asiento a las damas, apuestan por gallos ajenos. Bueno, soy la fábula para salir del paso. ¿Su hijo anda mal en la escuela?, soy un mons...

RADIONOVELA Entre dos corazones

"Teatro en el pago", acuarela de Raúl Cisterna Se narra lo que sucedió cuando se hizo una representación en el pago y cómo reaccionó la gente a la maldad de don Augusto El argumento es simple. Laura es una humilde maestra, hija ilegítima de don Augusto, un rico estanciero. Y no va y se enamora de Ricardo, su heredero. Don Augusto es su propio padre: es alguien cruel que mató a su madre cuando era jovencita, robó tierras, abusó de peones y mandó matar a quien se interpusiera. Y trama eliminar a Laura para no perder su fortuna, porque supone que ella sabe quién asesinó a su madre. Sus crímenes salen a la luz en un juicio dramático y Augusto es condenado a la horca. En el último capítulo de la radionovela sube al patíbulo maldiciendo a todos mientras Laura y Ricardo encuentran la redención. Nunca una audición había prendido tan fuerte en el pago como la de "Entre dos corazones", con los afamados Andrés de Santacruz como don Augusto, Pedrito Ibáñez como Ricardo, Rosita ...

MADRUGADA Bicicletas sigilosas

"Madrugada", acuarela de Raúl Cisterna El hombre recuerda otra ciudad que despertaba sobre dos ruedas: ahora es culpable de un miedo que no quiere provocar Yo soy ese que viene en bicicleta de allá, por el Camino de la Costa, asustando a las mujeres que esperan el ómnibus para ir al trabajo, a la escuela, a hacer las compras en el centro de la ciudad. Paso sin mirarlas siquiera, pero se asustan cuando suman: viejo más bicicleta, más mal vestido, igual a violador o pervertido. Muchas veces esas mujeres están solas con su alma y la madrugada y seguramente uno que viene solo, las debe sorprender un tanto. En esas incómodas cabalgatas husmeando por los barrios casi extramuros de Santiago, suelo detenerme a preguntarles dónde queda tal o cual calle. Veo entonces su rostro de terror mientras responden y alcanzo a oír un suspiro de alivio al alejarme pedaleando despacito como tranco de pollo. En qué momento los santiagueños de los barrios más humildes dejaron la bicicleta y se volca...