Ir al contenido principal

1928 CALENDARIO NACIONAL Rivera

Andrés Rivera

El 12 de diciembre de 1928 nace Andrés Rivera, un escritor y periodista cuya obra exploró las zonas oscuras de la historia social

El 12 de diciembre de 1928 nació Marcos Ribak en Buenos Aires. Conocido literariamente como Andrés Rivera, fue un escritor y periodista cuya obra exploró las regiones oscuras de la historia social, las tensiones del poder y los silencios de la vida obrera. Su producción se consolidó como una de las voces más singulares de la narrativa nacional de la segunda mitad del siglo XX. Murió el 23 de diciembre del 2016 en Córdoba.
Nació en el seno de una familia de inmigrantes judíos que había llegado al país buscando estabilidad y trabajo. Ese trasfondo marcaría su sensibilidad hacia los relatos de desplazamiento, esfuerzo cotidiano y luchas laborales que más tarde aparecerían en sus ficciones. Su infancia transcurrió en un ambiente en que el idioma, la memoria y la lectura eran vínculos decisivos.
Durante su juventud trabajó como obrero textil, una experiencia que modeló su mirada sobre la desigualdad y el mundo sindical. Esa etapa, siempre presente en su escritura, se convirtió en materia literaria en diversas narraciones donde el protagonista observa, registra y participa de la actividad fabril con un realismo sin estridencias. Su relación con la militancia política también comenzó entonces, acercándolo a debates que más tarde reaparecerían en sus historias.
A fines de la década de 1950 inició su vínculo profesional con el periodismo. Escribió para revistas y medios gráficos en los que desarrolló un estilo sobrio, directo y sin concesiones, lo que fortaleció su capacidad para crear escenas breves y cargadas de tensión. Esa práctica en redacciones y talleres tipográficos dejó huellas en la precisión de su prosa.
Su producción literaria comenzó a expandirse a partir de los años sesenta con cuentos y novelas que llamaron la atención por su tratamiento de la memoria, la derrota y el poder. En sus textos, los personajes suelen enfrentarse a un pasado que no termina de resolverse y que retorna como una sombra persistente. Rivera eligió siempre la concisión, la frase justa y el silencio significativo.
La novela “La revolución es un sueño eterno”, publicada en 1987, se convirtió en una de sus obras más reconocidas. Allí retoma la figura de Juan José Castelli para imaginar sus últimos días y reconstruir una voz quebrada por la enfermedad y la desilusión. Con ese libro obtuvo el Premio Nacional de Literatura, consagración que amplió su visibilidad ante nuevas generaciones de lectores.
Otras obras destacadas, como “En esta dulce tierra”, “El farmer” y “Cría de asesinos”, consolidaron su lugar en el canon argentino. En ellas se advierte su preocupación por la memoria histórica, las decisiones que marcan el destino y el efecto perdurable de la violencia política. Su escritura permanece reconocible por su tono seco y su ritmo medido.
A lo largo de su vida, mantuvo un diálogo constante con la historia argentina, reconstruyendo episodios desde ángulos inesperados y voces marginales. Su obra se leyó tanto en clave política como en clave existencial, siempre anclada en la tensión entre individuo y estructura social. Esa combinación le otorgó un lugar singular entre los narradores de su época.
En los últimos años continuó escribiendo con regularidad, revisando episodios históricos y personajes desplazados del centro del relato. Publicó nuevas novelas y participó en actividades culturales, manteniendo un ritmo de trabajo constante. Su voz permaneció fiel a su estilo original, sin apartarse de la austeridad que lo caracterizaba.
Cuando murió había publicado más de treinta libros y obtuvo distinciones nacionales e internacionales. Durante más de medio siglo transitó por la narrativa breve, la novela histórica y la escritura periodística.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

Entradas populares (últimos siete días)

PRESENCIAS Qué pasa cuando nos vamos

"Almas", de Raúl Cisterna Cuando cae el silencio recuperan sus juegos, recorren rincones conocidos y hacen crujir los muebles para hacerse notar Si nos vamos, se ponen a bailar, a saltar, organizan ceremonias secretas, pasean como Juan por su casa por las habitaciones desoladas. Resumen nuestras viejas ansias, porque más allá de la vida topemos algo y, si fuimos buenos, que mejore lo presente. Quién sabe si tienen idea de la naturaleza de su ser o solo se dedican a danzar en la sala, la cocina, el patiecito de luz, la habitación de los chicos, la pieza de nosotros, el baño, el patio de atrás. Abren la alacena para revolver entre la yerba, el azúcar, los fideos, el arroz y el aceite; se prueban la ropa, sacuden las polillas de los vestidos o se sientan en los sillones del patio a mirar las estrellas, curiosas, como si no las conocieran, preguntándose si son fuentes de luz o agujeros en el techo de la carpa de la oscuridad. Cerramos la puerta para marcharnos y, con el chasquido...

REZO Perdona nuestras deudas

"Barcito", de Raúl Cisterna En un encuentro inverosímil se acercó un desconocido para entregarme una clave que se me escapaba, entonces entendí Se me sentó al frente en un barcito de la Libertad. No sé cómo sabía que aquello me daba vueltas en la cabeza, la cuestión es que me entregó la clave del asunto. “Deuda es la obligación que tiene alguien de devolver algo, ofender, en cambio, es humillar o despreciar a alguien con palabras o acciones”. Recuerdo que le respondí que eso estaba clarito, pero no sabía dónde iba. “Al Padrenuestro”, replicó. “¿Qué tiene que ver?”, me quise enojar. Entonces pidió: “Si quieres saber más, pagá alguito siquiera”. Son esas mañanas de sábado, ¿ha visto?, que suelo andar a la deriva, buscando un amigo para ver si picamos algo en el mercado o vamos a Upianita a ver qué pasa. El tipo me intrigó. Le pedí un café. “Con dos medialunas”, agregó. “Bueno, ahora explique, porque no entiendo nada”, lo apuré. Explicó que el cura, en la confesión, perdona las ...

TURNO Haga la fila

"Burocracia", de Raúl Cisterna No hay forma de lidiar con la cultura del número, sobre todo en una sociedad que se ha vuelto cada vez más reglamentarista Llego, le pregunto a la chica cómo hacer para pagar la Forma Agonal antes de que se me venza la boleta. “Haga la fila”, me indica. Le digo que es un momentito nomás, pago, me dan el recibo y me voy, así de fácil. No voy a demorar ni 10 segundos, le explico. “Haga la fila”, vuelve a señalar mientras se mira si tiene bien pintadas las uñas. ¡Ufa! Tengo el 549. Van por el 220. Consulto de nuevo qué sucede si me voy a hacer otros trámites y se me pasa el turno. “No hay problema, saca número de nuevo y espera otra vez”, responde sin mirarme. Pero, ¿cuánto demoran en atender cien personas, digamos? “Puede ser toda la mañana o se pueden desocupar en cinco minutos”, me explica mientras levanta los hombros y me dedica una sonrisa de compromiso. Me quedo. Por suerte han puesto asientos para que la espera no sea tan dura. A cada rato l...

PUBLICIDAD Amigos no son los amigos

"Encuentro", Raúl Cisterna El único afán de los que fabrican cosas no es hacerlo feliz sino volverse ricos y ¡guay con demandarlos! Las empresas que venden jabones, camisetas o tomates en lata no tienen fábricas por amor a la higiene, la vestimenta o el alimento de la gente. Lo único que quieren sus dueños es ganar plata y, si pueden, hacerse ricos. Para eso comprarán lo más barato posible la grasa, el algodón y el tomate, y procurarán vender al precio más alto que permita el mercado. Es la esencia del comercio. Lo extraño empieza cuando aparecen los publicitarios. Una fábrica de jabón no fabrica jabón: “cuida tu familia”. Una marca de alimentos no vende latas: “te acompaña”. Una automotriz no fabrica autos: “forma parte de tu vida”. Y, perdone que se lo diga, pero "todo no va mejor con Coca Cola”, es más, puede ir peor, diabetes mediante. La empresa dejó de ser una empresa y se convirtió en una especie de pariente afectuoso que sólo está esperando que lo compres para ab...

GENEALOGÍA El enemigo levanta la mano

"Reunión", de Raúl Cisterna La dudosa ascendencia de uno bastó para que viejos contertulios imaginen golpes, alianzas oscuras y ambiciones ocultas Mostró una genealogía de dudosa procedencia en la que aseguraba ser descendiente directo del Cid. Hubo quienes sostuvieron que el árbol genealógico que presentó aquel lejano jueves, cuando le dimos la bienvenida, era apócrifo. No faltó quien afirmara que se trataba de una falsedad lisa y llana. ¡Vamos!, sonaba fuerte decir eso de quien se presentaba como pariente de Ruy Díaz de Vivar, y por eso la versión pasó susurrada, en voz muy baja, entre los contertulios de siempre. No faltó quien intentara poner paños fríos a tantas disquisiciones, haciendo ver que, efectivamente, podía ser cierto lo que decía, pero que, en todo caso, compartía la condición de nieto de nieto de nieto del Cid Campeador con unos cinco millones de personas en todo el mundo. —Calculen: dos hijas. Con que cada una haya tenido solamente dos hijos, ahí nomás tenemo...