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INTIMIDAD Pasión, lujuria, ímpetu, deseo

Marilyn Monroe (a modo de ilustración)

Una mezcla de sensaciones que quizás sean algo menos o más que el amor carnal

Me gustaste desde el primer día, con tus redondeadas formas, tu andar silencioso tus ágiles y delicadas formas. Eras y sigues siendo, liviana, frágil, casi incorpórea, de formas leves y medidas perfectas. Dejas que te tome de la manera que más me gusta y siempre te abandonas a mí cuando me acerco como lo vienes haciendo desde aquella vez que te vi, lejana y sola.

Hoy quisiera decirte todas las emociones que me oprimieron el pecho cuando estuvimos juntos sabiendo que serías mía, pero sé que no me escucharás, porque siempre tuviste un aire de indiferencia que provoca que me gustes más y más. ¿Sabes?, soy un tipo tradicional, yo arriba, vos abajo, las pocas ocasiones en que te di vuelta, fue simplemente para comprobar que, de cualquier forma, seguías siendo la misma, ajustadamente y definitivamente mía.
No es amor ni cariño lo que siento por vos, sino una mezcla de pasión, lujuria, ímpetu, deseo. Y todo eso mezclado quizás es algo menos o algo más que el amor carnal, según como lo vea cada uno, ¿no? Aunque mi vida ha ido por sus carriles normales mientras nosotros seguíamos juntos.
Hemos tenido nuestros momentos, como todos, báh. A pesar de mis cambios de humor, de que el tiempo no siempre nos acompañó o que, de vez en cuando, como es lógico, tenías tus días y estabas descompuesta, siempre te ofreciste libre y buena. Estuviste para mí cada vez que te quise, nunca te negaste a mis ideas, a mis caprichos y, debo reconocerlo, jamás antepusiste una excusa entre nosotros.
Son muchos años los que llevamos juntos, ¡uf!, no me acuerdo cuándo fue la primera vez. Yo era muy joven y no tenía casi experiencia, así que lógicamente las primeras veces no fueron tan placenteras. Pero cuando fui adquiriendo experiencia, te conocí más en profundidad, empecé a tomarte con ardor, con mucha fuerza y con esa energía que se tiene solamente en la juventud primera.
Fue un hermoso día cuando finalmente supe que te adaptabas perfectamente a mi cuerpo y a mis más íntimas necesidades. Siempre llevé las riendas de todo, te daba órdenes simples, precisas, concisas, para que hicieras aquello que quería, perfectamente, sin problemas. Y nunca me defraudaste, cumpliste todos mis deseos, como si los dioses te hubieran fabricado a mi medida, estabas y estás hecha para mí. Desde todos los tiempos hubo una mano que supo hacerte para que fueras pensada para mis necesidades más elementales.
Después, claro, todo se fue haciendo más rutinario, se disipó la fuerza de los primeros tiempos, se fue aguando nuestra relación, aflojé un poco, lo reconozco. Si vos estabas siempre para mí, ¿entonces para qué desear nuestros momentos como antes, cuando la vida nos arrojaba su viento de juventud en la cara? Si como dice Aristóteles la felicidad está en el medio, entonces el momento más feliz fue cuando mi padre me dijo: ”Juan, tienes que probarla, es bellísima” y a continuación agregó: “Me hubiera gustado que fuera mía”.
A mis amigos le pareces vieja, ordinaria, dicen que te descuido y no entienden por qué seguimos juntos. Les respondo que también fueron jóvenes y tuvieron las mismas sensaciones, si perdieron el gusto los entiendo, pero no es mi caso. A pesar de que en muchas ocasiones te tomo casi con desgano, sin fuerzas, sabiendo que haremos algo rutinario, cuando te siento debajo de mí, sé que sigues siendo la misma de siempre.
Es posible que cuando te hagas vieja te haga pintar de otro color, me gustaría verte roja y brillante, así pareces charolada. Siempre es bueno tener bien cuidada la bicicleta.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Jajaja! Muy bueno! Y yo que pensaba, qué le pasa a Juan Manuel que está descubriendo intimidades??😅😂🤣 Un abrazo!

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  2. Muy bueno Juan. Es así. A veces te traiciona y te deja en banda en La Banda.

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