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1947 CALENDARIO NACIONAL Pampa

Portada del diccionario de Rosas

El 30 de octubre de 1947 la editorial Albatros publica el diccionario pampa de Juan Manuel de Rosas, con prólogo de Manuel Gálvez

El 30 de octubre de 1947 se publicó el diccionario pampa de Juan Manuel de Rosas. Bajo el título “Gramática y diccionario de la lengua pampa (Pampa-Ranquel-Araucano)”, con prólogo de Manuel Gálvez, el texto fue dado a la luz por la editorial Albatros.
Otro libro que dejó escrito el llamado “Restaurador de las Leyes”, fue “Instrucciones para los mayordomos o encargados de estancias” y otros trabajos inconclusos o perdidos, luego de la derrota del ejército argentino en Caseros.
En su “Vida de Don Juan Manuel de Rosas”, Manuel Gálvez recuerda el diccionario pampa y el que dispusiera de estas obras en el codicilo de su testamento, firmado en “Burgess Farm”, un año antes de su muerte, el 22 de Abril de 1876. En su la cláusula 24 expresa: “El Diccionario y Gramática Pampa manuscritos, los dejo a Manuelita, por su muerte a Máximo, su esposo, y por muerte de éste, a sus hijos, por escala de mayor edad”.
Adolfo Saldías, en la Introducción a sus “Papeles de Rozas”, dice: “Los únicos trabajos originales que concluyó y que obran en mi archivo son: Gramática de la lengua Pampa, y Diccionario de la lengua Pampa, obras de erudición y paciencias únicas en nuestro país, y tanto más interesante cuanto que se refiere a una raza que la civilización ha extinguido, pues, además de haberlos diezmado, es lo cierto que ´los indios, por las circunstancias que rodean su vida, no se multiplican como los cristianos´, según la expresión de Sarmiento. Tuve ocasión en Francia de enseñar la Gramática y el Diccionario al sabio Mr. Ernesto Renán, quien los retuvo en su poder algunos días, al cabo de los cuales me manifestó una opinión en extremo favorable para dichos trabajos. Llegó a prometerme una introducción para publicarlos; pero desgraciadamente falleció en esos meses dejando en las letras y en las ciencias francesas un vacío profundo”.
Quienes han juzgado que los federales en la Argentina representaban la incultura, la barbarie, el analfabetismo, deben rendirse ante la evidencia de que, más allá de los aciertos o los errores de este libro, su autor hizo un esfuerzo monumental al redactarlo, adentrándose en una lengua extraña, en sus complejidades y sinuosos caminos de pensamientos.
La obra de Rosas tiene 402 páginas y Oscar Suárez Caviglia, destaca como “otro valor de particular significación histórica” de esta obra de Rosas “que el dominio pleno de la lengua pampa supuso para su autor, como gobernante, por razones psicológicas y humanas de fácil comprensión; es decir, factor principalísimo de éxito en su constante relación con los Señores del Desierto, que se tradujo, para el país, de veinte años de paz en las fronteras”.
En aquel tiempo, la comprensión del pensamiento de la indiada tenía fundamental importancia para los gobernantes, ya que eran, como se dijo, los señores del desierto. Para tratar una paz duradera con ellos, había que comenzar entendiendo sus costumbres, su civilización, su cultura y qué mejor que entiendo su idioma, elevando el alma para comunicarse con ellos en su propia lengua.
Otra quizás, hubiera sido la suerte de la Argentina si se incorporaban en paz a miles de indígenas desperdigados por toda la Patagonia, en vez de solucionar el problema a golpe de sable y Rémington. Pero, ya se sabe, la historia es lo que efectivamente sucedió, no lo que podría haber pasado si se daba esta o aquella circunstancia. Pero el hubiera no existe.
Juan Manuel Aragón
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Considero que el artículo plantea una hipótesis falsa al afirmar que "Otra quizás, hubiera sido la suerte de la Argentina si se incorporaban en paz a miles de indígenas desperdigados por toda la Patagonia, en vez de solucionar el problema a golpe de sable y Rémington". Esta afirmación constituye una Falacia de Presentismo, que es juzgar hechos del pasado por los estándares del presente. Implica interpretar eventos pasados y actitudes de individuos a través de la lente de los valores y creencias contemporáneos, lo que generalmente conduce a juicios injustos e inexactos.
    Además de ello, el mismo planteo es de suyo arrogante y presuntuoso, porque al sugerir que "los supuestos invasores debían incorporar a los locales", está estableciendo una jerarquía que contradice la intención. En otras palabras, si los indios eran los locales y "estaban desperdigados por toda la patagonia", son los invasores los que en todo caso deberían haberse "incorporado en paz" a los miles de indígenas que menciona el texto....quienes al final eran "los locales".
    Qué tal si los indios le decían al Gral Roca....."saben qué, muchachos, nosotros estábamos aquí desde antes y ustedes recién aparecen, qué tal si se incorporan en paz a nuestras tolderías y así vivimos felices y contentos todos?. Ustedes dejan los rémington (que no funcionan si se acaba la pólvora), y nosotros les prestamos las boleadoras (que funcionan 24/7)".
    Para entender la ridiculez del planteo sobre la actitud de conquistadores y conquistados ante una invasión de unos sobre otros, habría que aplicar la misma situación a lo acontecido en BsAs durante las invasiones inglesas. Imaginémos a Beresford diciéndoles al virrey y a Liniers "qué tal, amigos, venimos a incorporarlos pacíficamente al commonwelth del imperio británico, bajo el mando de nuestro rey. Queremos entender sus costumbres, su civilización, su cultura y su idioma, elevando el alma para comunicarnos con ustedes en su propia lengua".
    Respuesta del virrey y Liniers al unísono...."Pero por qué no te vas, vos, tu regimiento, tu commonwelth y tu rey un poquito a la.......bretaña?"

    Intentar dominar por la fuerza era la realidad de esos tiempos; se invadía y se conquistaba, era la forma de fortalecer un reinado para que no se lo comieran los reinados vecinos. Era la forma de obtener poder y riqueza cuando no había generación de riqueza por producción industrial y cuando las normas y leyes eran incipientes y respondían a criterios de supervivencia.

    Pienso que hay que terminar con la mala costumbre del revisionismo histórico de juzgar a las personas y a los hechos del pasado con estándares de hoy. Nada hay más ridículo que criticar actitudes de Rosas, Sarmiento, Belgrano, mi pariente Juan Felipe, y todos los demás. Sus decisiones eran las de esos tiempos, motivadas por las circunstancias de esos tiempos y ejecutadas bajo los cánones de esos tiempos. Los caudillos eran más feudales que federales, y tenían actitudes autoritarias y despóticas en muchos casos, pero era lo que había, lo que la gente elegía para sentirse protegida y lo que funcionaba en esos tiempos. Es más bien anacrónico que hoy sigamos teniendo caudillos, y los tenemos en cantidad como para hacer dulce......lamentablemente.

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