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BELGRANO La muerte de Borges

Busto de Juan Francisco Borges en el parque Aguirre

"Llegué a la casa de unos amigos con la derrota en ancas, creyendo que al menos me prestarían un caballo mancarrón”

Dice José María Paz: “Cuando llegué a la chacra de Santo Domingo estaba ya designado el lugar del suplicio, a unas cuantas varas del rancho que ocupaba el reo, bajo un frondoso algarrobo, a cuyo tronco estaba atada una mala silla de cuero, que debía de servir de banquillo. El comandante Lamadrid me dijo que, cumplidas ya las dos horas, el reo iba a ser ejecutado. Cuando me despedí se formaba ya la escolta, y no había andado ni un cuarto de legua, cuando oí la fatal descarga. Borges murió con entereza y protestando contra la injusticia de su sentencia y la no observancia de las formas, pero con los sentimientos religiosos y cristianos.”
El 29 de diciembre he escrito mi testamento, a las apuradas, nervioso: “Con esto pido perdón a todos que haya ofendido y perdono de todo mi corazón a todos mis enemigos, concluyendo la existencia de mi vida la religión apostólica católica romana que profeso, y en la que creo que me crió por la falta y quebrantamiento y preceptos”. Me duele Catalina, mi mujer, pues tiene un espíritu débil, es posible que no se reponga de la pérdida. Juan Francisco Segundo es niño y entenderá. Santiago sigue siendo una sociedad de gente de bien, que no lo dejará en el desamparo. El muchacho llegará lejos, lo sé.
El siempre pérfido tucumano Bernabé Aráoz anduvo siempre luchando contra nosotros, llenó con mentiras la cabeza del General, quien, ciego de rabia mandó a buscarme, condenado ya, antes de oir siquiera mis razones. No importa, los caminos de la patria están repletos de muertes injustas como la mía y, quizás también como la de él, muerto también por una descarga de fusilería.
Han escrito: “Por caminos tucumanos cabalga un chasqui con el indulto que envía Manuel Belgrano, convencido de que debe perdonarlo porque, después de todo, la patria le debe algunos favores”. Pero es una leyenda, una vil patraña de quienes tratan de justificar al general. Me mandó a matar y no se arrepintió. Si no, sería intolerable para esta ciudad, más de cuatro veces y media centenaria, estar rodeada de toda una patria que lo recuerde como uno de sus mayores héroes.
Alguien ha dicho que un hombre condenado es todos los hombres condenados. Eso lo sé ahora. Llegué a la casa de unos amigos con la derrota en ancas, creyendo que al menos me prestarían un caballo mancarrón para comenzar la huida. En este momento no pienso en mi esposa ni en mi hijo, sino en la ingratitud de ese maldito que me entregó vilmente, a la partida que venía en mi búsqueda. ¿El nombre del traidor?, ¡qué importa! Bien podría haber sido el mismísimo Judas Iscariote, ponga usted los rostros que quiera a este relato, ya no importa.
¿Quién soy yo, pregunta? Juan Francisco Borges, hijo de Manuel Pedro Borges y María Josefa de Urrejola y Peñaloza. Caballero Cruzado de la Orden de Santiago.
Juan Manuel Aragón
A 14 de octubre del 2024, en Barranca Colorada. Tomando api con leche.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc14 de octubre de 2024 a las 7:50

    Sí. Es mejor no recordar el nombre de quien entregó a Juan Francisco Borges. Leandro Taboada, padre Antonino Taboada y Manuel Taboada, fue el traidor de un comprovinciano, pero no merece ser recordado.

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