Ir al contenido principal

1927 ALMANAQUE MUNDIAL Sacco y Vanzetti

Sacco y Vanzetti, los condenados

El 9 de abril de 1927, dos anarquistas italianos, Sacco y Vanzetti, son condenados a la silla eléctrica luego de un controvertido juicio: el debate sigue abierto


El 9 de abril de 1927 Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti fueron condenados a la silla eléctrica. Habían sido acusados de cometer un asesinato, en un controvertido juicio que se llevó adelante en Massachusetts, Estados Unidos, que resultó en sus ejecuciones.
El juicio fue por los asesinatos en South Braintree, Massachusetts, el 15 de abril de 1920, de F. A. Parmenter, pagador de una fábrica de calzado, y Alessandro Berardelli, el guardia que lo acompañaba, con el fin de asegurar la nómina que llevaban.
El 5 de mayo Sacco y Vanzetti, dos anarquistas italianos que habían emigrado a los Estados Unidos en 1908, uno zapatero y el otro vendedor de pescado, fueron arrestados por el crimen. El 31 de mayo de 1921 fueron llevados a juicio ante el juez Webster Thayer del Tribunal Superior de Massachusetts, y el 14 de julio ambos fueron declarados culpables por veredicto del jurado.
Socialistas y radicales protestaron por la inocencia de los hombres. Muchas personas sintieron que el juicio no había sido justo y que los acusados habían sido condenados por sus creencias anarquistas radicales y no por el delito por el que habían sido juzgados.
Todos los intentos de un nuevo juicio por motivos de identificación falsa fracasaron. El 18 de noviembre de 1925, Celestino Madeiros, entonces condenado por asesinato, confesó que había participado en el crimen con la banda de Joe Morelli. La Corte Suprema del estado se negó a anular el veredicto, porque en ese momento el juez de primera instancia tenía el poder final para reabrir un caso sobre la base de pruebas adicionales. Los dos hombres fueron condenados a muerte el 9 de abril de 1927.
Surgió una tormenta de protestas con mítines masivos en todo Estados Unidos. El gobernador Alvan T. Fuller nombró un comité asesor independiente con Pres. A. Lawrence Lowell de la Universidad de Harvard, Pres. Samuel W. Stratton del Instituto Tecnológico de Massachusetts y Robert Grant, que había sido juez. El 3 de agosto de 1927, el gobernador se negó a ejercer su poder de clemencia; su comité asesor estuvo de acuerdo con esta posición.
Las manifestaciones continuaron en muchas ciudades del mundo y se detonaron bombas en Nueva York y Filadelfia. Sacco y Vanzetti, aun manteniendo su inocencia, fueron ejecutados el 23 de agosto de 1927.
En la última declaración de Vanzetti ante el tribunal, el 9 de abril de 1927, dijo en parte: “Esto es lo que digo: no le desearía a un perro ni a una serpiente, a la criatura más baja y desdichada de la tierra, no le desearía a ninguno de ellos lo que he tenido que sufrir por cosas de las que no soy culpable. de. Pero mi convicción es que he sufrido por cosas de las que soy culpable. Sufro porque soy un radical y de hecho soy un radical. He sufrido porque era italiano, y de hecho soy italiano. He sufrido más por mi familia y por mi amada que por mí mismo; pero estoy tan convencido de tener razón que, si pudieras ejecutarme dos veces, y si pudiera renacer otras dos veces, viviría de nuevo para hacer lo que ya he hecho”.
La opinión sigue siendo dividida sobre si Sacco y Vanzetti eran culpables de los cargos o si fueron víctimas inocentes de un sistema legal prejuicioso y un juicio mal manejado. Algunos escritores han afirmado que Sacco era culpable. pero Vanzetti era inocente. Muchos historiadores creen, sin embargo, que a los dos hombres se les debió haber concedido un segundo juicio en vista de los importantes defectos del primero.
En el 50 aniversario de su muerte en 1977, el gobernador de Massachusetts, Michael S. Dukakis, declaró que Sacco y Vanzetti no habían sido tratados con justicia y que no se debería asociar ningún estigma con sus nombres. Era algo tarde.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

Entradas populares (últimos siete días)

NOMBRE El que decide no es el padre

Eufemiano y sus mujeres Una madre, una esposa y un cura terminan poniendo un nombre que acompañará toda una vida A último momento decidieron que si era varón se llamaría José Agustín, santo que les recordaba a parientes de ambos lados y, sobre todo, al que ya le estaban debiendo el nombre, porque en ambas familias habían sido muy devotos. También habían pensado cómo ponerle si era mujer, pero no viene al caso. No querían que su niño tuviera un nombre rubio y de ojos azules junto a un apellido morocho y español. Si le digo cuál es la época que más me gusta, le miento, porque en algunas cosas éramos muy crueles y las costumbres se han suavizado mucho, aunque ahora también haya cada cosa que a uno lo obliga a pensar en volver el reloj para atrás. No diga nada, ya sé que es imposible. Cuando nació, el 26 de abril de 1962, el hombre se fue al Registro Civil a anotarlo. Antes pasó por lo de su madre. “¿Cómo le van a poner?”, le preguntó. “José Agustín”. Pícara la vieja, le sugirió: “¿Por qué...

FAMILIA La tradición de la Virgen de la Montonera sigue viva en Santiago

María Mercedes Sotelo Se cuenta algo de la tradición de una vieja imagen de la Virgen de la Merced, llamada en Santiago de la Montonera El 26 de abril del 2015 se apagó la vida de María Mercedes Sotelo y su muerte pasó inadvertida también para algunos vecinos, que días después supieron de su fallecimiento. Era la cuidadora de la Virgen de la Montonera, antiquísima imagen de la Virgen de la Merced, custodiada en una pequeña capillita de estilo neocolonial, ubicada en Catamarca y 24 de Setiembre, en la capital de los santiagueños. Se cuenta que la Montonera le debe su nombre a que Antonino Taboada, puso bajo su protección las tropas que volvieron de la batalla del Pozo de Vargas, en abril de 1867. María Mercedes había recibido el mandato de la custodia de la imagen, de su bisabuela, Petronila Sotelo, bisnieta a su vez de la primera propietaria, Petronila Díaz, que a su muerte la dejó a su nuera Gertrudis Orellana de Sotelo. Agustín Chazarreta, hijo de don Andrés, el patriarca del folklor...

DESTINO La mujer equivocada

Mujer bajo la lluvia Un encuentro bajo la lluvia que confunde pasado y presente y deja abierta la duda de si alguna vez se conocieron Cuando la lluvia comenzó a insinuarse, primero pensé en refugiarme en una librería, pero la más cercana estaba a tres cuadras y calculé que no llegaba. Me metí en un bar. Hermoso, me dije, ver la lluvia a través del cristal, tomando un café. Pero, ¿ha visto lo que es el destino? Un instante después, llegó ella, apurada. Cuando dejó el paraguas en su silla, le incliné la cabeza y respondió. Tenía cara conocida. Me fijé que estábamos solos. Me acerqué a su mesa y le pregunté si podía sentarme. Respondió que sí. —¿Cómo andan tus cosas? —Bien, ¿y las tuyas? —respondió. Le conté que andaba de diez, que todo marchaba sobre ruedas, como debe ser. Como suele ocurrir, después de un intercambio de cortesías, nos quedamos callados. Entonces aproveché para preguntarle su nombre, porque no lo recordaba. —Lidia —me dijo y agregó su apellido. —¡Ah!, claro, Lidia —repus...

NARRACIÓN Una conversación interesante

Archivo, ilustración El paso de lo oral a lo escrito hace que se pierdan detalles de una historia que, de otra manera hasta haría reir Introducción. Muchas historias se han perdido para siempre porque viven en cómo las cuentan cuando se juntan los amigos en un bar cualquiera, en un asado, en un velorio. Si se las pasa al papel, se les va la gracia, es imposible transmitirlas con fidelidad, salvo que uno sea un gran escritor. Presencia. Antonio Pereyra y Roberto Llanos eran amigos. Solían juntarse los sábados, bebían y hasta se emborrachaban, pero poquito, no vaya a creer. Cuando se pasaban de copas, no hacían escándalos ni se daban al “tomo y obligo” ni molestaban con paradas de compadrito. Se quedaban en un rincón. De vez en cuando Antonio soltaba una sentencia: "Abril suele ser llovedor", decía. Y Roberto respondía: "Ahá". A eso le llamaban una conversación interesante. Elucidación. La vida ha llevado a que historias que antes eran mechadas con otras para ir dan...

La cogida y la muerte

Ilustración Federico García Lorca A las cinco de la tarde. Eran las cinco en punto de la tarde. Un niño trajo la blanca sábana a las cinco de la tarde. Una espuerta de cal ya prevenida a las cinco de la tarde. Lo demás era muerte y sólo muerte a las cinco de la tarde. El viento se llevó los algodones a las cinco de la tarde. Y el óxido sembró cristal y níquel a las cinco de la tarde. Ya luchan la paloma y el leopardo a las cinco de la tarde. Y un muslo con un asta desolada a las cinco de la tarde. Comenzaron los sones de bordón a las cinco de la tarde. Las campanas de arsénico y el humo a las cinco de la tarde. En las esquinas grupos de silencio a las cinco de la tarde. ¡Y el toro solo corazón arriba! a las cinco de la tarde. Cuando el sudor de nieve fue llegando a las cinco de la tarde cuando la plaza se cubrió de yodo a las cinco de la tarde, la muerte puso huevos en la herida a las cinco de la tarde. A las cinco de la tarde. A las cinco en Punto de la tarde. Un ataúd con ruedas es l...