Ir al contenido principal

1807. Nuevo jefe

Representación de la segunda invasión inglesa

Nota publicada en el diario El Liberal por el padre del autor de este blog

Por Juan Manuel Aragón
A la primera invasión inglesa la emprende sir Home Popham como una empresa casi personal, después de tomar el Cabo de Buena Esperanza. Seguramente con el visto bueno del primer ministro Pitt, que muere en aquellos días. Inglaterra sufría una posición difícil en su lucha contra Napoleón; Rusia buscaba atraer a España a una alianza contra los franceses; resulta, entonces, una imprudencia tomarlos como enemigos a los españoles. Pero el comercio inglés, con Europa bloqueada, necesita con urgencia nuevos mercados y toda la América española les resulta demasiado apetecible. En caso de que Popham fracasara Inglaterra podría desvincularse de una simple aventura piratesca.
Pero Béresford tiene un triunfo fácil, y su noticia, más la exhibición de los tesoros saqueados, despierta una notable alegría en el pueblo, un alivio en el comercio y optimista entusiasmo en el nuevo gobierno del partido whig, liberal. Una fuerza de 4.000 hombres se pone al mando del general Craufurt y del almirante Murrey y se le encomienda ir a la conquista de Chile. Esperan que sus fuerzas sean bien recibidas, según los informes de sus es-pías y el éxito obtenido en Buenos Aires, lo que vendría a confirmar -así lo esperan ellos -las fantasías con que Miranda durante años ha tratado de engatusarlos: que los americanos preferiríamos la dominación inglesa a la española.
Los ingleses se disponen a fomentar el comercio con el Perú, como medio de convencer a los pueblos de las ventajas de ser gobernados por ellos, y se le encarga a Arturo Wéllesley (futuro duque de Wéllington) que estudie la posibilidad de invadir Méjico.
Cuando les llega la noticia de la Reconquista de Buenos Aires ya están demasiado embalados para retroceder. Han venido para aquí varios barcos con mercaderías y hasta se ha organizado un envío de artesanos en un buque a fletar por el gobierno: hay albañiles, carpinteros, zapateros, sastres y modistas dispuestos a afincarse en la nueva posesión.
Popham ha quedado con su escuadra en la boca del río, y hace venir del Cabo un ejército al mando del teniente coronel Backhouse que toma Maldonado, esa ciudad de doradas playas a cuya Punta del Este en la actualidad acuden los nuevos ricos a exponer su piel ante el sol y los fotógrafos.
Pero Popham ya no está aquí; ha debido volver llamado por su gobierno para dar cuenta de su fracaso. Lo reemplaza Stírling con el apoyo de las tropas que Samuel Achmuty había traído para sostener a Béresford, antes de conocer su rendición.
De manera que ese verano de fines de 1806 y comienzos de 1807 es de grandes preparativos. Aquí por supuesto, los hombres se incorporan a los distintos cuerpos que se están creando y que compiten en asimilación del aprendizaje, en ardor y en adhesión a la patria. Los ingleses van agrupando fuerzas; los preparados para ir a Chile vienen aquí a juntarse con los ejércitos de Auchmuty y de Backhouse. El 7 de febrero de 1807 el gobierno inglés lo designa jefe de todas estas fuerzas, que suman 12.565 hombres, al general Juan Whitelocke.
Este jefe supremo se embarca el 9 de marzo y el 10 de mayo estará aquí, listo para la guerra al frente de tropas numerosas, valientes y veteranas. Mejor. Las magníficas condiciones del ilustre enemigo harán más meritorio nuestro triunfo.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

Entradas populares (últimos siete días)

ENTREVISTA Alfredo Peláez

En una foto de hace poco El hombre que empuja la cultura de Santiago del Estero: cómo y por qué creó “Patio santiagueño”, el periodismo, su relación con Reutemann Un día, cuando supo de las redes de internet, al santiagueño Alfredo Peláez se le ocurrió armar un sitio para reunir a los amigos y desconocidos en un solo abrazo de recuerdos, anécdotas, cuentos y narraciones que los abarcara a todos. Creó “Patio santiagueño”, en Facebook , que tuvo un éxito casi instantáneo y la cultura del pago pegó un salto hacia adelante. Era lo que, sin saberlo, los amigos andaban buscando . Desde entonces Peláez es un embajador cultural informal de Santiago del Estero, en la lejana Mar del Plata. Pero, quién es Peláez, por qué construyó un lugar para que los santiagueños de todo el mundo se encuentren a compartir un mate a la sombra de un algarrobo, en el pago querido, sintiendo quizás los mismos sonidos de su juventud. La entrevista que sigue intentará develar el misterio. Nació el 30 de junio de 19...

PALABRAS Un hombre bueno

El Ñato y su hija Cecilia Ayer murió Julio César Fraguas, conocido como el “Ñato” y, como se acostumbra ahora, en el velorio su hija María Eugenia leyó unas palabras para recordarlo. Nuestras familias vienen siendo amigas desde siempre —Magen, Julio, Cristina, Cecilia y la Luqui— son por siempre hermanos de mis hermanos y míos también y alguna vez el Ñato me alcanzó un consejo oportuno que siempre agradecí. Abajo, lo que dijo la Magen. JMA Por María Eugenia Fraguas “Aquí estoy porque he venido, porque he venido aquí estoy, si no le gusta mi presencia, como he venido me voy”, “me duele el aire, el corazón y el sombrero” respondía parafraseando a Lorca cuando le preguntábamos qué le dolía. Esas son de las últimas frases o versos que repetía papá. Me pareció lindo contarles quién fue mi papá, porque muchos de los que están aquí nunca lo conocieron o lo conocieron poco. A papá le gustaba recitar estrofas sueltas de poemas, eso lo heredó de mi abuela María Sara y entonces “cultivo una rosa ...

MUJER Un día que no existe

Mujeres El portal Info del Estero levantó una nota de Ramírez de Velasco de hace varios años sobre la falacia de la fábrica que se incendió con mujeres adentro. Contra el discurso cultural de la actualidad, la verdad debe imponerse siempre. Y es la que los lectores de este blog ya leyeron hace tiempo y ahora pueden recordar aquí. https://infodelestero.com/2026/03/08/1908-almanaque-mundial-ni-huelga-ni-incendio/

LEYENDA No cuenten nada en el Cielo

El parque de tarde Cuando San Pedro anduvo por Santiago recorrió templos, oyó chacareras y dejó secretos que nadie se anima a confesar Dicen que un día que no tenía nada que hacer, San Pedro vino a Santiago. Al principio creyeron que era San Francisco Solano, porque tenía barba y usaba sandalias gastadas. Y él les avisó quién era. Lo llevaron para que conozca la ciudad, su gente, sus mujeres. Le mostraron cómo se acompaña una chacarera con el bombo y cómo era el zapateo bien cepilladito. Anduvo recorriendo los humildes templos del lugar. Se asombró porque justo hubo una crecida del Dulce, que trajo el agua hasta la Catedral. Visitó gente del centro y de las afueras, estuvo en el bello pueblo de Huaico Hondo, que entonces no tenía calles ni negocios y era un caserío disperso y conversó amablemente con los vecinos. Calculan los memoriosos, que debe haber sido a principios del 1900 o quizás fines del siglo XIX, cuando ninguna casa llegaba a los dos pisos. La ciudad terminaba en lo que hoy...

ESPANTO El Petiso del bajo

Ahora es un lugar cualquiera Una sombra del Bajo de Sol de Mayo que sobrevivió al progreso y todavía inquieta a quienes cruzan de noche Cuando el mundo era joven el espanto más conocido del pago sabía ser el Petiso del bajo de Sol de Mayo, cerca del Bobadal. Crecían altos quebrachos que acariciaban el techo de los camiones y hacían silbar el viento al raspar las ramas. Temor de grandes y chicos. Uno iba llegando y se ponía más fresco y húmedo, de un lado el rusal de los Hernández, del otro, el bosque umbrío, cerrado y solo. Miguel Llodrá lo alcanzó a ver una vuelta, viniendo de allá, “un aleteo”, según contó, que casi lo volteó, taloneó el flete y salió a la vareada, según contaría más tarde, con los hombres solos, alrededor del fuego, en la casa de Matías. Dice que en una de esas se dio vuelta para ver si lo había perdido, y observó que lo llevaba en las ancas. Estaba nervioso, y no sabe de dónde sacó fuerzas para darle un empujón. El bicho se cayó del caballo dando chillidos. Alguien...