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202 a.C. ALMANAQUE MUNDIAL Zama

Batalla de Zama

El 19 de octubre del 202 a.C., cerca de Cartago, Escipión el Africano derrota a Aníbal Barca en la Batalla de Zama

El 19 de octubre del 202 a.C., en las cercanías de Cartago, Escipión el Africano derrotó a Aníbal Barca en la Batalla de Zama, poniendo fin a la Segunda Guerra Púnica. Las fuerzas romanas, con 40.000 hombres y aliados númidas, enfrentaron al ejército cartaginés de 50.000 soldados y 80 elefantes. Escipión empleó tácticas innovadoras para neutralizar a los elefantes y desorganizar las líneas enemigas. La caballería númida, liderada por Masinisa, resultó decisiva. Aníbal, debilitado por la falta de recursos, huyó tras la derrota. La batalla marcó la supremacía romana en el Mediterráneo occidental.
En el 218 a.C., Aníbal cruzó los Alpes con un ejército y elefantes, iniciando la Segunda Guerra Púnica. Sus victorias en Trebia, Trasimeno y Cannas devastaron a Roma. Durante 16 años, dominó Italia, pero no logró tomar la capital. Roma, bajo el liderazgo de Fabio Máximo, adoptó una estrategia de desgaste, evitando enfrentamientos directos.
Escipión, tras vencer a los cartagineses en Hispania, planeó llevar la guerra al África. En el 204 a.C., desembarcó cerca de Utica con 30.000 hombres. Derrotó a los ejércitos cartagineses en varias ocasiones, forzando a Aníbal a regresar de Italia en el 203 a.C. para defender Cartago. Las negociaciones de paz fracasaron, y ambos ejércitos se prepararon para un enfrentamiento final.
El 19 de octubre del 202 a.C., los ejércitos se encontraron en la llanura de Zama, a 130 kilómetros de Cartago. Aníbal alineó 50.000 hombres, incluyendo infantería, caballería y 80 elefantes. Escipión dispuso 40.000 soldados, con legiones romanas y caballería númida liderada por Masinisa. La llanura ofrecía un terreno favorable para maniobras tácticas.
Aníbal abrió la batalla lanzando sus elefantes contra las líneas romanas. Escipión, anticipándose, organizó su infantería en pasillos abiertos, permitiendo que los elefantes pasaran sin causar daño. Los trompeteros romanos hicieron sonar cuernos, desorientando a las bestias, que se volvieron contra sus propias filas. La carga inicial cartaginesa quedó desorganizada.
La infantería romana avanzó en tres líneas: hastati, principes y triarii. Aníbal dispuso a sus mercenarios y levas en la vanguardia, reservando a sus veteranos de Italia para la retaguardia. Las primeras líneas cartaginesas cedieron ante la presión romana. Escipión mantuvo la disciplina de sus tropas, evitando el caos en el centro del campo.
La caballería númida de Masinisa, aliada de Roma, superó a la caballería cartaginesa. Tras derrotarla, persiguió a las fuerzas enemigas fuera del campo. La ausencia de caballería dejó vulnerable el flanco de Aníbal. Escipión reorganizó sus legiones en una sola línea, atacando directamente a los veteranos cartagineses.
Los veteranos de Aníbal resistieron ferozmente, pero la infantería romana mantuvo la presión. La caballería de Masinisa regresó al campo, atacando la retaguardia cartaginesa. Rodeados, los soldados de Aníbal fueron masacrados. Las bajas cartaginesas alcanzaron los 20.000 hombres, mientras Roma perdió cerca de 2.500.
Aníbal escapó del campo de batalla con un pequeño grupo de seguidores. Se refugió en Hadrumetum, a 150 kilómetros de Zama. Escipión capturó a miles de prisioneros y saqueó los campamentos cartagineses. La derrota obligó a Cartago a negociar la paz.
En los días siguientes, Cartago solicitó un armisticio. Escipión impuso condiciones estrictas: la entrega de la flota, el abandono de territorios fuera de África y el pago de tributos. La batalla consolidó el poder de Roma en el Mediterráneo.
El enfrentamiento en Zama marcó el fin de la campaña africana. Escipión regresó a Roma, donde fue recibido como héroe. Aníbal, derrotado, se exilió años después. La batalla cerró un capítulo de 16 años de guerra entre Roma y Cartago.
Ramírez de Velasco®

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