"Pensión", de Raúl Cisterna Anécdotas de mi vida errante, lo que perdí en el camino y aquello que ninguna mudanza consiguió llevarse Es dato recontra sabido que una casa de pensión, al menos en Santiago, es una pequeña selva con las mismas leyes que rigen en el África: cada cual atiende su juego y el último no pasa ni a palos. A veces el primero tampoco. O ninguno, báh, para que vamos a decir una cosa por otra. En esas casas fui dejando jirones de una biblioteca que nunca llegué a completar del todo. Entre los textos que se me fueron, recuerdo “La Pampa”, de Alfredo Ebelot, inhallable, de tapa dura, del que extraño sus hermosas ilustraciones. Un amigo me lo pidió para leerlo. A los meses, cuando se lo solicité, me negó el préstamo en la perra cara. En ese tiempo andaba con lo puesto más una muda de ropa que llevaba en un bolso. De una pensión me fugué una noche por la ventana, sin pagar. A todos los pensionistas nos querían cobrar sin prorratear la boleta de la luz. Quedaron ...
Cuaderno de notas de Santiago del Estero