Ir al contenido principal

LEIDO PARA USTED Ley Natural

Dios y el hombre

Por Tomás Salas

Nota en Infovaticana
Hace unos meses saltó a los medios y las redes el caso del grupo de guardias civiles y policías que cambiaron legalmente su género, pasando a ser, a efectos legales, mujeres. Esto ocurrió sin que hubiera un aparente cambio en sus estilos de vida ni en sus aspectos ni siquiera en sus nombres.
Lo que parece anécdota y típico tema de tertulias televisivas, es, sin embargo, un caso que plantea graves cuestiones. Graves, en el presente, pero, sobre todo, en un futuro que cada vez vemos más inmediato.
La primera cuestión que queda planteada (o el primer nivel en el que podemos considerar el fenómeno) es la jurídica. Se trata de un caso que lleva al extremo el llamado Positivismo Jurídico, opuesto al Iusnaturalismo. Esta conducta es posible porque la ley lo permite. La justificación de la ley es la ley misma, sin que sea necesario un elemento extrajurídico en el que apoyarse. Así el sistema jurídico es plenamente formal: si los requisitos exigidos para su generación se han cumplido, la norma es legal y cualquiera puede acogerse a ella.
Hay un segundo aspecto en esta cuestión que es el moral. La conducta humana deja de esta sometida a unas normas morales o, en su caso, religiosas, para ser fruto de una libertad sin límites (sin otro límite que la libertad de los otros, como dice el tópico). La libertad aquí la concebimos, en su sentido más primario, como capacidad de hacer lo que deseo. Esta capacidad no sujeta a normas o valores, no limitada por ninguna cortapisa, ajena a objetivos, incapacitada para la renuncia y al autocontrol, se convierte en una especie de fuerza ciega que actúa en el vacío. Es la voluntad de cada uno el supremo (el único) criterio que rige la conducta humana. El deseo crea el derecho. La voluntad de una persona puede elegir el género. ¿Por qué no? Si no hay una Ley Natural, externa a nosotros, que lo determina, ¿qué obstáculo hay para que el deseo juegue el papel de la Ley Natural?
Y hay un tercer aspecto, que normalmente se olvida, el político. En una comunidad en la que el deseo rige la norma, se produce un enorme vacío, que termina produciendo cierto vértigo. Todo en el universo, especialmente el hombre, sufre el horror vacui. ¿Quién termina llenando este vacío, asumiendo este papel? Pues no puede ser otro que el Estado y, en última instancia, el Poder y la ideología y valores que éste fomenta. El Poder termina determinando la Ley Natural. El hombre, huérfano de certezas, no ya religiosas, sino morales, de costumbres, de convenciones, vuelve su mirada a lo único cierto, que puede servirle de asidero en este mar proceloso de incertidumbre: el Estado. Éste le dirá lo que tiene que hacer, pensar y sentir. Lo que parece la absoluta libertad se convierte, así, en totalitarismo.
El Estado moderno, desde su nacimiento, no ha hecho sino crecer y aumentar su campo de acción. Pocos y recónditos son los rincones donde no llegan sus tentáculos. En esta situación de relativismo (pluralidad de verdades, de valores, de opciones) que deriva en nihilismo (no hay verdad, no hay Ley Natural), él ocupa este espacio vacante. Estado y Verdad se convierten en sinónimos.
©Infovaticana

Comentarios

  1. En varias oportunidades anteriores en otros intercambios motivados por los temas que propone este espacio, se ha mencionado cómo la sociedad cae en la trampa de los problemas generado por el sistema, ante los cuales el mismo sistema (estado) se apura a erigirse como la mejor alternativa de solución.
    El resultado es que la sociedad se vuelve estado-dependiente y termina considerando que es el estado el que tiene que solucionar todo.
    El rechazo de muchos sectores a la propuesta del actual gobierno de salirse de todo ese control (desregulación), y devolver a la sociedad la libertad (y responsabilidad) de manejar sus asuntos, muestra lo críco de la dependencia de la sociedad en ese aspecto, luego de generaciones que nunca conocieron otra cosa.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares (últimos siete días)

LENGUA Las palabras de los negros

"Africanos en América", acuarela de Raúl Cisterna Del quilombo al chongo, decenas de africanismos sobreviven en la argentina mucho después de la esclavitud El idioma de los africanos se coló en estos pagos de la mano de los esclavos traídos al Río de la Plata en los siglos XVIII y XIX, sobre todo de Angola y Congo, vía Brasil o el Uruguay. Muchas palabras entraron al lunfardo y se popularizaron en el habla diaria. Hay estudiosos e instituciones especializados en el legado afro-rioplatense que estiman en cientos los africanismos que desembarcaron en estas tierras, aunque no todos son de uso cotidiano hoy. Vamos entonces por unas cuantas palabras que los argentinos usamos, quizás sin saber su origen. Es una lista que ojalá lo sorprenda, amigo, y le dé una cabal idea de la mestización cultural lograda también con quienes llegaron en la triste condición de esclavos. Una expresión que usted ha oído o dicho alguna vez es: “Qué lindo quilombo que se armó”. Es una palabra con varias ...

JUDÍOS El odio está de moda

Manifestación antijudía en Montreal, Canadá Las redes sociales disfrazan prejuicios, indignación moral y militancia humanitaria contemporánea Algo ridículo y peligroso ocurre con el antisemitismo: mucha gente se siente moralmente superior y repite prejuicios antiquísimos con lenguaje nuevo. No hablan de “razas inferiores”, conspiraciones financieras o panfletos delirantes. Comparten un meme, un vídeo, una frase indignada sobre Gaza y creen que están en el bando de los buenos. En la Argentina, además, el fenómeno tiene algo superficial. La mayoría de quienes despotrican contra “los judíos” no sabe nada del conflicto de Oriente Cercano. Confunden judaísmo con sionismo, religión con nacionalidad y gobierno con pueblo. Repiten eslóganes de internet y te miran desde arriba como si recién llegaran de una cumbre diplomática en Jerusalén. Algunos son incapaces de ubicar Gaza en un mapa. Y hablan del conflicto con la seguridad de un experto militar. La guerra produce horror. Nadie decente goza ...

RECUERDOS El paisaje y el hombre

"Tizón, trebe y pava", fotografia de Jorge Llugdar Siempre se vuelve sobre sabores, sonidos y afectos que parecían comunes hasta que desaparecieron ¿Ha probado el guiso de torcaza, amigo? ¿Sabe de qué se trata la felicidad? ¿Alguna vez anduvo cerca de los límites de esa sensación tibia y engañosa que le agarra siempre después del amor? ¿Qué nombre excelso tiene la vida después de un guiso de cabrito y un plato de mazamorra? ¿Y entonces dónde queda la leche con calabaza? ¿Y los besos de esa mujer? ¿Ha dormido la siesta en catre de tiento y jerguillas, a la sombra del paraíso japonés, sin que le importe si el mundo sigue en vigencia o se ha venido abajo? ¿Le ha salido del alma la expresión “si esto es la guerra que la paz no vuelva nunca”? ¿Qué hay del mate de después de sestear?, ¿se ha percatado de que tenía un sabor distinto cuando estaba con ella? ¿Ha visto las cabras volviendo al chiquero por las tardes? ¿Se acuerda del sabor de la algarroba?  ¿Podría abarcar el azul del C...

Don Belianís de Grecia a Don Quijote de la Mancha

Ilustración Miguel de Cervantes y Saavedra Rompí, corté, abollé, y dije e hice más que en el orbe caballero andante; fui diestro, fui valiente y arrogante, mil agravios vengué, cien mil deshice. Hazañas di a la fama que eternice; fui comedido y regalado amante; fue enano para mí todo gigante, y al duelo en cualquier punto satisfice. Tuve a mis pies postrada la Fortuna y trajo del copete mi cordura a la calva ocasión al estricote. Mas, aunque sobre el cuerno de la luna siempre se vio encumbrada mi ventura, tus proezas envidio, ¡oh, gran Quijote! Ramírez de Velasco®

MEMORIA El perdido mundo de las noticias

"Redacción", acuarela de Raúl Cisterna Descuajeringado retrato de una profesión precaria, poderosa y caótica que sobrevivía gracias al oficio y al idealismo Hoy se festeja en la argentina el día de los periodistas. Usté disculpe, pero esta será una nota medio descuajeringada, sólo para que tenga destellos de ese trabajo. Antaño era un tipo que muchas veces tenía este oficio como segundo empleo, mal pago, precario y con una alta dosis de idealismo. Antes de que las academias de comunicación social intentaran lavarle la cara, convirtiéndolo en una profesión descafeinada, el cronista tenía que batallar en varios frentes. En la calle debía adelantarse a otros que estaban buscando lo mismo, de policiales a política, pasando por espectáculos o sociales. Después, al volver a la redacción, quizás convencer a un jefe de su relevancia. O hablar con el dueño, cuyos intereses eran contrarios a la información. Qué problema. También importaba dónde ubicar el artículo. No era lo mismo arrib...