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LECTURAS La colonización cultural

Las Vidas Paralelas de Plutarco

En algunas ocasiones, como se verá a continuación, un clavo saca a otro clavo, aunque haya que ingeniarse

Algo debían hacer para que no siguiera comiéndoles la mente como solía. Cuando quería, aparecía por delante para mostrarles la superioridad con que lo aureolaba una gloria que volaba entre lecturas mal hechas y peor comprendidas. A su tata no le gustaba: decía que era parte de una campaña de colonización cultural. “Si quieren ser buenos cuando grandes, métanse con el Quijote, con el Martín Fierro o, aunque más no sea, con ese remedo de gauderios falaces, con perfume del río Sena, que es el Segundo Sombra; pero lárguenlo a ese”, advertía. Mucho no le entendían entonces, pero hoy, al recordar sus palabras, sostienen que quizás tuviera razón.
Ya se sabe: a los chicos, acostumbrados a los cuentos infantiles, les encantaban las historias en que ganaban los buenos y perdían los malos. Advertían, además, que las hadas eran hadas porque lo eran, sin explicaciones. Con éste había que hacer un larguísimo trabajo de esclarecimiento para indicar por qué era lo que era: sus orígenes y todo el resto, en ese lugar ficticio que tanto les fascinaba.
Ahora se dan cuenta de que esas lecturas les carcomían el cerebro y que mucho mejor era estudiar la lección para la escuela. Los acompañó durante toda la infancia. Hoy, cuando lo ven en sus cruceros y naufragios en el mar de internet, les da algo de nostalgia.
El asunto es que, cuando se quisieron librar, no los dejaba ir. Los tenía de tal modo atrapados en sus maravillosas historias, que no sabían cómo despacharlo, cómo hacerlo a un lado de su vida. Por más que intentaban expatriar su presencia, los acompañaba en la escuela, en las vacaciones en el campo, en las interminables conversaciones en la vereda.
Un día se lo planteó a su tata. Dijo que pensaría una solución para librarlos de aquel mal. Al tiempo llevó a la casa un paquete con libros: eran las Vidas paralelas de Plutarco, la colección más maravillosa que puede leer un niño de 12 años. Fue la puerta de entrada al mundo del Quijote, el Martín Fierro, Franz Kafka, Ignacio Anzoátegui, Jorge Wáshington Ábalos.
Tuvo el mismo efecto que la kryptonita verde. No volvieron a leer Súperman.
Juan Manuel Aragón
A 12 de septiembre del 2025, en Choya. Jugando a las bolitas.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Pensé que te referías al libro de 1er grado Evita, que más o menos producía el mismo efecto.

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