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FÚTBOL Nuevos dioses de la intrascendencia espiritual

Ante cientos de miles de argentinos

“Ya no importa ni siquiera la alegría colectiva que produjo cuando el equipo ganó el último partido, todos quieren tocarlo, mirarlo”


Cuando falta la noción de trascendencia, más que volverse intrascendente, el hombre sale a buscar sus propios dioses en el mundo que lo rodea. Es como si la dimensión espiritual estuviera incompleta y con algo hay que perfeccionarla. No importa si ese algo es Lionel Messi, el teléfono móvil, el feminismo, el amor por los perros, cualquier cosa es mejor que andar con la mochila vacía.
Los nuevos objetos de culto son tomados sin beneficio de inventario y su creencia en ellos resiste cualquier crítica desde una fe de conversos que no acepta cuestionamientos ni se razona ni, mucho menos, se discute. En estos días se observa un endiosamiento de Lionel Messi, más propio del que merecería un ángel bajado del Cielo que de un simple mortal, por más buen jugador de fútbol que sea. El teléfono celular es ya una extensión del cuerpo humano, con él se come, se piensa, se duerme, a él se le consulta desde cuándo va a llover hasta qué quiere decir exactamente la palabra “catarsis”. El feminismo es un moderno culto a la mujer por el solo hecho de serlo, sin posible discusión. Y los perros fungen como hijos perfeccionando las familias sin niños.
Miles de micro religiones, pequeñas creencias, nuevos dogmas, impregnan la civilización y le imponen un sello particular a todo el resto. La mayor parte de ellos son solamente frases prefabricadas, al estilo de “no comer nada que tenga ojos”, “creo que no es verdad lo que dices, pero respeto tu pensamiento”, “a nadie le importa lo que haga con mi propio cuerpo”. Agregue usted, si quiere, tres o cuatro más y verá que son todas contundentes mentiras.
Ese vacío de la vida de muchos fue completado en la Argentina, al menos en el último tiempo, por Lionel Messi, quizás a su pesar, pues no tiene cómo dar un paso por la calle, sin que una multitud enardecida lo rodee buscando una fotografía con el ídolo. Cada gesto suyo es repetido hasta el empacho por todos los medios de comunicación, desde sus goles hasta la manera en que come gelatina o su yerba mate preferida. Su vida es escrutada con pasión religiosa por cientos de periodistas que no dejan pasar ninguna ocasión para comentar cada una de sus actividades.
Algunos medios de comunicación, periodistas, cronistas, editorialistas, aplauden con ganas la pleitesía que le rinden los argentinos y afirman que partidos amistosos como los que juega por estos días, son actos de coronación en su país, de la Copa del Mundo que consiguiera hace unos meses en Qatar.
Ya no importa ni siquiera la alegría colectiva que produjo cuando el equipo ganó el último partido, todos quieren tocarlo, mirarlo, fotografiarse con él, que les sonría, que los mire. Nadie juntó tanta gente en las calles de la Argentina, ni Perón en su regreso a la Argentina ni los funerales de Yrigoyen ni la visita del Papa Juan Pablo II ni ninguna otra manifestación de alegría por algún hecho feliz o infausto de la historia reciente o lejana.
Expresiones como “alegría infinita”, “eterno agradecimiento”, “gloria por siempre” se oyen para nombrar a 11 jugadores de fútbol, llevados a la categoría de dioses por millones de personas que no dudan, en tiempos en que la televisión acerca todo, en salir a la calle o recorrer distancias enormes para solamente mirarlos de cerca, quizás tocarlos o siquiera ser rozados sin querer por alguno de ellos.
Inmersa en una lógica democrática la Iglesia Católica nada dice de estas manifestaciones de fe paganas, no vaya a ser que la plebe se enoje aún más con ella y la terminen de abandonar ofendidos y sintiéndose injuriados. Multitudes se mandaron a mudar hace mucho, otros ni siquiera muestran los templos a los hijos, la ignoran y le tienen mucho menos respeto que a la biblioteca popular del barrio.
Las misas son simples recordaciones, gestos que evocan vagamente la vida de Jesucristo. Bautismos, confirmaciones, comuniones, casamientos se han convertido en excusas de acontecimientos sociales vaciados de contenido, la Cuaresma es una buena oportunidad de comer más pescado, ¿era los viernes u otro día?, cualquier cura le dirá que no interesa, lo que importa es sentirla aquí, ¿ve?, en el pecho, la Pascua se celebra el sábado a la noche y sirve para las roscas, los huevos, los conejos de chocolate. A quién le importa qué se festeja.
Otros dioses totalmente humanos han desplazado para siempre al catolicismo, al menos en este país, en un fenómeno que durará muchos años, si no es para siempre. Quienes lo tomaron como enemigo, como los masones, cumplida que estuvo su misión, se dieron el lujo de disolverse en el aire, hoy sus postulados son el pan nuestro de cada día de la cultura, la política, la ciencia, las artes, el lenguaje.
No es raro entonces el fenómeno argentino, de millones de personas adorando un equipo de fútbol como si los jugadores fueran dioses. El vacío creado a propósito por la Iglesia Católica, evacuó los templos, expulsó a cientos de miles de fieles que quedaron a la intemperie, desamparados, cuando la Iglesia Católica dijo que lo más importante era ser bueno, no creer en los diez mandamientos, sólo si eras bueno, tenías merecido el Cielo. ¿A qué ir a misa, confesarse, comulgar, casarse, bautizar los niños, si con portarte bien alcanza y sobra?
Nuestro Señor Jesucristo fue reemplazado, más temprano que tarde con dioses humanos a quienes se atribuyen milagros, acciones fabulosas, hazañas increíbles, proezas inolvidables, gestas con cantares inmortales y ya clásicos (¡muchaaachos…!) y la conciencia colectiva de estar viviendo una novela épica contemporánea que nos hará dichosos de haber vivido en este tiempo y no en otro cualquiera de la historia.
Escrito en Santiago del Estero, la madrugada del 24 de marzo, día de Santa Catalina de Suecia.
©Juan Manuel Aragón


Comentarios

  1. Brillante. Guardaré esta columna como una de las piezas literarias más profundas de contenido que he leído.

    ""Cuando una persona deja de creer en Dios, no es que ya no crea en nada, sino que empieza a creer en cualquier cosa"
    G. K. Chesterton

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  2. "la pucha con el hombre....."

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