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INVENTOS Del horno móvil a los bandeños

Horno móvil

Qué ideas originales y trascendentes tuvieron los santiagueños, cómo influyen en la vida diaria y quiénes son sus autores reales o presuntos, sería la consigna a responder


El más formidable invento de los santiagueños, al menos de cincuenta años para aquí, es el horno móvil, que llevó las empanadas de los barrios al centro de la ciudad, y permitió a decenas de familias ganarse la vida en forma decente. Otro invento que, si no es santiagueño, raspando le pasa, es el chupín de bagre, que conserva en su propio jugo los sabores de este emblemático pescado y es flor del aroma de los barrios ribereños cuando el hambre aprieta las familias humildes.
Hasta hace un tiempo circulaban versiones —y acaloradas disputas— acerca de quién ideó el primer horno móvil y lo construyó: la verdad es que no importa porque quien fuera que haya sido, sabía que no pasaría mucho tiempo hasta que le nacieran alas, era cuestión de que alguien lo mirara un rato y tomara la decisión de copiarlo. La única posibilidad de patentarlo como invento se habría dado si no hubiera estado inventada la rueda.
Algo similar sucede con los inventos gastronómicos, pues son fácilmente copiables, basta con que se descubra de qué se hizo un guiso, cuáles fueron los procedimientos usados y cuánto tiempo estuvieron cocinándose para que esa receta de la abuela, guardada celosamente en la casa, pase al dominio público. Dicen que se llaman “inventos de baja tecnología”, en fin.
Otra idea maravillosa de los cocineros de la modernidad es el famoso y nunca bien ponderado matambre a la pizza que alegra los domingos y fiestas de guardar de quienes en estos aciagos tiempos se dan el lujo asiático de tirar carne a la parrilla, como se decía antes, cuando cualquiera compraba lo necesario para agasajar a la familia los fines de semana con un humilde asado dominguero. Ahora, maimanta.
Un invento original de los santiagueños es el quichua overito, que mezcla palabras de ese idioma con el español que entienden todos en este país. Lucho Pajón, que sabía ser ordenanza del Tribunal de Faltas Municipal, quichuista de cerca de Loreto, cuando le pedían que cuente en quichua recitaba: “suj, ishcay, quimsa” y agregaba: “Después es igual que en la Castilla”. Si le preguntaban: “Lucho, ¿cómo se dice chango en quichua?”, se quedaba pensando un rato y respondía: “No hay”.
Es decir, lo overo del quichua no es el invento de los folkloristas, sino que está presente, de manera casi subrepticia en el habla cotidiana de los santiagueños. Al toparse se saludan con un “qué tal purinqui”, quizás sin saber exactamente qué quieren decir. Y si son atacados a traición, por detrás, indican: “Me han upallao los del otro cuadro” y tampoco van a acudir al maravilloso diccionario de Domingo Bravo para ver si usaron bien las palabras.
Cuando se hace una lista de los inventos santiagueños, jamás deben faltar los bandeños, esos otros nosotros que andan por el mundo diciendo que son algo así como extraterritoriales, una ínsula de Barataria en la estepa provinciana, sá fieros.
Tienen la mala suerte de elegir inútiles cada vez peores como intendentes, y por eso, de sus bellas y arboladas calles, sus veredas con malvones, sus jardines cuidados, sólo queda un recuerdo asombroso. La convirtieron en una ciudad dormitorio, con calles plagadas de inmensos cráteres, suciedad por todas partes, descuido, perros vagabundos, dejadez y mugre como parte de un paisaje oscuro y maltrecho. Pobre gente.
Abajo hay sitio para que agregue más inventos santiagueños que quedaron sin figurar en esta nota. Anímese y participe, diga qué piensa, no tenga miedo, sáquelo afuera y no se quede atragantado. Sus hijos lo agradecerán. Y yo.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc16 de marzo de 2023 a las 9:08

    Muy bueno. Me ha gustado mucho el artículo. Diría que un invento santiagueño es el de llamar pastel a la empanada frita, pero me han dicho que también dicen así en Mendoza; chaina nincu (así dicen).

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  2. La Bilz Secco, cuya fórmula fue inventada por Virgilio Decco.

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  3. La expresión "Chaaan....go" (esta última sílaba al final expresada casi en un susurro), usada como interjección para denotar pena, admiración, sorpresa o sentimientos similares

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