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2011 ALMANAQUE MUNDIAL Fukushima

La planta nuclear de Fukushima, desde un satélite

El 11 de marzo del 2011 es el accidente nuclear de Fukushima después de un terremoto que desencadenó un devastador tsunami en la costa noreste de Japón

El 11 de marzo del 2011, fue el accidente nuclear de Fukushima. Ocurrió a las 14:46 en la central nuclear de Fukushima I, después de un terremoto de magnitud 9 en la escala sismológica de Richter, lo que desencadenó un devastador tsunami en la costa noreste de Japón. La central, operada por Tokyo Electric Power Company, albergaba seis reactores de agua en ebullición, construidos entre 1971 y 1979.
El terremoto de Tōhoku, con una magnitud de 9, fue uno de los más grandes jamás registrados en Japón. Su epicentro se ubicó a 70 kilómetros de la costa de la prefectura de Miyagi, a una profundidad de 32 kilómetros. El tsunami resultante alcanzó alturas de hasta 40 metros y medio en algunas áreas, superando con creces las defensas costeras de la planta nuclear, que solo tenía un dique de contención de 5 metros con 70 centímetros de altura. El tsunami inundó los terrenos de la planta, afectando principalmente a las unidades 1 a 4.
Al detectar el terremoto, los reactores activos se apagaron automáticamente, deteniendo las reacciones de fisión. Sin embargo, el calor residual seguía presente, requiriendo refrigeración.
El terremoto había dañado las líneas de suministro eléctrico externo, y aunque los generadores Diésel de emergencia se activaron, el tsunami los inutilizó al inundar los sótanos donde estaban, causando una pérdida crítica de refrigeración.
La falta de refrigeración llevó a la fusión del núcleo en las unidades 1, 2 y 3. Entre el 12 y el 15 de marzo, ocurrieron explosiones de hidrógeno en estas unidades debido a la acumulación de gas de hidrógeno, pero no hubo explosiones nucleares, ya que el combustible nuclear en estos reactores no está diseñado para alcanzar el punto crítico necesario para una explosión de esa naturaleza.
La liberación de radionucleidos al medio ambiente llevó al gobierno japonés a establecer una zona de evacuación inicial de 3 kilómetros, que se amplió rápidamente a un radio de 20 kilómetros. Esto resultó en la evacuación de aproximadamente 154.000 personas.
La radiación liberada afectó tanto el aire como el agua. Monitores de radiación mostraron niveles elevados de cesio-137 (137Cs), yodo-131 (131I), y otros radionucleidos en la región.
Se estima que durante el accidente y en los años subsiguientes, se liberaron al menos 18,000 terabecquereles de cesio-137 al Océano Pacífico. En 2013, se detectaron flujos continuos de 30 gigabecquereles de cesio-137 al océano diariamente.
La empresa de electricidad puso en marcha varias estrategias para controlar la fuga de agua contaminada, como la construcción de nuevos muros costeros y la creación de un "muro de hielo" subterráneo de 1 kilómetro y medio de largo alrededor de la planta para contener el agua subterránea contaminada.
Hasta el 2021, la Agencia de Seguridad Nuclear e Industrial había clasificado la severidad del accidente en un nivel 7 en la Escala Internacional de Accidentes Nucleares para los reactores 1, 2 y 3, el máximo nivel y solo compartido con el desastre de Chernóbil de 1986.
Aunque inicialmente se pensó que no habría muertes directas relacionadas con la radiación del accidente, en 2018, un caso de cáncer fue oficialmente atribuido a Fukushima.
La limpieza de la planta y la gestión de los residuos radiactivos continúan siendo desafíos significativos. Se estima que el proceso de desmantelamiento de la planta podría llevar décadas y costar miles de millones de dólares.
Numerosos estudios han evaluado el impacto ambiental y de salud pública, con investigaciones que van desde la dispersión de radionucleidos hasta los efectos a largo plazo sobre la fauna marina y el ecosistema local.
El desastre llevó a una reevaluación de la política energética en Japón, resultando en el cierre temporal de todas las plantas nucleares del país y un debate nacional sobre el futuro de la energía nuclear.
Este accidente ha dejado una huella indeleble en la historia de la energía nuclear, subrayando la necesidad de mejoras en la seguridad nuclear y en la planificación para desastres naturales de gran escala.
Juan Manuel Aragón
Ramírez de Velasco®

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