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2016 ALMANAQUE MUNDIAL Cumanazo

Protestas en Venezuela

El 14 de junio del 2016 hay saqueos masivos, disturbios y protestas por la escasez de alimentos en Cumaná, Venezuela

El 14 de junio del 2016, se dio el Cumanazo, saqueos masivos, disturbios y protestas desencadenados por la severa escasez de alimentos y la crisis económica que azotaba Venezuela, bajo el gobierno socialista de Nicolás Maduro, en Cumaná, capital del estado Sucre.
El acontecimiento reflejó la desesperación de una población enfrentada a la falta de productos básicos, la inflación más alta del mundo y salarios insuficientes, consecuencias de las políticas económicas del régimen socialista que priorizaron el control estatal sobre la producción y distribución, llevando al colapso del abastecimiento.
Los disturbios comenzaron cuando cientos de personas, agobiadas por el hambre, se congregaron en las calles exigiendo comida, coreando “¡Queremos comida!”. La protesta, inicialmente pacífica, escaló rápidamente hacia la violencia. Las multitudes irrumpieron en decenas de comercios, incluyendo supermercados, panaderías, farmacias, licorerías y ferreterías, saqueando alimentos, bienes y hasta mobiliario.
Según la Cámara de Comercio de Cumaná, entre 70 y 100 establecimientos fueron devastados, dejando la ciudad en ruinas. Más de 60 locales comerciales quedaron vacíos, y al día siguiente, el 15 de junio, más de 100 comercios optaron por no abrir sus puertas ante el temor a nuevos ataques.
La magnitud de los saqueos fue tal que incluso funcionarios de seguridad; policías y miembros de la Guardia Nacional, fueron captados participando en los robos, llevándose productos como cajas de jugo y alimentos, lo que evidenció la descomposición institucional imperante en el país.
El Cumanazo dejó un saldo trágico. Al menos una persona falleció: Carlos Colón, de 42 años, dueño de una panadería, fue muerto de un disparo en el pecho durante el saqueo de su negocio. Dos diputados opositores informaron de una segunda muerte, aunque no fue confirmada oficialmente. Además, se registraron 35 heridos y entre 200 y 400 detenciones, según fuentes oficiales y de la oposición.
El gobernador chavista de Sucre, Luis Acuña, minimizó los hechos, atribuyéndolos a un supuesto plan desestabilizador orquestado por la oposición, negando enfrentamientos directos y asegurando que no había víctimas vinculadas a las protestas. Sin embargo, la evidencia de videos y testimonios en redes sociales contradijo su mentira, mostrando una ciudad convulsa y una violenta represión de las fuerzas de seguridad, que utilizaron bombas lacrimógenas y perdigones para dispersar a los manifestantes.
El gobierno, incapaz de garantizar el suministro de alimentos, había puesto en marcha medidas como los Comités Locales de Abastecimiento y Producción, que prometían distribuir bolsas de comida subsidiada, pero su retraso y corrupción exacerbaron el descontento.
En Cumaná, el alcalde David Velásquez, alineado con el régimen, prohibió la circulación de motos particulares por 72 horas, alegando que motorizados organizados, junto a sectores opositores, lideraron los disturbios. La militarización de la ciudad se intensificó, con presencia de efectivos en las principales vías, mientras las clases fueron suspendidas y el racionamiento eléctrico, otra falla del gobierno, fue temporalmente levantado.
No fue un hecho aislado. En las semanas previas, hubo protestas similares en Caracas, Mérida, Táchira y Zulia, acumulando al menos cuatro muertes en disturbios relacionados. Según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social, entre enero y mayo de 2016 se informaron 254 saqueos o intentos de saqueo en el país, con mayo como el mes de mayor incidencia.
La crisis económica, agravada por la caída de los precios del petróleo y las políticas socialistas de expropiación y control de precios, dejó a Venezuela con una inflación del 180,9 por ciento en el 2015 y una escasez de productos básicos del 80 por ciento, según estimaciones independientes.
El Cumanazo, comparado con el Caracazo de 1989, marcó un punto crítico en la historia venezolana, exponiendo las fallas de un gobierno incapaz de responder a las necesidades básicas de su pueblo.
Juan Manuel Aragón
Ramírez de Velasco®

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