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TRÁNSITO El ahorro como estrategia

Roca y Urquiza, mal estacionado

Un asunto delicado: el menor consumo de tiempo en algunas actividades esenciales y su recuperación en actividades útiles

Advertencia, la crónica que sigue tratará de un asunto trillado en esta columnita diaria: del ahorro como parte de las estrategias de manejo de vehículos de los santiagueños. Para empezar, al consultar en internet hay una definición de ahorro: “Es la acción de separar una parte de los ingresos que obtiene una persona o empresa con el fin de guardarlo para su uso en el futuro”. Muy bien, el mataburro continúa diciendo que “se refiere a la parte de la renta o ingreso no dedicada a consumo, sino a otros fines”. Y al final, en una sobreabundancia tautológica, refiere que “hay muchas modalidades, así como diversos instrumentos financieros para aumentar el ahorro que se pretende realizar”. Podría ser también en tres palabras: “Postergación del consumo”.
El ir rasguñando el tiempo ganado al trabajo, al estudio, al baño, a la siesta, puede considerarse también dentro de aquella definición, aunque no esté puesto literalmente en la internet: se trata de consumir menos ahora para hacerlo después, una postergación, es decir. Un caso, el tipo que se afeita en treinta segundos en vez de estar dos horas en el baño, si además no duerme la siesta, destina sólo cinco minutos a su alimentación diaria, no hace sobremesa y nunca pierde los anteojos, es posible que al final del día le sobre una hora, que podrá emplear en trabajar más o acostarse más temprano. Eso se considera y es, efectivamente, un ahorro, porque el tiempo es un bien, como cualquier otro pues, en definitiva, significa dinero. O, como dicen los ingleses con mucho tino: “Time is money”.
Le cuento, las mucamas profesionales tienen un tiempo establecido para tender una cama, pongalé un minuto clavado. Usted pensará que es una exigencia estúpida, pero si tienen solamente sesenta camas para tender y, en vez de hacerlo en un minuto lo hacen en uno y medio cada una, en vez de una hora terminarán su trabajo en hora y media. Eso lo sabe bien el que tiene tareas por tanto —sea zapatero, repartidor de soda, fabricante callejero de garrapiñadas, labrador de postes, remisero —y no por hora. Pero no se vaya por las ramas que iba trepando bien.
El caso es que el tipo que detiene su auto en doble fila para aguaitar a su hijo que sale de la escuela, el que pasa el semáforo en rojo o detrás del último suspiro del amarillo, el que lo estaciona en la bocacalle o en lugares no permitidos al día le gana como mínimo media hora, es decir, en siete días se apropia de 700 minutos en números redondos, que son tres horas y media. Si el cálculo no falla, le rasca 14 horas al mes. ¡Guau!, es más de medio día que muchos santiagueños, dueños de autos, camionetas, camiones, motocicletas recuperan para su vida. Usted dirá que no es mucho, pero en los 12 meses del año recuperó siete días, una semana completita de tiempo ganado a costa del peligro en que se puso junto a su familia, a las molestias que ocasionó al prójimo, a la renegada del resto de los automovilistas, sí, pero vale la pena.
Ahora, diga, ¿para qué quiere ese tiempo libre?, ¿acaso oye música clásica, folklore, tango, guaracha?, ¿se entrena para una maratón?, ¿aprende cocina por televisión, por internet o leyendo a doña Petrona?, ¿conversa con su señora?, ¿ayuda a sus hijos con los deberes de la escuela?, ¿sale a pasear al parque Aguirre?, ¿pesca?, ¿caza?, ¿baila? Es mucho tiempo como para ocuparlo solamente durmiendo, tinquiándose el coto o chusmeando vídeos por el telefonito. Es de esperar que, ya que fue tiempo ganado al fastidio del prójimo, a la muerte o a heridas graves por un choque, al caos de la ciudad, al menos se emplee bien.
Sería una lástima que lo ocupe en pensar qué número jugarle a la tómbola, en conseguirse una mina, en acudir a los chantapufis de “Pare de sufrir”, en andar tomando por ahí hecho un linyera, dando pena en boliches de cuarta. Pero estos son tiempos de anarco libertarismo extremo (signifique lo que significare esta contradictoria expresión), así que se le dirá que haga lo que quiera. Es obvio que a cualquiera le gustaría invertir bien sus ahorros, incluso los de tiempo, pero si quiere malgastarlos en cualquier cosa, hágalo es su vida.
Juan Manuel Aragón
A 2 de agosto del 2024, en Estación Simbolar. Capando un cerdo.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc2 de agosto de 2024 a las 8:28

    El trabajo por tanto, es una oportunidad valiosa para aprender a ganar tiempo al hacer las cosas en forma prolija, incluso transitar con un vehículo o caminando. Una vez que algo está bien aprendido, la agilidad viene sola. Una persona prolija y ordenada vive sin molestar, salvo que pretenda "cosechar peras del olmo".

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  2. El conseguir una mina no es una pérdida de tiempo

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    Respuestas
    1. chocarla y matarla tampoco, soy Jesús María Rosales

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