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BRAVUCONADA Global Sumud Flotilla: un boicot humanitario

Miembro de la tripulación

Una acción que, bajo el disfraz de la solidaridad, busca provocar un conflicto internacional sin garantizar una entrega efectiva de recursos a Gaza

Sylvia Rittner
desde México
Enmascarados en una supuesta “ayuda humanitaria”, los integrantes de Global Sumud Flotilla se han propuesto arrastrar a sus respectivos países hacia un conflicto internacional. Y no está a la vista que la situación de los gazatíes vaya a mejorar como efecto de esta intención.
Hablan de genocidio, de bloqueo, de colonialismo, categorías genéricas de opresión de los pueblos del mundo todo y, en el subtexto, la estigmatización antisemita. Con esa carga ideológica y enarbolando sus kufiyas van con rumbo a Gaza para enfrentarse bravuconamente a uno de los ejércitos más potentes del mundo.
Siguiendo el manual de victimización harán llamados en redes para que sus seguidores exijan por su seguridad y liberación. Son predecibles, de caricatura. Pero también son obstáculo, molestia, peligro y contaminación.
Ignorando las normas de la protección humanitaria, los activistas de Global Sumud Flotilla representan un riesgo para ellos mismos, para los gazatíes, para Israel y para sus países. La acción humanitaria no es ocurrencia, por el contrario, tiene directrices y normativa. Estas han sido compiladas en la “Carta humanitaria y normas mínimas para la respuesta humanitaria” del ‘Proyecto Esfera’ adoptado por ACNUR. El modelo Esfera contiene directrices para evitar, por una mala gestión, causar daños mayores a los de la propia situación en la que se interviene. Al tener una agenda de provocación, los flotilleros han puesto su protagonismo por encima de este principio.
Centrándose exclusivamente en un “bloqueo” israelí, han reducido la complejidad del sufrimiento gazatí a una sola causa externa, sin visibilizar el papel que juegan actores como Hamas y la Jihad Islámica en la represión interna, el adoctrinamiento y la instrumentalización del dolor civil.
Los integrantes de Global Sumud Flotilla no confrontan, ni siquiera mencionan convenientemente, las formas autoritarias y violentas con las que Hamas oprime a los gazatíes desde dentro. El website “Hamas está matando Gaza” (hamaskillsgaza.com) da cuenta de la cruel represión que ejercen sobre ellos.
Hamas ha perseguido, encarcelado y torturado a periodistas, activistas, mujeres, disidentes y personas de la diversidad sexual; ha utilizado infraestructura civil —hospitales, escuelas, mezquitas— para fines militares, exponiendo a la población a muerte o represalias y promoviendo una cultura del martirio que glorifica la muerte como destino político, destruyendo proyectos de vida desde las infancias.
En la estrategia política de un movimiento verdaderamente basado en la ética y la justicia se articularía la necesidad de resistencia democrática en Gaza o al menos se hablaría de ello; en contrario, las voces de civiles reprimidos son invisibilizadas, omitidas, por los activistas de la Global Sumud Flotilla con lo que oxigenan formas de verdadero talante genocida como el martirio, que es presentado por Hamas como forma de heroísmo nacional.
La estafa de Global Sumud Flotilla fomenta los excesos de Hamas y de la Jihad en Gaza: el uso de escudos humanos, el robo de ayuda humanitaria, la persecución de disidencias, la desigualdad de género y la sevicia que ejercen contra la población LGTB.
Porque el objetivo es directa y exclusivamente, político. No es humanitario.
Global Sumud Flotilla no tiene un plan para la distribución de la ayuda humanitaria que ciudadanos, inocentemente, les han entregado en puerto. No han elaborado una estrategia de coordinación con actores locales para asegurar la entrega efectiva de insumos una vez dentro del territorio, de otro modo ya lo habrían informado. No basta con trasladar alimentos; se requiere de una arquitectura de distribución segura, ética y eficaz cumpliendo protocolos de neutralidad humanitaria que contribuyan a gestionar la interferencia de Hamas y con mecanismos de verificación y trazabilidad para garantizar que todo llegue a quienes lo necesitan.
¿Elaboraron matrices para registro y seguimiento de los insumos que supuestamente entregarían? ¿Mapas de distribución? ¿Cuentan con capacitación en logística comunitaria, para establecer acuerdos con y entre barrios? ¿Han previsto la formación de brigadas para organizar la clasificación y distribución de alimentos? ¿Tienen un sistema de prevención ante obstrucciones por parte de grupos internos armados? No.
Un plan logístico que aspire a ser efectivo, ético y operativo no puede basarse en gestos simbólicos ni en estimaciones genéricas. Requiere una cartografía precisa de las carencias en el territorio, una infraestructura de respuesta, y una estrategia de distribución. Requiere de transparencia y rendición de cuentas, no de entrevistas y mensajes en Tik Tok.
Ausente de las metodologías, protocolo y principios para la acción humanitaria, el presunto objetivo solidario de los activistas de Global Sumud Flotilla está limitado por diseño.
Esto deja un vacío operativo importante aun cuando sus premisas de actuación fueran honestas: no ayudan, pero tampoco dejan ayudar. Israel tiene que lidiar con este montón de activistas performativos que cantan la resistencia global, muy lejos de lo que sería una intervención humanitaria verdadera, sin retórica y con claridad técnica.
Y en sus propios dichos nos clarifican hacia dónde apuntan: la provocación; la narrativa de “romper el asedio ilegal” y “descolonizar los pueblos” está diseñada para confrontar directamente al Estado israelí, no para entregar ayuda.
Tan sólo un par de ejemplos: uno de los coordinadores de Global Sumud Flotilla, Saif Abukeshek ha declarado que buscan “escalar la presión” internacional. Otros han dicho: “la manera en la que Israel actúa responde siempre a la complicidad de los gobiernos y Estados”.
La confrontación, para forzar una reacción militar y diplomática es el cálculo estratégico de los patrocinadores de la flotilla; y sus reclutas, sus ideologizadas marionetas no son representantes del espíritu compasivo, ni baluartes del humanitarismo.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. No son un movimiento, ni son "global", ni son una flotilla. Son una simple ONG de vivos que ha encontrado la veta del negocio de recibir fondos para "ayuda humanitaria", sabiendo que entre los 8mill millones de habitantes siempre hay un par de millones de imbéciles desprevenidos, dispuestos a demostrar su virtuosismo y compasión por los oprimidos donando algunos dólares por alguna causa que suena a noble.
    Su impacto es intrascendente porque siempre les sale al paso alguna embarcación militar de menor porte (con una lancha de guardia costera sobra), los agarra, les reparten algunos sanguches y agua, los ponen en un avión y los mandan de vuelta a cada.
    El propósito es salir un rato en la tele, hacer un par de declaraciones y conseguir que algunos canales necesitados de noticias los pongan al aire.
    Nunca causan ningún conflicto internacional ni ponen en peligro ninguna gestión de paz. Son intrascendentes e irrelevantes.
    Tienen de marioneta a esa pobre chica autista que la sacan de paseo y le dan un libreto, para que sensibilize al mundo con su tono sufrido.

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