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DEPORTE Para entender las riñas de gallos

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En esta nota, 20 puntos para darse una idea acerca de la apasionante actividad de quienes aman a los animales


1 En noviembre de 1996 fueron autorizadas las riñas de gallos en Santiago del Estero, con una ley que lleva el número 5574, para quienes quieran constatarlo. La norma terminó con años de persecución a humildes galleros y legalizó oficialmente como deporte, una actividad que, en sí misma lleva una cuota de sano esparcimiento para hombres y mujeres en la campaña y en las ciudades.
2 En su artículo 2, la ley expresa: “Será autoridad de aplicación de la presente Ley la Dirección de Deportes de la Provincia la que; por intermedio de sus dependencias; concederá los permisos pertinentes para la realización de tales eventos”. Es decir no se deja librada la actividad al arbitrio de los propietarios de los animales sino que una dependencia seria del gobierno es la encargada de otorgar los permisos.
3 Pero, además, la sanción de esta ley trae beneficios económicos directos para la provincia, como se desprende de su tercer artículo: “Los ingresos provenientes de los derechos de autorización y de la percepción de entradas para realizar y presenciar estos eventos; serán destinados a entidades de beneficencia; deportivas y reequipamiento de la Policía Provincial en las proporciones y modalidades que establezca la reglamentación”.
4 De más está decir que la ley prohíbe la concurrencia de menores de dieciocho años a las riñas de gallos, no podrán expenderse bebidas alcohólicas ni consumirse y toda fiesta gallera será controlada por la Policía, según los artículos 4, 5 y 6.
5 Como lo habrá comprobado cualquiera que se dé una vuelta por los reñideros de la provincia, todas las clases sociales se mezclan en un ambiente que trasunta amabilidad, buen trato y urbanidad.
6 La historia cuenta que, en 1782, el Cabildo de Buenos Aires autorizó el establecimiento de una casa o circo público, aunque ya en 1757, los cabildantes le habían permitido a Juan José de Alvarado la explotación de un reñidero con graderías en el Barrio de Monserrat. Salvo esta mención, nada se sabe de aquel Alvarado, precursor de este deporte o al menos animador, antes de que la patria tuviera su formal nacimiento.
7 En Santiago de Chile las riñas de gallos eran muy populares, lo mismo que el juego de la pelota en las canchas de bolos. Ambas fueron importantes fuentes de ingresos para las arcas del Cabildo. Debido a los desórdenes que se producían las autoridades limitaron los lugares en que autorizaban a instalar reñideros, justificando así el control sobre la venta de entradas y las apuestas.
8 En Lima, Perú, las riñas eran los domingos y días de fiesta. En un principio había dos veces entre semana, pero fueron prohibidas por el visitador José Antonio de Areche, por los efectos perniciosos que causaban entre los hombres que abandonaban sus obligaciones laborales para ir a apostar algún dinerillo al gallo preferido.
9 En la Argentina, en la ciudad de Santa Fe, el primer reñidero se instaló, como la casa de los trucos, cerca de la Plaza de Armas y del Cabildo. En 1809, el dueño del circo, José Piedrabuena, pagaba al Cabildo treinta pesos en concepto de lo que hoy se le diría “derecho de espectáculo”, lo que no era poca plata.
10 Se trata de una actividad respetable, cuyos antecedentes se remontan al tiempo de la colonia. Y vale la aclaración en vista de que hay almas sensibles que quizás preferirían una tierna guerra de ositos de peluche, en vez de un deporte que conserva en los animales un instinto que le viene de siglos.
11 Las primeras peleas comenzaron quizás 3.500 años antes de Cristo en la India, unos 1.000 años después se sabe que también eran populares en la China. Y fueron populares en Grecia y Roma, cunas de la civilización actual, llamada Occidental.
12 Hay países como México en que los gallos son calzados con navajas muy afiladas, en vez de púas, como la Argentina. Allá son animales más pequeños, muy voladores y con una velocidad de vértigo. La riña se resuelve en unos pocos minutos y casi siempre queda uno de los dos animales muerto. Aquí en cambio se premia la bravura y si un gallo perdió una riña, pero peleó con fiereza, sin acobardarse, es posible que quede para echar cría.
13 Las riñas son legales en casi toda Hispanoamérica y en tres regiones europeas Andalucía, Canarias y la región francesa de Norte-Paso de Calais. También son legales en las Filipinas. En muchos otros lugares, están prohibidas, porque las autoridades se oponen a las apuestas, por la supuesta crueldad animal, o por las dos razones.
14 Los detractores de las riñas se basan en que los animales pelean hasta morir, en que muchas veces quedan muy lastimados, tuertos, ciegos. En que el sufrimiento ajeno, así sea el de un animal, no debe ser motivo de apuestas o festejos, en esas cosas.
15 Los apologistas de las riñas sostienen que los gallos traen su bravura en la sangre. En estado salvaje también pelearían para asegurarse el dominio de sus hembras. Lo único que hace el gallero es seleccionar los mejores para perpetuar la raza. Y sí, es una idea medio nazi, pero más nazi es matar a los chicos con síndrome de Down en la panza de las madres y los países que se dicen civilizados lo aceptan como normal.
16 La conservación de las razas de gallinas fue hecha durante al menos dos o tres milenios por los criadores de gallos de combate: sin ellos, serían pájaros comunes y, sobre todo, silvestres. Gracias a ellos fue posible la creación de razas nuevas, como la que llamamos doble pechuga, que provee carne relativamente barata y en muy pocos días. Los galleros son benefactores de la humanidad, aunque usted se resista a aceptarlo.
17 En la Argentina, una ridícula ley nacional (que lleva el número 14.346), reprime “con prisión de quince días a un año, el que infligiere malos tratos o hiciere víctima de actos de crueldad a los animales”. Quien la lea, se percatará de que esta norma protege a las cucarachas, las moscas, los mosquitos, los ácaros, las pulgas, toda clase de arañas, ratas y ratones, asquerosos cascarudos y bichos de la luz. ¡Hasta una madre uñando una liendre en la cabeza de su hijo podría ser encarcelada! Pero, ¡che!
18 Gracias a Gabriel García Márquez y que su novela “Cien años de soledad”, trae episodios como los hechos que desembocaron en la muerte de Prudencio Aguilar o la afición de José Arcadio Segundo, en Colombia las riñas son absolutamente legales, lo mismo que las corridas de toros. En agosto del 2010, la Corte Constitucional de Colombia rechazó una demanda que buscaba prohibirlas.
19 Dicen que en Cuba, supuestamente las riñas son sin fines de lucro y están prohibidas las apuestas. Pero igual corre el dinero, ¡oye, chico!, porque hay que pagar el alimento, las medicinas, el entrenamiento, la comida, el traslado de los animales. Tienen una organización estatal para las riñas, con una feria nacional, no sé qué. Los comunistas, ya se sabe, tienen un problema con la plata, si pudieran la suprimirían, pero para el resto del mundo, no para ellos, obvio.
20 Los capos de las riñas de gallos son los mexicanos. Ahí está permitida en todo el país, salvo en Ciudad de México y dos o tres lugares más. Los estados que más aman los gallos son Michoacán, Aguascalientes, Jalisco, Sinaloa. En Veracruz las prohibieron en el 2018 y desde antes estaban prohibidas en Sonora y en Coahuila. En este país, inventor de algunas de las más acendradas tradiciones al sur del río Bravo, son una verdadera fiesta de luz, color, alegría y buenos momentos pasados en camaradería. ¡Viva México, cabrones!
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. La realidad de la vida de campo es muy diferente a la que la gente en la ciudad desea imagina. Las posibilidades de diversión, esparcimiento e interacción social son limitadas, y las tradiciones y costumbres están fuertemente arraigadas en la gente. Todas las costumbres y tradiciones están asociadas a un simbolismo que les da un sentido profundo.
    Por otra parte, el sufrimiento diario está siempre presente en la realidad de las personas, por lo que actividades como riñas, cuadreras y otras que involucran animales cuidados no son vistas con el drama y crudeza que las perciben los citadinos.....sobre todo los criados con juegos electrónicos en los que se hace todo de mentirita apretando botones.
    Es delicado tratar de regular desde la ciudad, actividades como la riña, que ocupan un lugar relevante en la vida de la gente.
    Si bien yo no la consideraría un deporte, creo que es un error juzgar con parámetros y visión urbana a los que la practican.

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