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HISTORIA El puntero y la bombilla

Rueda de mate, de Florencio Molina Campos

De Grecia al Paraná, la filosofía halló en el mate un nuevo gesto para señalar el pensamiento

Aristóteles caminaba mientras enseñaba. No por inquieto, sino por método. Y por eso a su escuela le decían la de los peripatéticos, porque ambulaban, pues eso significa justamente (el que pasea). El estagirita sostenía además que, para impartir lecciones era mejor hacerlo con algo en la mano. Desde el fondo de la historia de los helenos viene entonces la costumbre del puntero, un pedazo de madera, como la varita de los magos, pero más larga, indispensable en clases para que señalar cosas en el pizarrón, un mapa, el dibujo de una vaca y sus partes.
El viejo, querido y nunca bien ponderado puntero venía a ser un elemento doble propósito, como le dicen ahora. Por un lado, servía como justificación del acierto de Aristóteles y por otro era una afirmación de un viejo dicho de Domingo Faustino Sarmiento (“la letra con sangre entra”). Si un niño no aprendía o se portaba mal, zás, le daban de punterazos en la cabeza. A veces —pero esto fue antes de que se extendiera la costumbre del niño rey —al día siguiente del castigo, el padre del alumno castigado felicitaba al maestro y le pedía repetir el remedio cada vez que lo considerase necesario.
Bueno, pero usted está aquí por otro asunto.
Muchos años después de la muerte de Aristóteles, los españoles descubrieron América y al cabo de un tiempo relativamente corto ya estaban civilizando lo que hoy es el Paraguay, Corrientes, Misiones. Ahí descubrieron la yerba, su exótico sabor, la particular manera de prepararla y sus benéficos efectos para la salud.
El caso es que el mate en bombilla hoy es un poderoso aliado de la conversación entre amigos. Ya que, mientras señalar con los cubiertos en la mesa es una falta de educación horrenda, con un porongo, la poderosa y perfecta calabaza, el recipiente ideal, en la mano, se puede mostrar el infinito con un leve gesto, al llevarlo hacia allá, se hacen círculos para graficar una relación que daba vueltas sobre sí misma o tocar el corazón con un sutil golpe.
De esta manera se vuelve una realidad argentina, actual y omnipresente, el consejo de Aristóteles, cuando sostenía que era más fácil ofrecer conocimientos o ayudar con las reglas del pensamiento libre si se tenía algo entre los dedos.
De lo que se deduce que es una bebida con prosapia aristotélica. Y quien dice Aristóteles, dice Platón y Sócrates y todo lo que vino después.
Cuando pasa de mano en mano, enciende un diálogo que cruza milenios: Aristóteles se pasea en el Paraná, los indios guaraníes susurran en el Liceo, y el puntero resuena en cada ronquido de la bombilla, yendo quizás de un lado al otro. Sujetar uno no es solo beberlo. es empuñar la antorcha del pensamiento, un gesto que une Atenas con la Argentina, desafiando la distancia, el tiempo y la lineal lógica de la vida.
Mientras un mate siga dando vueltas en una ronda infinita, la filosofía no va a morir.
Ni tiene por qué.
Ahora, cebá el del estribo, que estoy yendo a escribir mi crónica diaria.
Juan Manuel Aragón
A 17 de julio del 2025, en Tinajerayoj. Upiando un tetra.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc17 de julio de 2025 a las 9:42

    Excelente. Me ha gustado.

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  2. Me encantó! Tanto como la frase "Mientras el mate siga dando vueltas en una ronda infinita, la filosofía no va a morir".
    jajajajajaja! Magnífica!!

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