Ir al contenido principal

1879 AMANAQUE MUNDIAL Zapata

Emiliano Zapata

El 8 de agosto de 1879 nace Emiliano Zapata. revolucionario, campeón del agrarismo y guerrillero durante y después de la Revolución Mejicana


El 8 de agosto de 1879 nació Emiliano Zapata, en Anenecuilco, Méjico. Fue un revolucionario, campeón del agrarismo, que luchó en acciones guerrilleras durante y después de la Revolución Mejicana. Murió el 10 de abril de 1919, en Morelos.
Era hijo de un campesino mestizo que entrenaba y vendía caballos. Quedó huérfano a los 17 años y tuvo que cuidar a sus hermanos y hermanas. En 1897 fue detenido por participar en una protesta de los campesinos de su pueblo contra la hacienda que se había apropiado de sus tierras.
Después de obtener un indulto, continuó la agitación entre los campesinos, por lo que fue reclutado por el ejército. Sirvió durante seis meses, momento en el que fue dado de alta a un terrateniente para entrenar a sus caballos.
En 1909 sus vecinos lo eligieron presidente de la junta de defensa de su pueblo. Luego de negociaciones inútiles con los terratenientes, Zapata y un grupo de campesinos ocuparon por la fuerza las tierras que habían sido apropiadas por las haciendas y se las repartieron.
Francisco Madero, terrateniente del norte, había perdido las elecciones de 1910 ante el dictador Porfirio Díaz y había huido a Estados Unidos, donde se proclamó presidente y luego reingresó a México, ayudado por muchos campesinos guerrilleros. Zapata y sus amigos decidieron apoyar a Madero.

Leer más: Cómo fue que los santiagueños bautizaron un lugar céntrico y después hallaron la excusa para colocarle estatuas

En marzo de 1911, la pequeña fuerza de Zapata tomó la ciudad de Cuautla y cerró el camino a Ciudad de México. Una semana después, Díaz renunció y partió hacia Europa, nombrando un presidente provisional. Zapata, con 5.000 hombres, entró en Cuernavaca, capital del estado de Morelos.
Madero entró triunfante a la Ciudad de México. Zapata se reunió allí con Madero y le pidió que presionara al presidente provisional para que devolviera las tierras a los ejidos (el antiguo sistema comunal indígena de propiedad de la tierra). Madero insistió en el desarme de la guerrilla y ofreció a Zapata una recompensa para que pudiera comprar tierras, oferta que Zapata rechazó. Zapata comenzó a desarmar a sus fuerzas, pero se detuvo cuando el presidente provisional envió al ejército contra la guerrilla.
Madero fue elegido presidente en noviembre de 1911 y Zapata se reunió con él nuevamente, pero sin éxito. Con la ayuda de un maestro, Otilio Montaño, Zapata elaboró el Plan de Ayala, que declaraba a Madero incapaz de cumplir los objetivos de la revolución. Los firmantes renovaron la revolución y prometieron nombrar un presidente provisional hasta que hubiera elecciones. También se comprometieron a devolver las tierras robadas a los ejidos mediante la expropiación, previo pago, de la tercera parte del área de las haciendas; a aquellas haciendas que se negaran a aceptar este plan se les expropiarían sus tierras sin compensación. Zapata adoptó el lema “Tierra y Libertad”.
En el curso de sus campañas, repartió tierras tomadas de las haciendas, que con frecuencia quemaba sin compensación. A menudo ordenó ejecuciones y expropiaciones, y sus fuerzas no siempre cumplieron con las leyes de la guerra. Pero debajo de su apariencia pintoresca —bigote caído, ojos fríos, gran sombrero— había un hombre apasionado con ideales simples que trató de poner en práctica.
Los zapatistas evitaron la batalla adoptando tácticas de guerrilla. Cultivaban sus tierras con rifles al hombro, iban cuando los llamaban a pelear y regresaban a sus arados al final de una batalla o escaramuza. A veces Zapata reunía a miles de hombres; los pagó imponiendo impuestos a las ciudades de provincia y extorsionando a los ricos. Sus armas fueron capturadas de las tropas federales.
Cuando el general Victoriano Huerta depuso y asesinó a Madero en febrero de 1913, Zapata y sus hombres llegaron a las afueras de la Ciudad de México y rechazaron la oferta de Huerta de unirse a él. Esto impidió que Huerta enviara todas sus tropas contra las guerrillas del norte, quienes, bajo la dirección de un político moderado, Venustiano Carranza, habían organizado el Ejército Constitucionalista para derrotar al nuevo dictador. Huerta se vio obligado a abandonar el país en julio de 1914.
Zapata sabía que los constitucionalistas de Carranza le temían. Atrajo a algunos intelectuales de la Ciudad de México, entre ellos Antonio Díaz Soto y Gama, quien se convirtió en su teórico y luego estableció un partido agrario. Cuando cayó Huerta, Zapata invitó a los constitucionalistas a aceptar su Plan de Ayala y les advirtió que continuaría luchando de forma independiente hasta que el plan se pusiera en práctica.
En octubre de 1914 Carranza convocó a una asamblea de todas las fuerzas revolucionarias. Pancho Villa, que comandaba la parte más importante del ejército del norte, se negó a asistir a la reunión porque consideraba a la Ciudad de México como territorio enemigo. La asamblea se trasladó a Aguascalientes, donde asistieron tanto los villistas como los zapatistas. Estos dos grupos constituyeron la mayoría, y la convención acordó nombrar al general Eulalio Gutiérrez como presidente provisional. Carranza rechazó esta decisión y marchó con su gobierno a Veracruz.
Estalló la guerra entre los moderados (carrancistas) y los revolucionarios (convencionistas). El 24 de noviembre, Zapata ordenó a su ejército (ahora llamado Ejército Libertador del Sur, con 25.000 hombres) ocupar la Ciudad de México. La gente de la capital miraba con asombro cómo los campesinos iban de puerta en puerta humildemente pidiendo comida y bebida, en lugar de asaltar palacios y violar mujeres.
Dos semanas después, Zapata y Villa se encontraron en las afueras de la capital y luego visitaron Palacio Nacional. Los dos líderes prometieron luchar juntos hasta poner un presidente civil en palacio, y Villa aceptó el Plan de Ayala.
Zapata creó comisiones agrarias para repartir la tierra; pasó mucho tiempo supervisando su trabajo para asegurarse de que no mostraran favoritismo y que los terratenientes no corrompieran a sus miembros. Estableció un Banco de Crédito Rural, la primera organización de crédito agrícola del país; también trató de reorganizar la industria azucarera de Morelos en cooperativas. En abril de 1915, el representante personal del presidente norteamericano Woodrow Wilson en México se reunió con Zapata; Zapata pidió que Wilson recibiera a su delegación, pero Wilson había reconocido al gobierno de Carranza (el gobierno de la convención bajo Gutiérrez se había dispersado).
Mientras tanto, la guerra continuaba. Zapata ocupó Puebla y ganó varias batallas, asesorado por algunos soldados profesionales que se habían sumado a su bando. En 1917 los generales de Carranza derrotaron a Villa y aislaron a Zapata. Carranza convocó una convención constituyente pero no invitó a Zapata; la convención aprobó una constitución y eligió a Carranza como presidente de la república.
Un nuevo enviado norteamericano, William Gates, visitó a Zapata y luego publicó una serie de artículos en Estados Unidos; comparó el orden de la párte controlada por Zapata con el caos de la zona constitucional y dijo que “la verdadera revolución social se encuentra entre los zapatistas”. Cuando le leyeron estos artículos a Zapata, dijo: “Ahora puedo morir en paz. Finalmente nos han hecho justicia”.
Poco después, el general Pablo González, quien dirigía las operaciones del gobierno contra Zapata, hizo que el coronel Jesús Guajardo simulara querer unirse a los agrarios y tramar una reunión secreta con Zapata en la hacienda de Chinameca en Morelos. Allí Zapata fue emboscado y asesinado a tiros por carrancistas. Su cuerpo fue llevado a Cuautla y sepultado.
Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Desde entonces la muerte acecha a los que quieren ayudar a los pobres y explotados.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares (últimos siete días)

MEMORIA Fantasmas vecinos

"El Pocito", de Raúl Cisterna Los antiguos dejaron rastros bajo la tierra que parecen acercarse cuando nuestra edad acorta distancias Una de las acepciones más comunes antaño para referirse a la gente era "cristiano". El Martín Fierro lo documenta en varios versos: "¡Quién sabe de ánde sería! // Tal vez no juera cristiano; // pues lo único que decía // es que era pa-po-litano." Otro: "Si este mundo es un infierno // por qué afligirse el cristiano?" Y el último botón de muestra: "Le dio claridá a la luz, // juerza en su carrera al viento, // le dio vida y movimiento // dende la águila al gusano, // pero más le dio al cristiano // al darle el entendimiento." Por qué recuerdo esto. Bueno, le cuento que, en el pago, al fondo del departamento Jiménez había una represa natural, le decían "El Pocito", estaba hundida en medio de unos quebrachales que en esos tiempos parecían interminables. Cavando para hacer una balanza, mi padre cont...

DEMOLICIÓN La casa de Tauil

La casa de Tahuil, una belleza en el centro de Santiago, pintada por Hugo Argañarás Qué hay que hacer para conservar la ciudad tal como era, quién tiene que poner la plata para conformar a los espíritus antiguos El amigo Hugo Argañarás ha publicado la foto de un cuadro suyo en Feisbuc, es de la casa que fuera de Tauil, que todo santiagueño admiró al menos desde afuera y unos cuantos la conocieron por adentro, cuando estaba en todo su esplendor o quizás después. Ya han salido los de siempre a reclamar que el gobierno la conserve, que se ponga en marcha alguna política para que no se derriben edificios antiguos o hermosos, que se la transforme en museo. Hagan algo, dicen, porque es muy posible que la estén por demoler, según se calcula, para levantar un edificio con departamentos. Es el Santiago de antes, que se manda a mudar por los bordes de la vida y que los viejos recordarán hasta que lleguen a la orilla del cajón, porque fue el que conocieron. Por sus calles anduvieron desde niños y...

MEMORIA El último consejo de Chito

"Chito", de Raúl Cisterna Se me apareció en sueños, respondió preguntas, recordó viejas historias y terminó pidiendo vino, soda y asado Anoche, en un sueño me visitó Chito. Por ratos estábamos frente a su negocio, en la España, por ratos en la plaza Belgrano y nos acordábamos de aquella bellísima fotografía del campanario de Santiago Apóstol, que le tacharon en el diario porque creían que no era representativa de La Banda. Nos reíamos porque, ¡amigo!, si esa foto no los representaba a los bandeños, entonces qué los iba a mostrar mejor. Estaba bien, rozagante, como sin preocupaciones. Me recordó que le habían sido perdonados sus pecados. Al final no eran tantos como él creía. En el sueño, al menos, me dijo que disfrutaba de la presencia de Dios, aunque no me iba a explicar qué era eso, porque no había forma de que alguien de aquí abajo lo entendiera. Le consulté sobre unos dramas que tengo. Fue muy específico en los consejos. Me dijo hacé tal y tal cosa, con mucha precisión. N...

LUMILAGRO La patria en el sobaco

"Sobaqueando", de Raúl Cisterna Una tradición compartida desde hace poco terminó convertida en accesorio permanente de identidad Hay gente que no puede caminar por la calle si no va chupando una bombilla. A todos se les da por esa moda uruguaya de andar con el termo bajo el brazo. ¡Es ridículo! No te va a pasar nada si esperas llegar a tu casa para cebar unos mates. Creen que son lindos, te miran con la superioridad de gauchos súper de luxe, convencidos de que uno los envidia. Parecen chicos que no pueden dejar la mamadera, que la llevan prendida a todos lados. Cuando te acercas, sacan pecho como diciéndote: “Mirá lo argentino que soy”. Si no les dices nada, te insinúan cualquier cosa para que vos notes que llevan el Lumilagro encarnado en el sobaco. No, macho. La costumbre argentina era ubicarse alrededor del brasero, a la tardecita, cuando se habían cumplido las obligaciones diarias. Una reunión familiar, todos sentados y alguien, generalmente la madre, entregando el porong...

REGRESO Con la muerte al trotecito

"Elodio", de Raúl Cisterna Después de tres años de guerras ajenas, el hombre vuelve buscando su casa, perrida entre recuerdos, cansancio y silencio Llega desde el fondo del saladillo en un flete cansón, al que debe talonear cada dos por tres para que siga y no se caiga de flaco. Tres años hace que salió. Juan Díaz, patrón del lugar, lo arreó para llevarlo a Santiago, a pelear por la patria, según le dijo, pero era una bulla que le hacían a un tal Carranza, que al final se mandó a mudar a Tucumán, según contaban. Ha andado en varios entreveros, pero nunca supo por qué. Lo hicieron quedar prometiéndole que entraría en el Ejército de Línea, y jamás lo llamaron. Endemientras, comió un pobre charqui todos los días, mazamorra mal pisada y un poco de pan que le convidaban las mujeres de otros soldados. No supo de las pequeñas historias de ese lugar, tampoco le importaron. Durante los años que anduvo lejos, lo único que tuvo siempre presente es que una madrugada lo levantarían del ca...