Ir al contenido principal

1962 ALMANAQUE MUNDIAL Hesse

Hermann Hesse

El 9 de agosto de 1962 muere Hermann Hesse, escritor, autor de Siddhartha, El lobo estepario, El juego de los abalorios, Premio Nobel de Literatura

El 9 de agosto de 1962 murió Hermann Hesse (pronúnciese Jese) en Montagnola, Suiza. Fue un escritor suizo de origen alemán, nacido el 2 de julio de 1877 en Calw, Alemania. Autor de obras como Siddhartha, El lobo estepario y El juego de los abalorios, recibió el Premio Nobel de Literatura en 1946 por su capacidad para explorar la condición humana a través de una prosa poética y espiritual. Nacido en una familia pietista, vivió en India, Alemania y Suiza, y su obra reflejó influencias del misticismo oriental, el psicoanálisis y la búsqueda de sentido en un mundo en crisis.
Creció en un entorno religioso y culturalmente rico, hijo de un misionero y una madre con raíces en Suabia. Mostró desde niño un carácter rebelde, abandonando el seminario de Maulbronn a los 14 años. Trabajó como aprendiz de librero y relojero, mientras cultivaba su pasión por la literatura, inspirado por Goethe, Schiller y la filosofía oriental.
En 1899 publicó su primera obra, Romantische Lieder, una colección de poemas, seguida de la novela Peter Camenzind (1904), que le dio reconocimiento. Este éxito le permitió dedicarse plenamente a la escritura. Sus primeras obras exploraron la lucha entre el individuo y las expectativas sociales, un tema recurrente en su carrera.
Entre 1911 y 1912 viajó a la India, experiencia que marcó profundamente su obra. Aunque no encontró la paz espiritual que buscaba, su contacto con el budismo y el hinduismo inspiró Siddhartha (1922), novela sobre la búsqueda de la iluminación que se convirtió en un clásico universal. La obra refleja su fascinación por las filosofías orientales.
Durante la Primera Guerra Mundial, vivió en Suiza, adoptando esa nacionalidad en 1923. Declarado pacifista, enfrentó críticas en Alemania por su rechazo al militarismo. Publicó Demian (1919), una novela que explora la dualidad y el autodescubrimiento, influida por las ideas de Carl Gustav Jung, con quien mantuvo correspondencia.
En 1927 lanzó El lobo estepario, una obra introspectiva que aborda la alienación y el conflicto interno de un hombre en una sociedad moderna. La novela, con su estilo experimental, resonó entre lectores de varias generaciones y consolidó su reputación como un autor visionario.
En 1943 publicó El juego de los abalorios, su obra más ambiciosa, ambientada en un futuro utópico en que el intelecto y el arte se fusionan en un juego espiritual. Esta novela le valió el Premio Nobel de Literatura en 1946, siendo reconocido por su profundidad filosófica y su estilo lírico.
Se estableció en Montagnola, Suiza, en 1919 y vivió ahí hasta su muerte. Allí escribió sus obras más importantes y mantuvo una vida austera, dedicada a la escritura, la pintura y la jardinería. Su hogar, Casa Camuzzi, se convirtió en un lugar de peregrinación para admiradores.
En sus últimos años, publicó ensayos, cartas y reseñas, manteniendo una prolífica correspondencia con intelectuales como Thomas Mann. Su salud se deterioró debido a una leucemia diagnosticada en 1961. Falleció a los 85 años, tras un derrame cerebral, en su casa de Montagnola.
Dejó una obra con más de 30 libros, traducidos a decenas de idiomas. Entre sus títulos destacan también Bajo la rueda (1906) y Rosshalde (1914). Su archivo personal, conservado en el Archivo de Literatura Suiza, contiene miles de cartas y manuscritos que reflejan su vida y pensamiento.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

Entradas populares (últimos siete días)

FÁBULA Don León y el señor Corzuela (con vídeo de Jorge Llugdar)

Corzuela (captura de vídeo) Pasaron de ser íntimos amigos a enemigos, sólo porque el más poderoso se enojó en una fiesta: desde entonces uno es almuerzo del otro Aunque usté no crea, amigo, hubo un tiempo en que el león y la corzuela eran amigos. Se visitaban, mandaban a los hijos al mismo colegio, iban al mismo club, las mujeres salían de compras juntas e iban al mismo peluquero. Y sí, era raro, ¿no?, porque ya en ese tiempo se sabía que no había mejor almuerzo para un león que una buena corzuela. Pero, mire lo que son las cosas, en esa época era como que él no se daba cuenta de que ella podía ser comida para él y sus hijos. La corzuela entonces no era un animalito delicado como ahora, no andaba de salto en salto ni era movediza y rápida. Nada que ver: era un animal confianzudo, amistoso, sociable. Se daba con todos, conversaba con los demás padres en las reuniones de la escuela, iba a misa y se sentaba adelante, muy compuesta, con sus hijos y con el señor corzuela. Y nunca se aprovec...

IDENTIDAD Vestirse de cura no es detalle

El perdido hábito que hacía al monje El hábito no es moda ni capricho sino signo de obediencia y humildad que recuerda a quién sirve el consagrado y a quién representa Suele transitar por las calles de Santiago del Estero un sacerdote franciscano (al menos eso es lo que dice que es), a veces vestido con camiseta de un club de fútbol, el Barcelona, San Lorenzo, lo mismo es. Dicen que la sotana es una formalidad inútil, que no es necesario porque, total, Dios vé el interior de cada uno y no se fija en cómo va vestido. Otros sostienen que es una moda antigua, y se deben abandonar esas cuestiones mínimas. Estas opiniones podrían resumirse en una palabra argentina, puesta de moda hace unos años en la televisión: “Segual”. Va un recordatorio, para ese cura y el resto de los religiosos, de lo que creen quienes son católicos, así por lo menos evitan andar vestidos como hippies o hinchas del Barcelona. Para empezar, la sotana y el hábito recuerdan que el sacerdote o monje ha renunciado al mundo...

ANTICIPO El que vuelve cantando

Quetuví Juan Quetuví no anuncia visitas sino memorias, encarna la nostalgia santiagueña y el eco de los que se fueron, pero regresan en sueños Soy quetupí en Tucumán, me dicen quetuví en Santiago, y tengo otros cien nombres en todo el mundo americano que habito. En todas partes circula el mismo dicho: mi canto anuncia visitas. Para todos soy el mensajero que va informando que llegarán de improviso, parientes, quizás no muy queridos, las siempre inesperadas o inoportunas visitas. Pero no es cierto; mis ojos, mi cuerpo, mi corazón, son parte de un heraldo que trae recuerdos de los que no están, se han ido hace mucho, están quizás al otro lado del mundo y no tienen ni remotas esperanzas de volver algún día. El primo que vive en otro país, el hermano que se fue hace mucho, la chica que nunca regresó, de repente, sienten aromas perdidos, ven un color parecido o confunden el rostro de un desconocido con el de alguien del pago y retornan, a veces por unos larguísimos segundos, a la casa aquel...

SANTIAGO Un corazón hecho de cosas simples

El trencito Guara-Guara Repaso de lo que sostiene la vida cuando el ruido del mundo se apaga y solo queda la memoria de lo amado Me gustan las mujeres que hablan poco y miran lejos; las gambetas de Maradona; la nostalgia de los domingos a la tarde; el mercado Armonía los repletos sábados a la mañana; las madrugadas en el campo; la música de Atahualpa; el barrio Jorge Ñúbery; el río si viene crecido; el olor a tierra mojada cuando la lluvia es una esperanza de enero; los caballos criollos; las motos importadas y bien grandes; la poesía de Hamlet Lima Quintana; la dulce y patalca algarroba; la Cumparsita; la fiesta de San Gil; un recuerdo de Urundel y la imposible y redonda levedad de tus besos. También me encantan los besos de mis hijos; el ruido que hacen los autos con el pavimento mojado; el canto del quetuví a la mañana; el mate en bombilla sin azúcar; las cartas en sobre que traía el cartero, hasta que un día nunca más volvieron; pasear en bicicleta por los barrios del sur de la ciu...

FURIA Marcianos del micrófono y la banca

Comedor del Hotel de Inmigrantes, Buenos Aires, 1910 Creen saber lo que piensa el pueblo sólo porque lo nombran una y otra vez desde su atril, lejos del barro en que vive el resto Desde las olímpicas alturas de un micrófono hablan de “la gente”, como si fueran seres superiores, extraterrestres tal vez, reyes o princesas de sangre azul. Cualquier cosa que les pregunten, salen con que “la gente de aquí”, “la gente de allá”, “la gente esto”, “la gente estotro”. ¿Quiénes se creen para arrogarse la calidad de intérpretes de “la gente”? Periodistas y políticos, unos y otros, al parecer suponen que tienen una condición distinta, un estado tan sumo que, uf, quién osará tocarles el culo con una caña tacuara, si ni siquiera les alcanza. Usted, que está leyendo esto, es “la gente”. Su vecino es “la gente”. La señora de la otra cuadra es “la gente”. Y así podría nombrarse a todos y cada uno de los que forman parte de esa casta inferior a ellos, supuestamente abyecta y vil, hasta dar la vuelta al m...