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PODER Lo pequeño se vuelve invulnerable

El ratón poderoso

Objetos comunes y corrientes descritos de una manera que no se diría, pero recorra el escrito para averiguar qué es

Es un átomo en el inmenso mundo el que te mantiene navegando tranquilo en medio de las procelosas aguas del mar de la vida. Bien visto, no es gran cosa: apenas una gota de seguridad en un mundo que, de un tiempo a esta parte, se ha vuelto una cueva de lobos. Esa partícula, creación de la inteligencia humana, te viene salvando de todos los males, más que la Cafiaspirina, más que cientos de ejércitos de soldados bien entrenados en las fronteras de tu país.
Poco te ha costado hacerte con él, pero sus beneficios te vienen siguiendo desde entonces. Has dejado tu casa del campo, tus bártulos, tus posesiones siempre confiadas a su cuidado. Y no te ha fallado: en muchas ocasiones su sola presencia ahuyentó a los malandras. Te sentiste feliz, protegido, cuidado como un duque, mientras él, silencioso, quieto, solitario, trabajaba quietamente y a conciencia.
Nunca deja su vigilante tarea. A veces han roto sus cadenas, pero ha permanecido incólume: no intentan tocarlo siquiera. Si van por lo tuyo, prefieren rodearlo, saltar la tapia, romper las ventanas, cortar el alambrado, tirar abajo la puerta… cualquier cosa antes que tocarlo. Saben que es fielmente inviolable, mejor que el mejor perro guardián entrenado para ser un asesino de intrusos.
Es el responsable, además, de que no sospeches del prójimo. No porque el prójimo sea capaz de hacerte algo malo o te lo haya hecho efectivamente, sino porque se planta frente al otro, posible enemigo, y le sostiene la mirada para decirle: “No lo intentes”.
Viene siendo prácticamente igual a sí mismo desde hace unos sesenta años, cuando adquirió la forma con que lo conocen. No cambió. Es de esos artilugios que el hombre sólo mejora: no le cambia el modelo, no lo hace más presentable, no lo pinta, no hace alarde con él.
Sin ninguna ceremonia, un buen día lo pone en funciones y lo deja cual guardián de sus bienes, de sus hijos, de su existencia. Su nombre, en la boca de la gente, es sinónimo de silencio. Entre los políticos es la medida infranqueable de las leyes, que impiden un más allá que siempre estará vedado.
Nadie intentará pasarlo por encima; a lo sumo, buscarán que se abra con franqueza y con una cifra, que siempre es misteriosa y de formas irregulares caprichosas, dejará pasar lo que antes era vedado.
Lo han usado los hombres de las más diversas ideologías, pensamientos, corrientes, tendencias, credos y doctrinas. Ninguno lo vio como un mal menor: a todos les solucionó el problema del diario vivir, en alguna etapa de su vida, quizás en todas.
El nacimiento de la computación provocó que le nacieran hermanos por todas partes, todos digitales. Pero, aun así, su presencia siguió siendo indispensable para la tranquilidad, la paz, el sosiego de los que tienen algo que perder en este mundo, que es la inmensa mayoría de la humanidad.
Viene siendo fiel a sí mismo, a su esencia más intrínseca, al trabajo que le encomiendan sus mandatarios desde el principio de los tiempos. No deja de ser él, ni siquiera cuando alguien, preocupado, advierte que está lejos y sospecha que dejó la casa cerrada, la luz apagada, las ventanas bajas. Sin embargo, de puro chambón y olvidadizo no le puso candado.
Juan Manuel Aragón
A 28 de agosto del 2025, en la Tabla Redonda. Comiendo mandarina.
Ramírez de Velasco®

 

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc28 de agosto de 2025 a las 6:47

    He quedado con la duda.

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  2. Cristian Ramón Verduc28 de agosto de 2025 a las 8:23

    Ahora me cierra. Muy bueno, Juan Manuel. De paso, recuerdo que debo comprar uno.

    ResponderEliminar

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