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CUENTO Sorpasso

Las Sorpasso

“Se quedó sentadito, mirando para adelante, serio, reconcentrado, jugando con un lápiz entre las manos”

Esta historia me la compartió el amigo Rodi Beltrán. Cualquiera creería que es típica de los tiempos de antes, cuando el mundo era joven, pero es muy posible que también ahora se repita, cambiando una coma por aquí, un punto por allá. La publiqué en un blog que tenía antes al que, de vez en cuando le saqueo un escrito para compartirlo —corregido y aumentado —en este sitio.
Las más comunes eran las Flecha, después venían las Sorpasso, que salían como las Adidas con lucecitas de ahora. Eran de color azul o matecocido con leche y en la parte de abajo traían unas franjitas que daban más agarre al pie. También estaban los botines Sacachispas, más caros que no sé qué y pocos los tenían. Y los Quégolazo, que venían a ser unos Sacachispas para pobres, te los ponías dos veces y se hacían pomada.
El Gordo cayó ese día a la escuela con unas Sorpasso azules nuevitas. En el recreo fuimos a jugar a la pelota al patio, que tenía un alambrado a la vuelta. En eso, la pelota voló para afuera. El Gordo corrió a traerla, trepó el alambrado, cruzó la calle, pateó la de trapo y volvió. Cuando estaba trepando, se le enganchó la zapatilla en un alambre y se le rompió toda la planta, a la altura del taco. Se le hizo moco, como dicen ahora.
Al día siguiente, el Gordo no salió a jugar en el primer recreo. Se quedó sentadito, mirando para adelante, serio, reconcentrado, jugando con un lápiz entre las manos. En el segundo, tampoco. En el tercero, decidimos averiguar qué le pasaba. Le corrimos el banco de adelante, lo levantamos, lo dimos vuelta y nada, che.
—¡Eh, Gordo!, qué te pasa. Vení a jugar a la pelota —le dijo alguno.
—No puedo —dijo el Gordo.
—Pero, vení, qué te va a pasar.
—Nada, no puedo- seguía diciendo.
Fue Pelusa, creo, el que se dio cuenta. El Gordo había venido con la zapatilla izquierda y una media azul en el pie derecho. En vez de zapatillas tenía solamente la media y el padre le había pintado una franja blanca con témpera, para que pareciera que tenía las Sorpasso puestas.
A usted, que nunca ha salido de las cuatro avenidas, amigo, tal vez le haga gracia la historia. Pero a uno que sabe lo que es no tener zapatillas para salir a jugar todavía le duele verlo al Gordo, sentado en el banco, sin moverse toda la mañana, poniendo cara de “no me importa”.
Capaz que ahí sigue
Juan Manuel Aragón
A 10 de febrero del 2024, en La Noria. Atando la zorra.
Ramírez de Velasco®

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