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HISTORIA No es casita, es el “Caserón de Tucumán”

Mi abuelo empezando la demolición para la futura avenida

Tiene una cuadra de largo, es el museo que alberga la sala de la jura de la independencia, única parte antigua que queda en pie

Hierven de rabia los tucumanos cada vez que los porteños le dicen “Casita de Tucumán” al histórico lugar en que se declaró la independencia. Como si fuera la única que hay en la provincia, como si el resto fueran nomás montañas, ovejas y paisaje. Es verdad que en un tiempo quedó reducida a la sala de la jura de la independencia, la única parte original que quedó en pie, pero después la reconstruyeron más o menos, como suponen que fue, y la agrandaron bastante, y ahora va de calle a calle, de la Congreso a la 9 de Julio, partiendo en dos la manzana, como para que decirle “casita”, suene medio ridículo. Sería un caserón, más bien. Deberían decirle “Caserón de Tucumán”, porque en la provincia no debe haber otra más grande.
Ya se ha contado infinidad de veces que a partir de una vieja fotografía se reconstruyó el frente de la morada que había sido de Francisca Bazán de Laguna, como lo sabían todos los chicos de tercer grado de antes, cuando se iba a las escuelas a aprender. Luego se la reconstruyó siguiendo los cimientos, por lo que la única parte histórica, pero histórica en serio, es la sala de la jura de la independencia. El resto es un museo, quizás uno de los más completos del norte. Y muchos chicos de todo el país la recorren curiosos, con un guía que les explica más o menos, qué están mirando.
En tiempos que mi abuelo Roque Raúl Aragón fue intendente de Tucumán, proyectó una gran avenida que saldría de los Tribunales y llegaría hasta la plaza Independencia, rodeando el templete que guardaba la sala de la jura, la “salita”, se diría, para ser conteste con el pensamiento de los porteños. Si se trazaba esa avenida, años después no podría haberse reconstruido la Casa Histórica. Durante su período de gobierno, se demolieron las casas de la primera cuadra. Y como suele suceder en estos casos, luego cuando mi abuelo dejó la intendencia se terminó la plata para la obra, o al que lo siguió ya no le importó continuarla, como sucede tantas veces en esta bendita tierra. Y lo que iba a ser una señora avenida terminó siendo el pasaje 2 de Abril, cien metros más o menos.
Pero, siga crónica adelante, que falta un trecho, amigo.
El caso es que luego de construida la nueva casa, le agregaron otras propiedades, hasta que la estiraron hasta la otra cuadra. Empezó en la Congreso y ahora llega hasta su paralela, la 9 de Julio. Antonio Domingo Bussi, cuando era gobernador, amenazó con expropiar toda la manzana de la propiedad y la del frente, para hacer una gran plaza con la Casa Histórica en el medio y no agarró la de atrás, porque ahí está el templo de Santo Domingo, si no, no quedaba ni el hotel Premier.
Pero sólo alcanzó, otra vez, para tirar abajo unas cuantas casas a los costados, que quedaron como simpáticas plazoletas. Expropiar toda la manzana del frente habría salido a los tucumanos un ojo de la cara, sólo porque al General se le ocurrió, una mañana que se levantó patriota y no tenía un estudiante al frente para tirar al blanco.
Es decir, la casita como la llaman los porteños, no solamente es un caserón de la san Puta, sino que también tiene dos placitas rodeándola y de yapa, mostrando su grandeza como símbolo de la independencia que (no) supimos conseguir.
Párrafo aparte para las maestras de antes, que obligaban a dibujar esas columnas de la Casa Histórica, otorgándole a la arquitectura o al diseño de frentes de viviendas una importancia fundamental en la educación de sus alumnos. Desde aquel tiempo, muchos creen que la independencia es una casa maldita, más difícil de dibujar que no sé qué, un patriota es un tipo vestido con un disfraz que recuerda a un granadero y un gaucho es un ñato de bota, bombacha y sombrero aludo. Así nos va también.
Juan Manuel Aragón
A 9 de julio del 2025, en la Crisóstomo (calle tucsoniana). Tratando de escapar.
Ramírez de Velasco®


Comentarios

  1. Así nos va también. En ocasiones anteriores se comentó que en vez de transmitirles a los niños valores patrióticos y valoración de la gesta llevada a cabo por quienes le dieron la libertad a nuestro país, a esos niños se les enchufa una camiseta del equipo de fútbol en cuanto salen de la sala de partos y se les enseña que esos son los colorea a venerar y esa debe ser la motivación de su orgullo nacional.
    Pese a que a los argentinos les da urticaria si alguien comenta algo bueno sobre USA y el imperialismo colonialista neoliberal opresor apátrida, tal vez sea saludable, en ocasión de este 9 de Julio, comentar sobre algunas de sus costumbres relacionadas con la celebración de su gesta libertadora.
    La semana pasada fue la celebración de la Independencia de USA, y muchas familias se reúnen en lo que serían nuestros asados ( o locro), se visten con trajes de época personificando a los congresistas, y leen con sus hijos la declaración de la independencia comentando sobre las opiniones y reclamos más conocidos que quedaron en actas.
    Nosotros también tenemos esa historia, y sería una buena práctica imitar esa costumbre a nivel familiar. Recuerdo que se solía implementar, con actuación teatral y disfraces, en nuestras escuelas hace algunas eras geológicas cuando éramos chicos.

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