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1575 ALMANAQUE MUNDIAL Loaysa

Jerónimo de Loaysa

El 26 de octubre de 1575 muere Jerónimo de Loaysa, primer obispo de Lima, tuvo un papel clave en la consolidación de la Iglesia católica en América

El 26 de octubre de 1575 murió Jerónimo de Loaysa. Fue el primer obispo de Lima, en la capital virreinal del Perú, y su muerte se debió a una enfermedad prolongada que lo aquejaba desde su llegada al Nuevo Mundo. Nombrado obispo en 1541 por el rey Carlos I de España, tuvo un papel clave en la consolidación de la Iglesia católica en América del Sur durante los primeros años de la colonia. Nacido en 1498 en Traspinedo, provincia de Valladolid, España, su muerte marcó el fin de una etapa fundacional en la evangelización y administración eclesiástica del Virreinato del Perú.
Provenía de una familia noble de hidalgos castellanos, con raíces en la corte real, donde su hermano Pedro de Loaysa fue el primer gobernador de las islas del Mar del Sur en 1526. Educado en teología en la Universidad de Salamanca, ingresó en la Orden de los Dominicos en 1515, destacándose por su erudición en derecho canónico. Antes de su nombramiento episcopal, sirvió como prior en conventos de España, acumulando experiencia en la administración monástica que lo preparó para misiones en ultramar.
En 1538 fue designado obispo de Bogotá, pero la diócesis se trasladó a Lima en 1541, convirtiéndolo en el primer prelado de la recién fundada ciudad por Francisco Pizarro en 1535. Su llegada al Perú ocurrió en 1543, tras un viaje transatlántico que duró meses, transportado en la flota de Pedro de Valdivia. Según crónicas de la época, como las de Pedro Cieza de León, enfrentó las dificultades de una región en guerra civil entre conquistadores.
Como obispo, supervisó la construcción de la primera catedral de Lima, iniciada en 1538 pero completada bajo su mandato en 1542, con planos inspirados en la catedral de Sevilla. Financiada por donaciones reales y diezmos indígenas, la obra involucró a artesanos españoles y locales, costando aproximadamente 20.000 pesos de oro, según registros del Archivo General de Indias. Esta estructura se convirtió en el centro de la vida religiosa limeña.
Durante su episcopado participó en las disputas entre el virrey Blasco Núñez Vela y Gonzalo Pizarro en 1544-1546, mediando en nombre de la Corona para restaurar la autoridad real. Emitió bulas pastorales contra la rebelión, excomulgando a los insurrectos, lo que contribuyó a la derrota de Pizarro en la batalla de Jaquijahuana en 1548. Documentos del Cabildo de Lima registran su rol en la reconciliación posterior.
Promovió la evangelización de los indígenas, estableciendo doctrinas en el valle del Rimac y fundando el primer seminario en Lima en 1551, precursor del Colegio Seminario de Santo Toribio de Mogrovejo. Bajo su dirección, se bautizaron miles de nativos, con énfasis en la erradicación de idolatrías, según informes enviados al Consejo de Indias. Colaboró con misioneros franciscanos y jesuitas llegados en 1568.
En 1552 viajó a España para informar sobre el estado de la diócesis, regresando en 1555 con privilegios reales que ampliaron sus facultades jurisdiccionales. Durante su ausencia, delegó en el cabildo catedralicio, que gestionó 15 parroquias en Lima y sus alrededores. Registros vaticanos indican que obtuvo indulgencias plenarias para los fieles peruanos, fortaleciendo la devoción mariana en la región.
De regreso en el Perú enfrentó epidemias de viruela en 1558, organizando campañas de socorro que incluyeron la distribución de alimentos y misas por los fallecidos. Según el cronista José de Acosta, su intervención salvó a cientos de indígenas en las reducciones de Huarochirí. Invertía personalmente en hospitales, donando bienes de su patrimonio personal valorados en 5.000 ducados.
Hacia 1560 impulsó la impresión de libros litúrgicos en el Perú, colaborando con el impresor Antonio Ricardo, quien llegó en 1583 pero preparó ediciones previas. Produjo misales y breviarios adaptados al uso romano, con tiradas de 500 ejemplares cada uno, financiados por el erario eclesiástico. Estos textos circularon en diócesis vecinas como Quito y Cuzco.
En sus últimos años, aquejado por gota y fiebres tropicales, vivió en el Palacio Episcopal de Lima, construido en 1540 con piedra traída de Panamá. Dictó testamento en octubre de 1575, legando bienes a conventos dominicos y obras pías. Su muerte ocurrió en la capilla privada, asistido por clérigos locales, y fue sepultado en la catedral de Lima. Una lápida conmemorativa detalla su servicio de 32 años en el Nuevo Mundo.
Ramírez de Velasco®

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