Ir al contenido principal

CUENTO Azucena y Ramoncito

El 96 a la cabeza

A la sombra de la tómbola santiagueña florece el amor en un barrio de la ciudad

El Dentista es el 37, la Lombriz el 66, si sueñas con el Enamorado es el 93. Todos los números los tiene en la cabeza, el de su vecina de la calle 7 es el Revólver, doña Pochi vive en el 1126, la Misa, el colectivo que pasa a la madrugada tiene la chapa patente terminada en 85, la Linterna.
Azucena es la jubilada más vieja del barrio desde que se murió la Negrita, la que estrenó la sala velatoria que hicieron entre todos los vecinos, al lado de la parroquia, porque a nadie le gustaba andar oliendo a flores hasta un mes después de ausentarse el finado. Desde que levantaron la sala “Nuestro Señor de la Buena Muerte”, los vecinos crepaban tranquilos, sabiendo que ahora se irían de manera decente, no como antes, los deudos pechándose en la puerta de las casas para sacar el cajón.
La Azucena vive en un estrafalario y mentiroso escenario de cálculo de probabilidades, mientras fuma en la puerta de la casa, aguaitando que falten 10 minutos para partir a toda velocidad a jugar en el tombolero de la vuelta. Cuando se le ocurre un número nada ni nadie se lo saca de la cabeza, va derecho a ponerle unos pesitos. A esa hora no vale que le digan: “Azucena, jugale todo al 61, he soñado con una escopeta”, porque ya está ciega con el que ha pensado.
El martes 25, feriado de san Santiago, anduvo como loca, no jugó en todo el día por culpa de los sobrinos, que la llevaron al campo a comer un asado. Esa mañana, desde que se enteró de la muerte de la Nina tuvo una angustia en el pecho todo el tiempo, ¿y si salía?, ¿y si se daba su corazonada? Los vecinos saben que le gusta que le digan “Tana”, porque está orgullosa de sus antepasados, llegados de Génova. Ahora eran gente importante allá, según le habían contado los sobrinos, no como cuando vinieron de Italia, que apenas tenían para comer un puñado de polenta con ´pacarito´.
El miércoles pataperreó tempranito hasta el tombolero de la vuelta, ¡uf!, el 25 de julio no había salido el número. El 26 le jugó en la previa y le erró por lejos, salió el Peine, 27 a la cabeza. Le volvió a jugar en la matutina y nada, che, el 72, la Sorpresa. En la vespertina le volvió a jugar a la cabeza, a los diez y a los 20, mil pesos a cada uno. Y la pegó, al fin salió el 96, la edad que tenía la Nina Aragonés cuando murió el martes a la mañana.
Pobre Azucena, quedó soltera después de la historia con Ramoncito Ruiz, que quiso dejar a la señora para venirse a vivir con ella. Mirá si se repite, pensó para el sorteo de la tardecita y volvió a errarle y, como una maldición, el 96 estuvo ausente con presunción de fallecimiento hasta los veinte. “Génova”, le decía Ramoncito: todas las noches fantaseaban con la idea de irse a vivir a Italia y ser libres para expresar su amor, trepando tapias, esquivando perros de la medianoche, haciéndose el sospechoso en las oscuridades de las negras esquinas e inventando excusas increíbles para hacerse poner ausente en el lecho conyugal.
El jueves volvió a dejarse sorprender por los números que hallaba en el camino, soñó con la abuela, pero no se acordaba cuándo había muerto ni qué edad tenía, entonces le jugó al 94, el cementerio e hizo una redoblona con el 47, el muerto y volvió a perder, como de costumbre.

Leer más: Bailes, uno había ido por ir nomás y se enamoraba perdidamente en una noche y otro que esperaba hallar el amor de su vida, regresaba con las manos vacías y el corazón mustio

Decí que la mujer de Ramoncito los pescó a tiempo cuando estaba organizando todo para mandarse a mudar con la Azucena: “Te vas con esa y olvídate para siempre de tus hijos, de tus asaditos de fin de semana, de tus salidas con los muchachos, del fútbol, de la ropita de marca, la cama tendida, de los cigarrillos, esa te va a dar solamente sufrimiento”, le dijo.
Sus días se dividen en cinco partes, previa, matutina, vespertina, tardecita y nocturna. Cuando se acerca la hora del cierre no hay quién la detenga enfilando para la agencia de la vuelta, llueva, truena, haga frío o calor, a veces con fiebre, temblando debajo de un batón abrigado que había sido de la madre, enfila para la Tómbola a jugarse a suerte y verdad, un destino sin destino.
Semejante vago su Ramoncito. Jamás en su vida había trabajado, siempre anduvo tras el sueño de poner un kiosco o que lo contraten de sereno en una fábrica de cualquier cosa. Todo le debía a la señora, la casa, el auto, las vacaciones, los hijos, los trajes domingueros para ir a misa. La mujer lo tuvo que agarrar de las orejas para que no se le vaya con la “Chirusa”, como le dijo desde ese día a la Azucena.
Con el ritmo que lleva, la jubilación le dura más o menos hasta el 10 de cada mes, pero si la pega en algún número, por ahí llega hasta el 20 y una vez le acertó dos veces seguidas, cuando la tómbola era solamente nocturna y salió la Sangre, el 18, lunes y martes porque cuando gana, ella siempre le vuelve a jugar al número como agradecimiento. El resto del tiempo lo pasa hambreada, con yerba lavada de antes de anteanteayer, galletitas de agua y uno que otro guiso que le alcanzan en un taper las vecinas, de pura lástima nomás.
Después de aquello a Ramoncito lo tuvieron entre algodones unas pocas semanas, para hacerlo endulzar de nuevo, hasta que se le pasó la calentura y la señora estuvo segura de que ya no se le iría, porque era cagón también, ¿no? Entonces se dedicó a hacerle la vida imposible día por día, hora por hora: lo mandó a dormir al cuartito de las herramientas, solamente con un colchón, en medio de todo el raterío que andaba al fondo, entre la bicicleta con las gomas pinchadas desde hacía diez años y la morsa que compró cuando decía que trabajaría como mecánico y nadie le creyó, semejante inútil.
Otra vuelta lo siguió al 84, la Iglesia durante cerca de un mes, y nada. Era cuando jugaba poquito nomás, después de apartar la plata para el agua, la luz, la comida, los impuestos y los remedios. Hasta pensó en hacerle un juicio a la Lotería Santiagueña porque no aparecía la Iglesia ni hasta los veinte, cambió de tombolero, se fue a uno de tres cuadras, pensando que la espiaban cuando iba a jugar. Cansada, lo dejó marchar al número y siguió sin salir un buen tiempo más, el muy canalla.
Ramoncito murió de tristeza, apartado de la casa, de la vida, de la familia, de los hijos. De tarde salía un rato en camiseta a mirar cómo pasaba la vida por el vecindario, parado en la puerta, los ojos vacíos, el corazón apagado, el cuerpo lleno de ronchas, más flaco que ojota de gordo. La señora ya no le daba el carnet del Iosep para hacerse ver con el médico, nadie en la casa lo saludaba, le ponían un plato de comida con una cabeza de pan y agua del caño en la entrada de la pieza y eso era todo.
El día que Azucena se enteró de que había muerto, no le pasó nada en el corazón. Una vecina le fue con el chisme para ver qué decía, qué hacía, qué comentaba, pero no dijo ni mu, no por nada sino porque no tenía qué opinar. El tipo había preferido quedarse con la señora de siempre y se olvidó de las noches de libertina pasión y desamparo sexual que habían gozado en secreto, haciendo florecer el imposible amor de muchos barrios santiagueños, sólo porque no se quedaron con las ganas, se dieron con el gusto, qué tanto.
Esa noche lo soñó clarito, la hablaba, le decía que lo perdone, que se iba a ir con ella, que se prepare para las noches de amor y lujuria que vendrían, pero ella le contestó que ya no sentía nada, que no insista, que se deje de joder, en una palabra. De mañana tempranito fue a la Tómbola con la jubilación recién cobrada, le puso todo al 48, il morto qui parla, a la cabeza. Esperó en la casa rezando el Rosario, no por el alma del finado, nada que ver, sino porque creía que se había mandado una macana jugándose el todo por el todo. Pero, con toda felicidad, salió el 48. 
Con la plata que ganó, mandó una corona al velorio. Decía “Ramoncito Ruiz, tus amigos del club Génova”, un mensaje subliminal, por las dudas el muerto la estuviera viendo desde arriba, abajo, el Cielo, el Infierno o dondequiera lo hubieran mandado, los dioses que distribuían las almas desde la sala velatoria del Señor de la buena muerte. Iba a poner su nombre, pero después lo pensó mejor y se dijo que no valía la pena pelearse con nadie y menos andar en la boca de todo el barrio por semejante basura.
Al día siguiente, casi como un triste consuelo de despechada, pensó que el finado tenía menos cerebro que un pajarito. Entonces se acordó de que el pajarito es el 35, salió a la disparada a la tómbola a jugarle. Y no va a creer, amigo, acertó de nuevo, en la vespertina.
©Juan Manuel Aragón

Comentarios

  1. Una pluma perfecta Juan y su historia. Los últimos estudios demuestran que la mujer juega más que el hombre en los 5 juegos.

    Hay muchas referencias. El 18 de diciembre en la matutina salio el 10 el día domingo. Ese día Argentina salio campeón mundial. Y muchos juegan con el día de las muertes de aniversarios de Koli Arce, Rodrigo, Jorge Veliz y especialmente de Diego Maradona.

    Una humilde opinión para sumar.

    ResponderEliminar
  2. Extraordinario, Juan. Lo compartiré.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares (últimos siete días)

OBITUARIO Carlos Verón

El Bobadal, en una fotografía tomada de Google Un recuerdo para un primo que he querido mucho y que murió este año después de un tiempo en un sanatorio Lo he querido mucho a mi primo Carlos Verón, hijo de María Juárez, que a su vez era hija de mi abuelo Emiliano. Tipo simpático, querible, de sonrisa franca y manos siempre abiertas para ayudar a los vecinos, vivió siempre en El Bobadal, departamento Jiménez, Santiago del Estero. Era el chofer de la ambulancia del hospital, el que traía los enfermos a Santiago o los llevaba a Tucumán. Ya he contado otra vez cómo nos conocimos. Era, de entre todos los nietos de mi abuelo, el que, en su juventud más se le parecía. Usted veía caminar a Carlos y ahí estaba mi abuelo. En eso eran igualitos. Mi abuelo nunca la reconoció a la tía María, que tenía la voz medio ronquilla de los Hernández, no sé, razones habrá tenido. La última vez que anduve en El Bobadal fue en Año Nuevo. Fuimos con mi familia el 31 y volvimos el primero de enero. Aproveché un r...

ESPEJISMO Después del primer chorro

Árabe con huríes reales Hacerse inmensamente rico no siempre alcanza para olvidar ciertas costumbres que se llevan muy adentro Nos volveremos finos el día en que hallen petróleo en los ardientes saladillos santiagueños. Detrás de los jumiales se levantarán las torres buscando el oro negro y en las ciudades correrán ríos de bebidas espirituosas festejando el hallazgo. Es posible que hasta se nos dé por usar turbantes y anteojos negros cuando viajemos a Buenos Aires en limusina. En vez de hacer empanadas, nuestras mujeres encargarán que las traigan de Tucumán, porque será mucho trabajo hacer el relleno, tornear la masa, repulgar y hornear. Los faroles de la plaza Libertad serán de bruñido bronce y todas las tardes en la retreta, la Orquesta Filarmónica de Londres interpretará obras de Beethoven o los Niños Cantores de Viena deleitarán a la audiencia entonando la conocidísima canción que empieza diciendo “Lebe Schwester tanz mit mir // Es tanzt ein bibabutzemann…”. Dejaremos el vino en ca...

PREJUICIOS ¿Racismo dice?, ni ahí

Fotografía intervenida, a modo de ilustración Los que acusan a los argentinos de creerse superiores no saben de qué hablan realmente "En la Argentina no hay racismo", dicen. Muy bien, muy bien. Pero, oiga, ¿usted ve muchos negros por las calles? Ninguno. Así es fácil. Pero si nos rascan un poco, van a ver que uno de los insultos que las demás barras de fútbol le dedican a Boca Juniors es "bolitas", por bolivianos. También les dicen "boliguayos", por bolivianos y paraguayos. Distintos son los de Santa Cruz de la Sierra, esos sí parecen gente como uno. Los que viven aquí son hinchas del club de los negros. Si pregunta a un habitante de los márgenes de la ciudad de Buenos Aires, quiénes son, dicen: "Los que vienen a quitarnos el trabajo a los argentinos". Oiga, ¿qué insulto se le ocurre para un mal tipo? Negro de mierda. ¿Y si es muy mal tipo?, Negro, solito, sin más calificativos, no los necesita. ¿Y si es rubio? También, no diga que no ha oído dec...

1911 AGENDA SALTEÑA Juárez Arze

Paisaje de los valles Calchaquíes El 20 de julio de 1911 muere en la pobreza José María Juárez Arze, médico salteño que se establece en los Valles Calchaquíes El 20 de julio de 1911 murió en la pobreza José María Juárez Arze. Fue un médico salteño nacido el 8 de febrero de 1852 que dedicó su vida al estudio y tratamiento de enfermedades regionales del norte argentino tras establecerse en los Valles Calchaquíes. Nacido en Salta en pleno siglo XIX, completó su formación médica en un contexto en que las patologías locales representaban un desafío constante para los profesionales de la salud. Su interés se centró especialmente en las afecciones endémicas en el campo y las montañas del norte. Tras recibirse, se trasladó a los Valles Calchaquíes, donde se entregó de lleno al ejercicio de la profesión. Atendió a poblaciones dispersas en un ambiente de valles áridos, altitudes variables y condiciones sanitarias precarias, combinando la práctica diaria con la observación sistemática de los male...

Los Messi del domingo

Lionel Andrés Messi El sitio Info del Estero, el más leído de Santiago y quizás de todo el norte ha vuelto a cometer una nota del autor de este blog Un buen día, ayer domingo en realidad, nos acostamos todos teniendo un sólo apellido. La nota que escribí y envié a Info del Esttero , no solamente muestra que todos teíamos su apellido sino que, al menos durante la tarde del domingo 19 de julio del 2026, sólo fuimos uno. Si quiere leerla, fíjese aquí . Ahí está https://infodelestero.com/2026/07/20/cual-es-su-apellido/ Ramírez de Velasco®