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BLANQUEO Ni olvido ni perdón

Caputo


La historia, como siempre vuelve y vuelve y vuelve a repetirse

Siempre lo mismo, lo mismo, lo mismo. ¿Usted nunca ha oído decir “esta es la última de las últimas, aproveche este tren porque después no hay otro, es el final y cuando parta esta locomotora levantaremos las vías para que nunca jamás vuelva a pasar otro, jamás de los jamases, never in the puta life”?
A los argentinos nos vive pasando, cada tanto un gobierno ofrece la que será la moratoria del Fin del Mundo, aproveche ahora, mire que después no tendrá otra oportunidad de conseguir este blanqueo de capitales, y será por los siglos de los siglos, amén. Pero al cabo de los años siempre viene otra, y otra, y otra más, siempre con las mismas amenazas, de cárcel y castigo eterno, no olvido ni perdón para los que no entren, miren que después no habrá ninguna igual, no habrá ninguna, como el tango.
Y al cabo de unos pocos años, los gobiernos convierten a los infractores, siempre de mucha plata, en cómplices del Estado. O al revés, al Estado cómplice de quienes deben pagar impuestos y se tragan la plata. Nunca sale una moratoria para los que deben el lavarropas o fiaron en la carnicería medio de blando y tres de picada especial.
O vienen con sus pequeñas grandes trampitas para que siempre creamos que las hacen de buena fe. La última fue durante el tristemente célebre gobierno de Mauricio Macri. Como tenía funcionarios muy ricos o ligados a inmensos capitales, le hicieron propaganda diciendo que ellos y sus parientes más cercanos serían los únicos impedidos de lavar dinero de manera legal, esto último es una contradicción en los términos, pero buéh, sigamos adelante.
Sancionaron la ley los legisladores nacionales y cuando hubo que promulgarla, el Poder Ejecutivo vetó una pequeña partecita. Sí, adivinó, la que prohibía a los parientes convertirse en lavadores. Una jugada preparada, de pizarrón, digamos, que nadie vio venir, según relataban, haciéndose los bobos, los cándidos periodistas de ambos lados de la grieta. Oiga, no se sabe si el impuesto con que garcó cada infractor al fisco era justo o injusto, estaba bien o mal, es lo de menos, se trata de una estafa lisa y llana. Cometida, para peor, en su mayoría, por quienes hacen de la ética, la moral, las buenas costumbres y sarasa, un discurso sobre el que basan sus conversaciones, puro y whisky mediante, los más grandes delincuentes de la Argentina. No es plata que le deben a este o aquel gobierno, es dinero de todos los argentinos, que lo cobraron y después, “se olvidaron” de pagarlo, ahora son perdonados, porque alguito irá para todos nosotros.
El resto será dinero en blanco, con el que empezarán otro negocio, para luego olvidarse nuevamente de pagar impuestos y al tiempo les perdonarán las deudas, como si el gobierno fuera Dios para que vuelvan a blanquear lo que tenían en negro.
Endemientras, si usted se olvida de pagar la luz, el gas, el agua, tenga cuidado, porque en cualquier momento se los van a cortar y la reconexión, que viene a ser el blanqueo de los pobres, le poder salir un huevo y la mitad del otro.
Juan Manuel Aragón
A 12 de junio del 2024, en San Miguel de los Tucumanes. Comiendo chancaca.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc12 de junio de 2024 a las 7:15

    Más que "pagar impuestos", es "entregar lo recaudado", porque en el precio de los bienes y servicios que venden, están incluidos los impuestos. El "chico" le paga al "grande" y el "grande" no entrega ese dinero al que administra la cosa pública. No hay problema porque a cada funcionario "republicano y democrático" que elegimos, le damos el rango de monarca, o lo toma por sí mismo y no pasa nada. La próxima vez será distinto ("De acá", diría Olmedo).

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