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LEYENDA La otra versión del hermano Cacuy

Kakuy ecuyere

Hay una historia sobre la fábula más extendida en Santiago, que interpela la conciencia de cada uno en vez de quedarse en el folklore

Hay otra versión de la famosa y emblemática leyenda del Cacuy, tal vez la más santiagueña de todas las que circulan por esta ciudad y sus alrededores. Ahí va, por las dudas no la haya oído nunca.
El quinto día la Creación del Mundo, según el Génesis, Dios dijo: "Que las aguas se llenen de una multitud de seres vivientes y que vuelen pájaros sobre la tierra, por el firmamento del cielo". Pero no fue en un abrir y cerrar de ojos, sino que se tomó su tiempo para cada ave, poniéndole cada pluma, cada pico, cada patita, en su exacto lugar. A todas les dio su característica especial, el suri es corredor, el cuervo come osamentas, el picaflor quiebra las siestas buscando dulzores en las flores. Y el Cacuy sería para siempre un pájaro misterioso habitando lo más profundo del bosque. De noche lanzaría su canto, sólo para recordar a los vecinos que vivieran cerca, que Dios, en su infinita sabiduría, había hecho un pájaro tan invisible que muy pocos lo verían alguna vez.
Quizás porque los hombres quieren hallar una teoría científica para todo, idearon la leyenda del hermano bueno y la hermana mala, porque de otra manera no tenían cómo explicar ese lastimero grito, que parece salido de las entrañas de una mujer pidiendo ayuda: “¡Turay, turay!”.
Le digo, quizás para Dios seamos unos muñequitos entretenidos allá abajo en la Tierra, con los que todos los días se divierte al verlos tan afanosos buscando cosas que no les hacen falta, peleando por asuntos que no entienden, ideando artefactos que no necesitan, apretados en colectivos, yendo y volviendo a trabajar sin mirar las bellezas que hay a su alrededor. Y por eso ni se molestó en desmentir la leyenda del Cacuy. “Que crean lo que quieran”, debe haber pensado.
Él había hecho un pájaro para que anduviera oculto en el fondo del bosque, confundido en una rama, haciendo un nido inmaterial a los ojos de la gente, sólo porque así convenía a su propio vivir. Pero los hombres, en su casi infinita maldad, se dedicaron a tumbar ese bosque con una pasión digna de mejores causas, por supuesto. Y fueron dejando sin su escondite a la corzuela, el león, el hualu, la bumbuna y el yutu.
Y al cacuy, por supuesto.
Como no sabía hacer otra cosa para comer, más que pillar los bichitos que andan de noche y no tenía otra habilidad, se convirtió en un fenómeno de circo o como esos que se paran en los semáforos y barajan naranjas para que los automovilistas les den unos pesos. Como si fuera una ´écuyère de cirque´, que no sabe hacer otra cosa, se posa en las plantas altas del centro de pueblos y ciudades de Santiago y se muestra casi con vergüenza, para que, en el mejor de los casos, los vecinos pelen el celular y le saquen fotos y, en el peor, lo garroteen, lo ladrillen, lo hondeen, ¡malhaya triste destino!
Eso sí que ha hecho enojar a Diosito.
Por eso a cada rato manda desgracias en forma de pavorosos incendios como los que vivieron en Corrientes hace unos años o en Córdoba hace poco, grandes inundaciones que cada nada azotan al Chaco y Formosa, tormentas que no se han visto nunca, sequías espantosas. Pareciera que dice: “¿Así que, para sembrar soja, forraje de los chanchos de la China, han destruido el bosque que planté para mis animales?, ¡ahí les va el granizo!, ¡mando que vuelvan las mangas de langosta a azotar Santiago!, ¡no se descuiden con los ventarrones, que en cualquier momento les envío uno y no queda una chapa en las casas ni un eucalipto en el parque Aguirre!”.


Usted dirá que es mejor la otra leyenda, la tradicional, con un hermano bueno que, al volver del trabajo la hermana mala no le convida guiso ni le ha tendido la cama n le ha planchado la camisa. Hay gente que prefiere esta otra versión, porque al menos interpela la conciencia de los que pudiendo haber hecho algo bueno del bosque que Dios regaló a Santiago, prefirieron dejar la tierra pila para que parezca la Pampa Húmeda sin serlo. En semejante secadal de arena y salitre.
Deberíamos andar con más cuidado amigos, algo nos va a mandar Diosito uno de estos días, para que recordemos el mal que le hemos hecho al hermano Cacuy.
Ya va a ver.
Juan Manuel Aragón
A 30 de octubre del 2024, en el Potrero del Abuelo. Buscando iguanas.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. La vida te da sorpresas. Sorpresas te da la vida diría un disperso de lectura. Pero crearon la música con la letra de hacernos recordar que ser mortales y falibles como humanos nos pone en el cordel sin final. Porque algunos imaginaron que los bombos repiquetean como grito de ayuda de aquellos descensos africanos o por la falta de ser solidarios que ni las riendas sujetan al sujeto y predicado de apostasía ajenas pero hay que vivir penando si quieres aceptar el Estero del Santiago

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