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ESCÁNDALO El cura y el follazo (con vídeo explicativo)

Josete en el bar y en misa

Las grabaciones del sacerdote José Castro Cea, Josete, provocan cuestionamientos al arzobispo de Madrid

Madrid, España, 23 de septiembre del 2025. El escándalo que rodea al sacerdote José Castro Cea, conocido como "Josete", párroco en Madrid, estalló hace unos meses cuando un vídeo lo mostró en un contexto que chocaba frontalmente con su rol eclesial. En esas imágenes, grabadas para redes sociales en un teatro, apareció al lado de su pareja homosexual, admitiendo abiertamente una relación de tres años y contando que se conocieron en una orgía sexual. Ese material, que circuló entre clérigos y luego se hizo público, desató un torbellino de críticas en la Iglesia Católica española, cuestionando la coherencia moral de sus líderes y la aplicación de normas sobre el celibato y la conducta sacerdotal.

Josete, de unos cincuenta años, ha sido una figura visible en la diócesis madrileña durante décadas, con un perfil progresista que lo llevó a codearse con altos mandos vaticanos. Antes del vídeo, su nombre ya sonaba en corrillos eclesiales por su cercanía al Papa Francisco, a quien recomendó en 2019 como sucesor ideal al cardenal Carlos Osoro para la arquidiócesis de Madrid. Esa sugerencia, hecha durante charlas informales con el jesuita Elías Royón —un enlace clave entre España y el Vaticano— ayudó a que José Cobo Cano ascendiera al puesto, consolidando una red de afinidades teológicas y pastorales que incluía a Josete y otros sacerdotes afines.
El vídeo en cuestión no fue un arrebato aislado. Semanas antes de su difusión masiva, otro clip privado ya había llegado a manos de sacerdotes madrileños: se veía a Josete en un bar de Chueca, el barrio gay de la capital, jactándose del tamaño del pene de su compañero sentimental. Esa grabación, que se compartió en grupos cerrados del clero, forzó al cardenal Cobo a intervenir con discreción, sugiriendo a Josete un "tiempo de sosiego" lejos de la parroquia de El Pilar, donde oficiaba. El plan inicial apuntaba a un viaje a Estados Unidos, pero el sacerdote lo confirmó en noviembre de 2024 ante su Consejo Pastoral, alegando necesidad de desconcierto emocional por las filtraciones.
A pesar de las promesas de pausa, Josete no se apartó del todo. En septiembre de 2025, justo un año después de que el escándalo explotara en medios católicos conservadores, el cardenal Cobo lo ratificó al frente del Instituto Internacional de Teología a Distancia, entidad que forma a miles de laicos, seminaristas y profesores de religión en toda España. Esa decisión, vista como un blindaje a un aliado clave, avivó las acusaciones de favoritismo: ¿por qué un clérigo en concubinato público sigue moldeando a futuros curas, mientras otros son apartados por faltas menores?
El vídeo en que confiesa ser gay

La controversia no se limita a lo personal. Josete y su pareja, cuya identidad se mantiene en bajo perfil, comparten un edificio en Madrid con otros sacerdotes de tendencias similares, lo que ha alimentado rumores de un "círculo cerrado" tolerado por la jerarquía. Críticos dentro de la Iglesia argumentan que esto erosiona la credibilidad del ministerio, especialmente en un momento en que el Vaticano presiona por mayor transparencia en casos de abuso o inmoralidad clerical. El vídeo del teatro, con su tono ligero y confesional, se interpreta como una exaltación de la vida gay que choca con el magisterio católico, que distingue entre la inclinación homosexual (no pecaminosa en sí) y los actos (considerados desordenados).
En redes y foros eclesiales, las reacciones han sido viscerales. Algunos lo tildan de "padre follete" o lo ven como síntoma de una decadencia sodomítica en la Iglesia española, mientras que defensores, más escasos, hablan de hipocresía en una institución que oculta tantos casos. Josete se ha defendido insistiendo en que las grabaciones eran bromas o exageraciones, pero el daño está hecho: su rol en la promoción de Cobo —quien le debe en parte el capelo cardenalicio— se menciona como posible chantaje implícito para evitar sanciones mayores.
La Iglesia madrileña, bajo Cobo, navega entre reformas pastorales abiertas y presiones conservadoras. El caso de Josete ilustra esa tensión: no hay expulsión del estado clerical, a diferencia de otros escándalos donde un desliz privado basta para la dimisión. Fuentes internas hablan de "arbitrariedad probatoria", donde el estándar para castigar varía según lealtades. Mientras, el Instituto de Teología a Distancia sigue operando bajo su dirección, con cursos que tocan temas éticos y teológicos, ironía que no pasa desapercibida.
El escándalo trasciende Madrid. Ha reavivado debates sobre la homosexualidad en el clero, recordando figuras como José Mantero, quien en los 90 confesó ser gay en televisión y casó a parejas del mismo sexo, o Krzysztof Charamsa, destituido en el 2015 por algo similar. En España el 80 por ciento de los obispos rechaza la bendición de uniones gays, y casos como este alimentan la polarización. Josete, con su historia de ascenso vaticano, encarna un desafío: ¿reforma o escándalo?
Hasta hoy, no hay novedades en la investigación canónica, si es que existe. Cobo prioriza la unidad diocesana, pero el vídeo sigue circulando en círculos católicos, como recordatorio de grietas profundas. Josete, por su parte, ha optado por el silencio público, enfocándose en su labor formativa, que ahora incluye a seminaristas que podrían cuestionar su ejemplo.
Este episodio, lejos de resolverse, pone el dedo en la llaga de cómo la Iglesia gestiona la intimidad de sus ministros en una era de redes omnipresentes. Sin sanción visible, el caso Josete se convierte en precedente incómodo, donde la lealtad pesa más que la doctrina. Ramírez de Velasco®
 

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