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70 d.C. ALMANAQUE MUNDIAL Jerusalén

Ataque a Jerusalén

El 8 de septiembre del año 70 d.C., el ejército romano, al mando del general Tito, saquea Jerusalén y es el fin de la Primera Guerra Judeo-Romana

El 8 de septiembre del año 70 d.C., el ejército romano, bajo el mando del general Tito, saqueó Jerusalén, marcando el fin de la Primera Guerra Judeo-Romana. La ciudad, centro religioso y político de Judea, fue destruida tras un prolongado asedio. El Templo de Jerusalén, conocido como el Segundo Templo, fue incendiado y demolido. Miles de habitantes fueron muertos o esclavizados. Tito, hijo del emperador Vespasiano, lideró las legiones romanas en una campaña iniciada en el año 66 d.C. para sofocar la revuelta judía. El asedio comenzó en abril del 70 d.C., durante la Pascua judía. Las murallas de la ciudad cayeron tras meses de resistencia. Tropas romanas profanaron lugares sagrados y saquearon tesoros. Flavio Josefo, historiador contemporáneo, documentó los hechos. La destrucción marcó un punto de inflexión en la historia judía.
La Primera Guerra Judeo-Romana comenzó en el año 66 d.C., tras tensiones entre los judíos y la administración romana. Los rebeldes judíos tomaron el control de Jerusalén, expulsando a las fuerzas romanas. Vespasiano, entonces general, fue enviado a reprimir la revuelta. En el 69 d.C., Vespasiano se convirtió en emperador, dejando a su hijo Tito al mando de la campaña.
Tito llegó a Jerusalén en la primavera del 70 d.C. con cuatro legiones romanas, aproximadamente 80.000 soldados. La ciudad estaba dividida por facciones judías enfrentadas, lideradas por figuras como Simón bar Giora y Juan de Giscala. Estas divisiones internas debilitaron la defensa de Jerusalén frente al asedio romano.
El asedio comenzó en abril del 70 d.C., coincidiendo con la Pascua, cuando miles de peregrinos estaban en la ciudad. Las legiones romanas construyeron rampas y torres de asedio para superar las murallas. Los defensores judíos resistieron con tácticas de guerrilla y fortificaciones, pero las provisiones escaseaban.
En julio del 70 d.C., los romanos lograron abrir una brecha en la muralla exterior. Las legiones avanzaron hacia el Templo, el corazón religioso de la ciudad. Los enfrentamientos fueron intensos, con los defensores atrincherados en el complejo del Templo.
El 8 de agosto, las fuerzas de Tito irrumpieron en el Templo. Durante el asalto, un incendio destruyó el Segundo Templo, construido en el siglo VI a.C. Flavio Josefo, presente durante el asedio, describió cómo las llamas consumieron el santuario, a pesar de los intentos de algunos soldados por salvarlo.
Tras la caída del Templo, el saqueo se extendió por toda la ciudad. Casas, palacios y almacenes fueron destruidos o saqueados. Los tesoros del Templo, incluyendo la Menorá, fueron llevados a Roma como botín. Josefo relató que los objetos sagrados fueron exhibidos en el triunfo de Tito.
Miles de habitantes fueron asesinados durante el saqueo. Otros fueron capturados y enviados como esclavos a Roma o a otras provincias. Josefo estimó que más de un millón de personas murieron y cerca de 97.000 fueron esclavizadas, aunque estas cifras son debatidas.
Los romanos destruyeron gran parte de las fortificaciones y edificios de Jerusalén. Solo algunas torres y una sección de la muralla occidental permanecieron en pie. La ciudad quedó en ruinas, y su población fue diezmada.
Tito regresó a Roma en el 71 d.C., donde fue recibido con un triunfo. El Arco de Tito, erigido años después, conmemoró la victoria y representó el saqueo del Templo. Josefo, que se unió a los romanos tras ser capturado, escribió La Guerra de los Judíos, principal fuente de estos acontecimientos.
Ramírez de Velasco®

 

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