Ir al contenido principal

1945 CALENDARIO NACIONAL Federal

Policías federales en la actualidad

El 1 de octubre de 1945, la Policía de Estado cambia su denominación y pasa a ser Policía Federal Argentina

El 1 de octubre de 1945, la Policía de Estado, creada en 1821 por Bernardino Rivadavia, cambió su denominación a Policía Federal Argentina, reflejando su alcance federal y su presencia en todas las provincias. Considerada la primera de su tipo en el mundo, esta institución evolucionó para adaptarse a las necesidades de un país en transformación.
En 1821, Bernardino Rivadavia, ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, estableció la Policía de Estado. Creada el 24 de diciembre, se destacó por ser la primera fuerza policial con un modelo moderno, orientado a la seguridad pública y la prevención del delito, marcando un precedente a nivel mundial.
Rivadavia impulsó la creación de una policía estructurada bajo principios racionales. Inspirado en modelos europeos, diseñó una fuerza con funciones claras: mantener el orden, proteger la propiedad y garantizar la seguridad ciudadana. La Policía de Estado operaba inicialmente en Buenos Aires, pero sentó las bases para una organización más amplia.
Con la federalización de Argentina tras la Constitución de 1853, la policía comenzó a expandir su alcance. La necesidad de una fuerza con injerencia en todo el territorio nacional llevó a su reestructuración. Para 1945, la institución ya operaba en las provincias, coordinando esfuerzos con gobiernos locales.
La Policía Federal Argentina, como se denominó desde 1945, asumió funciones de seguridad pública y judicial. Entre sus tareas estaban la investigación de delitos federales, la protección de fronteras y la custodia de edificios públicos. Su papel se volvió esencial en un país con creciente urbanización y complejidad social.
La estructura organizativa en 1945 incluía divisiones especializadas. Contaba con departamentos de investigación, vigilancia, tránsito y seguridad personal. Cada sección respondía a las demandas de un país en desarrollo, con énfasis en la profesionalización de sus efectivos.
Antes de 1945 había experimentado varios cambios. Desde su fundación, se adaptó a las transformaciones políticas y sociales de la Argentina, como la creación de cuerpos específicos como la policía montada. La denominación de 1945 formalizó su carácter federal, unificando criterios de trabajo.
En el ámbito de la seguridad, la Policía Federal Argentina se consolidó como un pilar clave. Colaboraba con otras fuerzas provinciales y asumía responsabilidades en casos de jurisdicción nacional, como el contrabando o delitos interestatales. Su presencia era notable en Buenos Aires y otras ciudades importantes.
En 1945, la Argentina vivía un momento de transición política. Bajo el gobierno de Edelmiro Farrell, el país enfrentaba tensiones internas y externas, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial. La reestructuración de la policía reflejó la necesidad de una institución sólida para mantener el orden en un período turbulento.
El cambio de nombre, oficializado el 1 de octubre de 1945, respondió a la evolución de la institución. La nueva denominación, Policía Federal Argentina, reconoció su alcance nacional y su rol en un sistema federal. Este ajuste administrativo marcó un hito en su historia, consolidando su identidad.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Y... A partir del 2023 su única función es darles garrotazos y agredirlos con gas pimienta a los jubilados frente al Congreso Nacional los días Miércoles.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Seeeee,¿vishte? y los que les descuentan los aumentos?
      (Bullrich,Cristina, etc etc etc )

      Eliminar
    2. Te olvidashte de Peron que les saqueba las cajas de jubilacion.....¡¡¡¡¡¡¡

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares (últimos siete días)

FÁBULA Don León y el señor Corzuela (con vídeo de Jorge Llugdar)

Corzuela (captura de vídeo) Pasaron de ser íntimos amigos a enemigos, sólo porque el más poderoso se enojó en una fiesta: desde entonces uno es almuerzo del otro Aunque usté no crea, amigo, hubo un tiempo en que el león y la corzuela eran amigos. Se visitaban, mandaban a los hijos al mismo colegio, iban al mismo club, las mujeres salían de compras juntas e iban al mismo peluquero. Y sí, era raro, ¿no?, porque ya en ese tiempo se sabía que no había mejor almuerzo para un león que una buena corzuela. Pero, mire lo que son las cosas, en esa época era como que él no se daba cuenta de que ella podía ser comida para él y sus hijos. La corzuela entonces no era un animalito delicado como ahora, no andaba de salto en salto ni era movediza y rápida. Nada que ver: era un animal confianzudo, amistoso, sociable. Se daba con todos, conversaba con los demás padres en las reuniones de la escuela, iba a misa y se sentaba adelante, muy compuesta, con sus hijos y con el señor corzuela. Y nunca se aprovec...

IDENTIDAD Vestirse de cura no es detalle

El perdido hábito que hacía al monje El hábito no es moda ni capricho sino signo de obediencia y humildad que recuerda a quién sirve el consagrado y a quién representa Suele transitar por las calles de Santiago del Estero un sacerdote franciscano (al menos eso es lo que dice que es), a veces vestido con camiseta de un club de fútbol, el Barcelona, San Lorenzo, lo mismo es. Dicen que la sotana es una formalidad inútil, que no es necesario porque, total, Dios vé el interior de cada uno y no se fija en cómo va vestido. Otros sostienen que es una moda antigua, y se deben abandonar esas cuestiones mínimas. Estas opiniones podrían resumirse en una palabra argentina, puesta de moda hace unos años en la televisión: “Segual”. Va un recordatorio, para ese cura y el resto de los religiosos, de lo que creen quienes son católicos, así por lo menos evitan andar vestidos como hippies o hinchas del Barcelona. Para empezar, la sotana y el hábito recuerdan que el sacerdote o monje ha renunciado al mundo...

ANTICIPO El que vuelve cantando

Quetuví Juan Quetuví no anuncia visitas sino memorias, encarna la nostalgia santiagueña y el eco de los que se fueron, pero regresan en sueños Soy quetupí en Tucumán, me dicen quetuví en Santiago, y tengo otros cien nombres en todo el mundo americano que habito. En todas partes circula el mismo dicho: mi canto anuncia visitas. Para todos soy el mensajero que va informando que llegarán de improviso, parientes, quizás no muy queridos, las siempre inesperadas o inoportunas visitas. Pero no es cierto; mis ojos, mi cuerpo, mi corazón, son parte de un heraldo que trae recuerdos de los que no están, se han ido hace mucho, están quizás al otro lado del mundo y no tienen ni remotas esperanzas de volver algún día. El primo que vive en otro país, el hermano que se fue hace mucho, la chica que nunca regresó, de repente, sienten aromas perdidos, ven un color parecido o confunden el rostro de un desconocido con el de alguien del pago y retornan, a veces por unos larguísimos segundos, a la casa aquel...

SANTIAGO Un corazón hecho de cosas simples

El trencito Guara-Guara Repaso de lo que sostiene la vida cuando el ruido del mundo se apaga y solo queda la memoria de lo amado Me gustan las mujeres que hablan poco y miran lejos; las gambetas de Maradona; la nostalgia de los domingos a la tarde; el mercado Armonía los repletos sábados a la mañana; las madrugadas en el campo; la música de Atahualpa; el barrio Jorge Ñúbery; el río si viene crecido; el olor a tierra mojada cuando la lluvia es una esperanza de enero; los caballos criollos; las motos importadas y bien grandes; la poesía de Hamlet Lima Quintana; la dulce y patalca algarroba; la Cumparsita; la fiesta de San Gil; un recuerdo de Urundel y la imposible y redonda levedad de tus besos. También me encantan los besos de mis hijos; el ruido que hacen los autos con el pavimento mojado; el canto del quetuví a la mañana; el mate en bombilla sin azúcar; las cartas en sobre que traía el cartero, hasta que un día nunca más volvieron; pasear en bicicleta por los barrios del sur de la ciu...

FURIA Marcianos del micrófono y la banca

Comedor del Hotel de Inmigrantes, Buenos Aires, 1910 Creen saber lo que piensa el pueblo sólo porque lo nombran una y otra vez desde su atril, lejos del barro en que vive el resto Desde las olímpicas alturas de un micrófono hablan de “la gente”, como si fueran seres superiores, extraterrestres tal vez, reyes o princesas de sangre azul. Cualquier cosa que les pregunten, salen con que “la gente de aquí”, “la gente de allá”, “la gente esto”, “la gente estotro”. ¿Quiénes se creen para arrogarse la calidad de intérpretes de “la gente”? Periodistas y políticos, unos y otros, al parecer suponen que tienen una condición distinta, un estado tan sumo que, uf, quién osará tocarles el culo con una caña tacuara, si ni siquiera les alcanza. Usted, que está leyendo esto, es “la gente”. Su vecino es “la gente”. La señora de la otra cuadra es “la gente”. Y así podría nombrarse a todos y cada uno de los que forman parte de esa casta inferior a ellos, supuestamente abyecta y vil, hasta dar la vuelta al m...