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ACTUALIDAD El periodismo y la suma de los catetos

Trabajadores de la prensa

Los trabajadores de los diarios debieron en el último tiempo desaparender algunas de las máximas de su profesión

Lo que enseñaban en las escuelas de periodismo, la pirámide invertida, no va más amigos. ¿Qué era?, lo más grueso, la base de la noticia estaba arriba y al final se llegaba a los detalles finos, la punta, que quedaba abajo. Se trataba de que el lector no perdiera tiempo y supiera, desde el primer instante, laa clase de nota que leería. Ante título: "De cuatro machetazos en la cabeza". Título principal: "Una mujer mató a su marido". Bajada o copete: "Enojada porque el marido llegó tarde de la casa de la otra, la esposa le abrió la cabeza hasta hacerle saltar los sesos". Esa era la forma tradicional.
¿A usted le gusta este tipo de notas?, entrelé como caballo. ¿No le gustan?, pase de largo porque el diario lo manchará con sangre calentita. Palo y a la bolsa. El título, en la tapa, si era posible con foto del tipo muerto y sangre por todos lados podía ser: "Tomá tu mujeriego" y abajo una más que escueta síntesis. Chau. En la noticia de la página de Policiales diría luego cómo se supo que la mujer estaba enojada con el marido y por qué, además, qué se dijeron antes de que ella tomara el machete para matarlo, habría una descripción de los hijos gritando de miedo, el barrio en que se produjo el crimen, quién llamó a la policía, qué dijo cuando se la llevaban presa, cuándo había comprado la mujer el machete, qué medidas tenía, qué fiscal tomó el caso, qué dijeron los vecinos sobre la relación de la pareja. Pero lo grueso, la base de la pirámide de la noticia estaba arriba. Nunca se confundiría: si estaba leyendo una noticia de Policiales era de Policiales y si era de Política era de Política. No se andaba con rodeos, nada de gregré, era Greta y listo.
Hoy el antetítulo sería: "Pánico en el barrio Fulanópolis". El título: "Mujer descubre infidelidad del marido y qué hace para que recapacite". Y la bajada: "Cuando descrubrió que llegaba tarde porque tenía otra, tomó una drástica determinación". Después la noticia empezará con los vecinos dando cuenta de que el matrimonio parecía llevarse bien, todo nomrmal. Los hijos eran buenos chicos, amiguitos de los demás chicos de la cuadra, solidarios y buenos compañeros. Luego se hablará del fiscal, pues estaba durmiendo cuando la policía lo despertó para avisarle que había habido un "hecho de sangre" y necesitan su presencia en el lugar. Tal vez se haga referencia a la marca del automóvil que llevó al funcionario policial hasta el barrio Fulanópolis y su sorpresa al ver la escena del crimen. Y muy al final, después de todo, se dirá lo principal, la mujer enfurecida, el machetazo, la muerte, los gritos, el drama.
El relato carecerá, más que obviamente, de los elementos literarios que hicieron famosos a Jorge Luis Borges, Edgar Alan Poe, Jack London, Horacio Quiroga, que escribían cuentos en los que dejaban lo mejor para el final. El periodista de un diario es un escritor que no puede revisar sus textos, debe escribir a toda velocidad, urgido por el cierre de la edición. Entonces repite una y otra vez sus recursos estilísticos que, vamos a decirlo, lanzado a la carrera, en un mano a mano contra el tiempo, no son muchos. Debe contar lo que pasó en el crimen luego pasar al robo de un carterista y completar la página quizás con una nota de otro lado. A los santos pepes. No les importa la belleza de las palabras sino su eficacia, es lo que piden, y agradecen, los lectores.
Pero, si antes lo principal era no engañar al lector con la apariencia de una noticia, ahora lo único que importa es cómo se ve, porque al no estar más en un diario de papel sino en internet, lo que interesa a los editores de los diarios digitales es que la gente entre a mirarlas, sean o no de su interés y que después se quede ahí hasta toparse con lo importante, si tiene paciencia.
Por otra parte, antiguamente, cuando existían los diarios de papel, si se perdían la nota, se la perdían, chau, no había tutía. Quizás recién la tendrían, pero al otro día, cuando ya fuera vieja. Grandes periódicos se tragaban a veces, noticias que sí salían en otros más pequeños, que habían tenido la primicia. Para eso los periodistas debían ser tipos rápidos. Debían salir a la calle a buscar la información, ir con un fotógrafo, porque no cualquiera tomaba las imágenes, levantar notas, volver, escribir lo que le habían contado. Y todo eso salía muy caro, si vamos a decirlo todo.
Así como un avisante sabía hasta dónde llegaría su publicidad según cuántos miles de ejemplares vendía un diario, ahora tiene los clics como punto de referencia. Pero hay algo peor todavía. Si un diario tiene la primicia de la mujer que mató al hombre, al instante vendrá otro, que dará vuelta un poco la noticia (la refritará) y la lanzará de nuevo al aire de internet, con otro título, para que parezca que no es la misma.

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Usted quizás fue hasta el lugar del asesinato, tomó fotos del finado ensangrentado, del machete, del frente de la casa. Y cientos de miles de diarios del país y del mundo, la repetirán sin poner que la foto es suya, sin sudar, como si también hubieran conversado con la policía mano a mano. La competencia es feroz, los segundos corren, vuelan a la velocidad de un bit de internet o comoquiera que se llame. Llegar medio segundo antes a los teléfonos de miles de usuarios de internet vale miles, quizás millones de pesos.
Afuera de las cuevas en que se replican las noticias, hay un mundo que cree que estar informado de todo lo que sucede en el mundo es muy importante, como si el conocimiento de un crimen tuviera cómo cambiarle la vida, hacerlo más eficiente en el trabajo o algo. A quién le importa, por dar un caso, el libro "El conde-duque de Olivares", de Gregorio Marañón, para qué sirve, cón qué se come la Colección Austral, es muy aburrida, ¡hay que leer! Mejor abrir el telefonito y enterarse de la sangre que pintaba las parededes de aquella casa, pensar todo el día en el horror que deben estar viviendo los pobres hijos de la pareja, un varón de 4 años y una mujercita de 6, "cuyos nombres no se consignan por cuestiones legales", dirá la nota. 
Hay quien sacó cuentas de que a principios del siglo XIX, una persona normal, común y corriente, recibía en toda su existencia, quizás la mitad de noticias que la que usted lee en una sola jornada en su diario favorito. Para qué tanto, oiga. Con el asunto de la democracia, le dijeron que para votar hay que estar bien informado de lo que sucede, así después elige bien. Y lo creyó.
Pero pocos agarran el Boletín Oficial, fuente de las principales noticias de su provincia, del país, para ver lo que sucede realmente. Todos creen que hacen diferencia si saben que el machete que usó la mujer media 40 o 50 centímetros. En esos diez centímetros de acero, quizás resida la sabiduría de muchos, que prefieren ir a dormir todos los días pensando que están enterados de todo, cuando el telefonito les hizo desaprender lo poco que sabían. El periodismo, en su afán de minimizar gastos se lleva de las redes sociales, más barato que mantener periodistas recorriendo las calles. 
Y los libros se pudren en las bibliotecas sin nadie que acuda a ellos porque pasaron de moda y ya no vale la pena saber qué diferencia hay entre el cógito ergo sum y la suma de los catetos de un triángulo. Ya se sabe, lo que no está en el telefonito no existe.
Juan Manuel Aragón
A 26 de junio del 2024, en el barrio El Triángulo. Degustando chipacos.
Ramírez de Velasco®

Comentarios

  1. Cristian Ramón Verduc26 de junio de 2024 a las 8:26

    Si la noticia es relatada en forma verbal, debe tener "quevercon" y otras reiteraciones, como "A ver", por ejemplo.

    ResponderEliminar
  2. Si, es un poco de bronca la cosa. Huele a barro.

    ResponderEliminar

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