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INCENDIO Para servir a usté

Conjunto folklórico infantil, 1918

Una historia muy conocida, atravesada por la memoria de un pueblo, contada como quizás sucedió en otra realidad

Ahora que lo dice, sí la conocí, era menuda, muy bonita y caminaba dando saltitos. ¿Que era buena bailarina? Así parece, pero siempre estoy aquí en el boliche. Si le hago esta historia cuento, es por boca de otro. Lo que sí le voy a contar es que ella fue la que salvó al chiquito, cuando se incendió la enramada del finao Pushi. Siempre hacían baile y era la primera en llegar y la última en irse. Para dónde viviría, mire, la verdad que no sé.
Cuando murió se empezaron a contar mil versiones: que era una esto, que era una aquello, que vivía aquí o allá. Anduvieron preguntando unos que decían que eran del diario. Aquí también estuvieron, se sentaron a tomar algo haciéndose los qué. Pero enseguida uno se da cuenta cuando alguien es de otro lado, ¿ha visto? No es como la gente de aquí.
Me quisieron averiguar si la conocía y dije: “no sé de qué me habla”. Les ponía mi mejor cara de campesino. Les decía “ahá”, ni sí ni no, ¿entiende? Hasta que se han cansao y se han mandao a mudar.
También han dicho que ella trabajaba, no sé si entiende, bueno, eso, que se iba con los changos por unos pesitos. Pero es una falta de respeto que vengan así a preguntar macanas. Aquí, para principiar, le digo, nadie ha andao de almohada como para comentar. Además, algunos changos le quisieron endulzar el oído, pero lo que han contao después es que a ninguno le dijo que sí. Habrá tenido sus cosas, no sé.
Como le decía, cuando se desató el incendio nadie atinó a nada. Hubo un desparramo general, cada uno agarró por su lao. Los dueños de casa empezaron a sacar agua del aljibe y la tiraban donde podían.
En eso alguien pegó el grito: un chiquito había quedado en una pieza, durmiendo estaba el angelito cuando empezó el fuego y en el apuro se olvidaron de sacarlo. Las llamas lamían la puerta.
Le decía, entonces ella entró a la casa, que era un horno, y después de unos pocos segundos salió con el changuito en brazos. Lo entregó a la madre y un palo le cayó encima. Murió delante de todos.
Después le tiraron agua, la trataron de reanimar. Estaba uno que era hijo de la médica: le hizo respiración boca a boca, le apretó el pecho, la abrazó. No hubo caso, no la pudo revivir.
El día del velorio fuimos grandes y chicos, y vinieron de pueblos vecinos. ¿Dice que le han hecho una chacarera? No, no es para ella, porque la nuestra al menos, la que recordamos nosotros, no se llamaba así. ¿Telésfora Castillo? No, la nuestra se llamaba Teresa Acosta, le decíamos Teresita la Bailarina.
Es como le digo: estuvo en el baile y salvó a un chiquito que se estaba por quemar vivo. Si le cuentan otra cosa, le mienten en la perra cara. Mire, aquí a mi pulpería han venido después muchos trovadores, igual que usté, a que les cuente la verdadera historia de esa chica. Es mentira que vivía en el monte: tenía su casa y estaba con su madre y sus hermanos. 
¿Para qué quiere mi nombre? ¿Dice que va a escribir un informe? Bueno, ponga Pala-Pala, así es como me llaman aquí. Es por la gran nariz que tengo, dicen que parezco un cuervo. Eso, ponga Pala-Pala, pulpero. Para servir a usté.
Juan Manuel Aragón
A 8 de agosto del 2025, en el NH Santiago. Tomando unas birras.
Ramírez de Velasco®

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